La pequeña ciudad de Glashütte es hoy conocida en todo el mundo por la fabricación de relojes de gran calidad, dotados de una imagen y personalidad únicas que los diferencian a simple vista de los creados en el regazo del Jura suizo. Tanto es así, que incluso luce un reloj en su escudo de armas, creado en 1912. Y entre las grandes manufacturas que mantienen viva la rica tradición relojera de Sajonia (en el este de Alemania), una de ellas tiene el honor de llevar el nombre de la ciudad.

Se trata de Glashütte Original, y aunque su denominación y forma actuales proceden de la década de los ’90 del siglo pasado, cuando la caída del Muro propició la privatización de las empresas estatales de la RDA, recoge los 166 años de historia relojera de la ciudad, desde que Ferdinand Adolph Lange, maestro relojero de la corte sajona, mostró a sus habitantes el camino que convertiría a esta humilde población de montaña en una de las grandes capitales de la Alta Relojería.

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Glashütte Original Nº1. Reloj de bolsillo presentado el año pasado en Baselworld, que homenajea las primeras piezas creadas en la ciudad alemana.

Durante siglos, Glashütte había vivido del mineral de plata, hierro y cobre que se extraía de las montañas de la cordillera de Erzgebirge (“los Montes Metálicos”). Sin embargo, a principios del siglo XIX éste empezó a agotarse, lo que obligó a sus habitantes a buscar alternativas económicas.

La respuesta provino de la rica ciudad de Dresde, situada a poco más de 100 quilómetros de Glashütte. Capital de la corte sajona, esta joya del barroco –llamada a menudo “la Florencia del norte”- había sido un centro de divulgación de la naciente ciencia de calcular el paso del tiempo, y contaba con varios maestros relojeros de prestigio.

Lange trae la relogería

Uno de ellos, Ferdinand Adolph Lange (1815-1875), fue quien en 1845 se trasladó a Glashütte para fundar la primera manufactura de la ciudad, precedente de la actual Glashütte Original. Su intención era crear una industria relojera sajona independiente concentrada en la producción de guarda tiempos de gran precisión en pequeñas series.

Pronto llegarían a Glashütte otros emprendedores, grandes relojeros atraídos por la iniciativa de Lange. Por ejemplo, Julius Assmann, fundador de la Deutsche Präzisions-Taschenuhrenfabrik, especializada en la fabricación de relojes de bolsillo de alta precisión. Sus creaciones ya contaban con los elementos técnicos característicos de la relojería de Glashütte, como la platina de tres cuartos o los puentes de volante grabados a mano.

La industria relojera de la zona se modernizó rápidamente, tanto en el ámbito productivo como en el estrictamente técnico. Después de la introducción de desarrollos como la carga a través de corona, la citada platina de tres cuartos o el escape de áncora, movimientos cada vez más complejos fueron fabricados en Glashütte. Sin ir más lejos, en 1863 se produjo el primer reloj con función de parada, y poco después le acompañarían modelos con calendario o repetición de minutos. Unos años más tarde, en 1875, Ludwig Strasser y Gustav Rohde fundaron sus talleres de relojería, donde producirían péndulos de alta precisión.

Uno de los elementos clave para la dinamización y el crecimiento de la relojería en la zona fue la creación, en 1878, de la Escuela Alemana de Relojería (DUS), por parte de Moritz Grossmann, conocido por sus precisos relojes de bolsillo. La formación de nuevos profesionales permitió hacer frente a la creciente demanda de relojes producidos en la ciudad sajona.

También fue importante la acción de grandes relojeros como Johannes Dürrstein o Ernst Kasiske, a través de sus respectivas empresas. Mientras el primero, fundador de la firma Union, creó en 1901 el Universal Watch, dotado de 18 complicaciones (fue el reloj más complicado del mundo durante mucho tiempo), Kasiske fundó en 1898 su propia compañía, la cual se integró en 1904 en la Glashütter Präzisionsuhrenfabrik Aktiengesellschaft.

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Ilustración de 1897, que plasma el trabajo de los relojeros en el taller.

Otra personalidad importante fue Alfred Helwig, primero alumno y más tarde instructor en la escuela de relojería de la ciudad. Él fue el inventor del tourbillon volante en 1920, con el cual se hizo un nombre entre la comunidad relojera de todo el mundo.

