Audemars Piguet es una rara avis en el mundo de la Alta Relojería suiza; no sólo es una de las pocas marcas que, más de 130 años después de su fundación, mantienen su independencia, sino que aún hoy sigue en manos de los descendientes de los fundadores. Sin ir más lejos, la actual presidenta de la junta directiva del grupo responde al nombre de Jasmine Audemars.

Todo empezó en 1875, cómo no, en el valle de Joux, cuando dos jóvenes relojeros, Jules-Louis Audemars (1851-1918) y Edward-Auguste Piguet (1853-1819), se unieron para empezar a producir relojes complicados; Audemars se encargaba de concebir y fabricar los movimientos, mientras que Piguet era el responsable de las actividades financieras y comerciales de la empresa.

La maestría de Jules-Louis Audemars, principalmente en el ámbito de los relojes con sonería, aseguró la prosperidad de la compañía durante los primeros años. Del mismo modo, su apuesta por los relojes de pulsera, décadas antes de su popularización, situó la manufactura en la vanguardia relojera. Buena muestra de ello es el primer reloj de pulsera con repetición de minutos del mundo, elaborado en 1892, toda una hazaña en la historia de Audemars Piguet & Co.

El crecimiento de la firma llevó a sus responsables a realizar una primera ampliación de las instalaciones de la manufactura en 1907. El nuevo edificio, que fue finalizado en 1910, colindaba con la sede de la empresa y albergaba hasta 70 trabajadores.

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Edward-Auguste Piguet Jules-Louis Audemars.

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Primer reloj de pulsera con repetición de minutos del mundo, de 1892.

Historia

El estallido de la Primera Guerra Mundial dio comienzo a una época de dificultades para Audemars Piguet, aunque siguió ideando y fabricando relojes de indudable mérito, como el modelo con repetición de cinco minutos de 1915. Sin embargo, la entrada, en 1918, de la segunda generación familiar en la empresa, le dio un importante impulso; Paul-Louis Audemars y Paul- Edward Piguet, hijos de los fundadores, se centraron en los relojes de pulsera y concibieron para ellos sofisticados movimientos. Lograron un destacable éxito en el ámbito de los relojes masculinos con complicaciones, fieles a la tradición de la manufactura, y de los modelos femeninos, a menudo engastados de diamantes.

Eran los tiempos del Art Déco, caracterizado por la simplicidad geométrica, y Audemars Piguet supo adaptarse a los gustos del consumidor. Pero la firma fue incluso más allá de la evolución estrictamente estética, y se caracterizó por proponer nuevas formas de leer la hora. Así, durante los años 20 introdujo espectaculares modelos con horas saltantes, tanto para hombre como para mujer.

Sin embargo, los despreocupados años 20 acabaron abruptamente con el crack del ’29, cuyas funestas consecuencias en la economía mundial tuvieron un severo reflejo en la manufactura relojera. Tal como había sucedido años atrás, fue la entrada de sabia nueva el acicate para la reactivación de la manufactura, que fue protagonizada por la fabricación de cronógrafos. En este caso fue Jacques-Louis Audemars, hijo de Paul-Louis, quien, con su incorporación en 1933, proporcionó este nuevo impulso a Audemars Piguet, que sólo se vería frenado por el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1940.

Después del conflicto, la empresa tuvo que reorganizarse, y también se adaptó a la nueva situación internacional. En los años inmediatos a la guerra, la producción de modelos de alta gama se complementó con el lanzamiento de guarda tiempos extraplanos de factura simple y elegante, como el que en 1946 se convirtió en el reloj de pulsera más plano del mundo, gracias al calibre 9’’’ML, de sólo 1,64 mm de grosor.

A finales de la década –concretamente en 1949-, Audemars Piguet participó por primera vez en la feria relojera de Basilea, que con los años se convertiría en una cita inexcusable para la marca.

Una figura crucial

En 1962 se integró a Audemars Piguet una figura que, sin proceder de las familias fundadoras, tendría un papel importantísimo en el desarrollo de la empresa durante más de dos décadas. Georges Golay se convirtió en director de negocios de Audemars Piguet en 1962 y, entre 1966 y 1987, ejercería de director general y CEO.

En una era marcada por la prosperidad para la firma de Le Brassus, él fue quien ideó su expansión internacional, a través de la creación de una importante red de agentes. Sin duda, si hay una pieza que representa perfectamente la capacidad creativa de Audemars Piguet durante este periodo, éste es el modelo Royal Oak, creado por el célebre diseñador recientemente traspasado Gérald Genta en 1972. Dotado de una inconfundible caja octagonal, un bisel fijado a la caja por ocho grandes tornillos hexagonales (como si de un ojo de buey se tratara) y una esfera siempre decorada, este reloj de imagen desenfadada y deportiva se convirtió rápidamente en un icono entre los amantes de la relojería, y ha llegado a nuestros días a través de múltiples versiones.