Fin de la época dorada

Paradójicamente, cuando Helwig desarrolló su tourbillon volante, el primer periodo dorado de la relojería de Glashütte ya había llegado a su fin. La causa de su abrupto final fue el estallido, en 1914, de la Primera Guerra Mundial, que envió al frente a muchos de los trabajadores del sector y obligó a cerrar muchas compañías.

Después de la guerra, se fundaron algunas nuevas marcas, como la Deutsche PräzisionsUhrenfabrik Glashütte (en noviembre de 1918). Significativamente, a partir de 1921, los relojes de la firma empezaron a subrayar su origen con el logotipo “Original Glashütte”. Sin embargo, la crisis provocada por la postguerra hacía estragos en una industria caracterizada por la fabricación de piezas relativamente caras, que, además, no se había acabado de adaptar a los nuevos gustos del consumidor (marcados por el auge del reloj de pulsera).

Para evitar su total ruina, en 1926 se fundaron dos nuevas compañías: UROFA (Uhren-Rohwerke-Fabrik Glashütte AG, creada de los restos de la Glashütter Präzisionsuhrenfabrik Aktiengesellschaft) y UFAG (Uhrenfabrik Glashütte AG). Mientras la primera se dedicó a la fabricación de ébauches, la segunda se especializó en la elaboración de guarda tiempos de calidad a precios asequibles que tuvieron una gran acogida.

Por desgracia, la guerra debía interponerse una vez en el camino de la industria relojera de Glashütte. Durante la década de los ’30 Hitler se preparaba para un nuevo conflicto armado, y todas las fábricas alemanas fueron obligadas a redirigir su producción hacia “bienes necesarios para la guerra”. Sin duda, lo único positivo de este periodo fue la creación de los famosos relojes de observación (B-Uhren) para los pilotos de las fuerzas aéreas alemanas, caracterizados por su estética, fiabilidad y precisión.

La derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial representó un desastre para toda la industria alemana y, por supuesto, Glashütte no fue una excepción. Las fábricas de la ciudad (algunas de ellas, devastadas por los bombardeos que tuvieron lugar el 8 de mayo de 1945, último día de guerra) fueron expropiadas y desmanteladas por las fuerzas de ocupación rusas. Finalmente, en julio de 1951 todas las empresas relojeras independientes fueron fusionadas en un único conglomerado, VEB Glashütter Uhrenbetriebe, que incluía UROFA con sus departamentos UFAG y Basalt, VEB Lange, VEB Feintechnik, VEB Messtechnik, VEB Estler, VEB Präzision Glashütte y la escuela técnica Makarenko, fundada en 1946.

La postguerra en la zona de Glashütte se caracterizó por una total autonomía productiva, provocada por la falta de divisa extranjera y la imposibilidad de importar. Durante un largo periodo, todos los componentes sin excepción se fabricaban en Sajonia. Desde el punto de vista creativo, los relojes se caracterizaban por su diseño intemporal y su carácter utilitario. Se trataba de piezas resistentes al agua y a los golpes, dotados de indicación
de segundos y fecha. En este sentido, cabe destacar la creación del calibre Spezimatic durante los años ’60 y la fabricación de cronómetros marinos, de gran éxito en todo el mundo hasta finales de los años ’70.

Sin duda, lo más positivo del periodo socialista fue que, ni siquiera cuando el advenimiento de los movimientos de cuarzo causó estragos en la industria relojera –sobre todo en Suiza-, los maestros de Glashütte abandonaron la fabricación de piezas mecánicas. La conservación del know how sería de vital importancia más tarde, en el renacimiento de la relojería sajona.

El tercer comienzo

La firma Glashütte Original, tal como la conocemos hoy, empieza a forjarse en 1990, cuando la caída del Muro de Berlín señala el fin de la RDA y la unificación de Alemania. La apertura a una economía de mercado hace que la empresa VEB Glashütter Uhrenbetriebe se transforme en la sociedad limitada Glashütter Uhrenbetrieb GmbH, sucesora legal de todas las compañías que formaban la comunidad relojera de la ciudad antes de su unificación.