Durante la década de los ’80, Audemars Piguet siguió ofreciendo piezas técnicamente innovadoras, como el primer reloj automático extraplano dotado de tourbillon, lanzado en 1986, o el primer reloj de pulsera con segundo huso horario, de 1989. Dos años después del último, la firma sorprendió al mundo de la relojería con su revolucionario modelo Star Wheel, que recuperaba una vieja complicación ideada en 1800 por los hermanos Vaucher: la lectura horaria a través de tres discos transparentes, dotados, cada uno, de cuatro numerales arábigos. A partir de una doble rotación (de los discos y de la estructura en la cual están montados), el numeral correspondiente a la hora en curso circula sobre una escala de minutos, indicando simultáneamente hora y minutos.

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Georges Golay, CEO de la marca entre 1966 y 1987.

En el ámbito institucional, cabe destacar la creación, en 1992, de la Audemars Piguet Foundation, que tiene como objetivo contribuir activamente a la preservación de los bosques en todo el mundo y a la promoción de estos principios entre los jóvenes. En ella se refleja todo el respeto de la firma por unos paisajes, los del valle de Joux, que forman parte de su historia y cuya belleza ha inspirado sin duda a sus relojeros.

Ese mismo año nacía la colección Royal Oak Offshore, una reinterpretación del reloj más representativo de la marca, al que se dotó de una imagen mucho más deportiva y actual. Audemars Piguet también volvió a sus orígenes con la creación, en 1994, del primer movimiento de carga manual con pequeña y gran sonería, y repetición de cuartos bitonal.

En 1996, la marca lanzó otra de sus colecciones más importantes, llamada Millenary, que se caracterizaba por la forma ovalada de la caja, y que dos años más tarde serviría para homenajear a uno de sus embajadores más célebres, el jugador de ajedrez Garry Kasparov.

En 1999 la firma de Le Brassus creó la colección Tradition d’Excellence, un homenaje a la historia de la Alta Relojería formado por ocho obras maestras, que se comercializaron en edición limitada a 20 ejemplares. La primera de ellas, Cabinet Nº1, un Jules Audemars de platino 950 con repetición de minutos, tourbillon y cronógrafo con rattrapante, ya reflejaba la voluntad de explorar los límites del arte relojero por parte de la marca.

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Primer Royal Oak, de 1972.

Una marca del siglo XXI

2000 fue un año importante para Audemars Piguet. La compañía celebraba su 125 aniversario, y quiso festejarlo por todo lo alto. Por una parte, sus relojeros crearon el Dinamógrafo Jules Audemars, dotado de una gran sonería por carrillón sobre tres timbres; por otra, inauguró un nuevo edificio en Le Brassus para albergar sus talleres. Los movimientos más sofisticados, sin embargo, se fabricarían en la Manufactura Audemars Piguet Renaud et Papi (APRP), situada en Le Locle, que en 2002 triplicó su superficie para hacer frente a las crecientes necesidades productivas de la firma.

No iba a ser su última ampliación, pues en 2008 la empresa se dotó de una nueva edificación: la manufactura de Les Forges. Respetuoso con los valores de la firma y de su fundación, dicho centro productivo responde a los exigentes criterios Minergie-Eco, ya que privilegia el uso de materiales ecológicos no emisores de sustancias nocivas para el medio ambiente. Su central de calefacción, además, no sólo es neutra en cuanto a la emisión de CO2, sino que también proporciona calor a distancia a los edificios de Audemars Piguet y a unas cien edificaciones más de Le Brassus.

En 2002, Audemars Piguet celebró otro cumpleaños: el 30º aniversario de su Royal Oak. Para festejarlo, creó una versión única de dicho modelo, el Royal Oak Concept, dotada de dinamógrafo, tourbillon, indicador de reserva de marcha lineal y función de selector. Su caja estaba elaborada de alacrita 602, con bisel de titanio y correa de kevlar.

Durante los últimos años, la firma ha mantenido la creación de piezas innovadoras y de gran valor técnico. De sus talleres han salido importantes innovaciones, como el escape AP, presentado en 2006 dentro del Cabinet Nº5 de la colección Tradition d’Excellence, que resultaba más eficiente y resistente a los golpes, y no requería lubricación.

Su capacidad de innovación, su carácter independiente y el valor de colecciones que ya se han convertido en iconos para los amantes de relojería, sitúan Audemars Piguet entre las manufacturas más representativas de la Alta Relojería suiza. Algo de lo cual los descendientes de Jules-Louis Audemars y Edward-Auguste Piguet, aún al frente de la empresa, pueden sentirse realmente orgullosos.

Este artículo ha sido publicado en el número 36 de la revista “Máquinas del Tiempo”.

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