Después de un proceso de puesta al día, en 1994 nacía la marca que en su nombre llevaba el sello calidad de unos movimientos concebidos, diseñados, fabricados y montados en la ciudad de Glashütte. Un año más tarde, Glashütte Original hacía su primera aparición en el mercado, coincidiendo con el 150º aniversario de la creación de la primera manufactura relojera que se instaló en esta población sajona, de la mano de Ferdinand Adolph Lange.

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Reloj de bolsillo Glashütte Original, Julius Assmann.

El reloj conmemorativo, significativamente llamado Julius Assmann 1 (fundador de la vieja Deutsche Präzisions-Taschenuhrenfabrik), era una pieza de Alta Relojería dotada de calendario perpetuo y tourbillon volante que podía ser llevada como reloj de bolsillo o de pulsera. La etapa moderna de Glashütte Original, bajo el amparo del gran grupo relojero Swatch desde el año 2000, se ha caracterizado por el respeto tanto a la imagen como a las características tradicionales de la relojería sajona (es significativo que a menudo bautice sus piezas con nombres míticos de la historia industrial de la ciudad), aunque adaptándolas al gusto y a las posibilidades actuales. Buen ejemplo de ello es la Senator Edition de 1997, dotada del espectacular Calibre 39, el primero en llevar un regulador de cuello de cisne (típico de Glashütte) y un rotor esqueleteado. Además, la joven colección Sport de la firma se amplió con las primeras piezas femeninas.

 Otro maestro relojero sajón que ha sido recordado por la marca es Alfred Helwig, inventor del tourbillon volante. El Alfred Helwig Tourbillon 2 no sólo está dotado de este órgano regulador, sino que también presenta un retrato del relojero. El renacimiento de la relojería de Glashütte no sólo puede verse reflejado en las creaciones realizadas por Glashütte Original (u otras marcas de prestigio como Nomos o A Lange & Söhne) durante los últimos años; la buena situación vivida por el sector se ve también a través de hechos como la fundación, en 2002, de la Escuela de Relojería Alfred Helwig, que ofrece instrucción a un grupo selecto de alumnos sobre fabricación de guarda tiempos y de herramientas para su manufactura, o del Museo Alemán del Reloj de Glasshütte, inaugurado en 2008.

Con los tres modelos PanoDate Edition de 2003, la marca definió una nueva línea automática: el Calibre 90 del PanoMaticDate y el PanoMaticLunar presentaban rotores excéntricos y reguladores de cuello de cisne, mientras que la edición limitada PanoMaticTourbillon aunaba la complicación del tourbillon volante con la carga automática. Paralelamente, Glashütte Origina innauguró ese mismo año su nueva manufactura, un moderno edificio que tiene en el cristal el gran protagonista.

En los últimos años, la firma también se ha involucrado en la promoción de la cultura, por ejemplo, con la creación del Saeculum Glashütte Original Music Festival Prize, que cada año –desde 2004- premia la labor de una personalidad del mundo de la música. 2006 fue el año del lanzamiento de dos piezas excepcionales de la marca sajona: el Tourbillon Regulateur y el Senator Calendar Week. Volviendo la mirada hacia su larga tradición en el diseño y la manufactura de relojes de aviador, Glashütte Original creó los modelos Senator Aviator Automatic y Senator Navigator Panorama Date, que recreaba la clásica imagen de los míticos B-Uhren. Un año después, la marca celebraba el 155º aniversario de la fundación de la Deutsche Präzisions-Taschenuhrenfabrik por parte de Julius Assmann con el lanzamiento del Julius Assmann 4, una obra maestra esqueleteada con tourbillon y la indicación retrógrada de la hora.

Con piezas como el Senator Meissen Tourbillon (2009), el Strasser & Rohde Regulator (2010) o el Senator Diary (2011), la firma de Glashütte confirma año a año la consolidación de un estilo inconfundible, hijo de la tradición relojera sajona –y de todas las marcas de la ciudad, unificadas durante la época soviética- pero renovado constantemente para adaptarse a los gustos del consumidor. Un estilo que, junto a la proverbial precisión de los relojes creados en la ciudad, ha convertido Glashütte Original en una de las marcas más reconocidas de la Alta Relojería germana y una de las puntas de lanza del Grupo Swatch.

Este artículo ha sido publicado en el número 35 de la revista Máquinas del Tiempo.

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