H. MOSER & CIE. STREAMLINER FLYBACK CHRONOGRAPH AUTOMATIC

UN CRONÓGRAFO QUE DA LA HORA

La firma inicia el año con una nueva y revolucionaria colección que altera el tradicional concepto del diseño de un reloj. Todo se inicia a partir de un brazalete cómodo, elegante y diferente; después viene la funcionalidad —en este caso, el cronógrafo—; la hora es un mero accesorio que cierra el círculo.

H. Moser & Cie. es, sin duda, una de las firmas de moda de la relojería suiza. Este año, sin ir más lejos, debía convertirse en una de las marcas más jóvenes en compartir mesa con los grandes nombres del sector en el renovado salón Watches & Wonders, antiguo SIHH; todo un honor por el que deberá esperar un año más por culpa del coronavirus, que sigue haciendo estragos en los grandes eventos organizados en todo el continente. Sin duda, el salón iba a ser el escenario propicio para lanzar una colección como Streamliner.

El nombre resultará familiar a quienes sean aficionados a los ferrocarriles. “Streamliner” es como se denominaron, allá por los años 30 del siglo XX, las modernas y rápidas locomotoras que pugnaban por sobrepasar los 100 km/h de velocidad en sus trayectos. “Streamliner” también puede traducirse como “perfil aerodinámico”; de hecho, las streamliners disponían de una capa metálica que ocultaba todos los dispositivos y válvulas que sobresalían de la caldera de vapor. De este modo, ofrecía una superficie lisa y redondeada que eliminaba la fricción con el aire para aumentar su velocidad de crucero.

El Streamliner Flyback Chronograph Automatic no sólo destaca por su diseño y sus prestaciones, de las que tendremos ocasión de profundizar a lo largo del artículo, sino también porque supone un nuevo paradigma en el proceso de creación de un guardatiempo, como explica Edouard Meylan, CEO de H. Moser & Cie.: “comenzamos diseñando un brazalete cómodo, elegante y diferente, y más tarde creamos el modelo en torno a la función de cronógrafo, pues se trataba de la característica que queríamos destacar sobre las demás. El Streamliner es un cronógrafo que muestra la hora y no un reloj que también lleva función de cronógrafo. Al decidirnos por una indicación central —sin esferas secundarias— optamos por la sobriedad, la ergonomía y la legibilidad, en coherencia con nuestra filosofía minimalista. Hemos tomado la verdadera esencia del cronógrafo y la hemos elevado a un nuevo nivel”.

Detalle del lateral del reloj, en el que se observa la forma singular del pulsador del cronógrafo y el ranurado discontinuo de la carrura, además de la variedad de acabados de la caja.

Primero la forma, luego la función

La caja, realizada en acero, tiene forma de cojín y presenta un diámetro de 42,3 milímetros. Ofrece una hermeticidad de 12 atmósferas, equivalentes a 120 metros de profundidad, una característica que permite el uso de los pulsadores debajo del agua. Ello ha obligado a realizar un cuidado diseño de las diferentes aberturas que precisan los pulsadores, para evitar la entrada de agua en el momento en que se activa el cronógrafo. El hecho de concebir un cronógrafo que funciona en cualquier circunstancia y situación es significativo de la importancia que toma esta función en este modelo.

Marcus Eilinger, diseñador del Streamliner, revela que “en la línea del Streamliner, hemos utilizado muchas formas libres. Curvas complejas que no se pueden simplificar en semicírculos, radios y líneas rectas, con un carácter hipnótico que da sensación de velocidad”. Por este motivo, describir los elementos estructurales de la caja —bisel, carrura y fondo— para percibir toda su dimensión se antoja una ardua tarea que precisa de las fotografías que acompañan el artículo.

El bisel no sólo cumple la función de sujetar el cristal de zafiro sino que se extiende hasta el lateral de la carrura y conforma la parte frontal del reloj. Ello obliga a una transformación geométrica de su superficie, desde la forma circular en el centro hasta una más compleja y sofisticada sinusoide que enlaza con el contorno de la carrura. La carrura se ha concebido a partir de una forma de cojín, si bien la línea original se transforma para unirse al inicio del brazalete. El fondo se sujeta mediante cuatro tornillos a la carrura, e incorpora un cristal de zafiro transparente a través del cual se puede admirar el sofisticado movimiento que late en el interior. Igual que el bisel, la superficie del fondo es compleja y no sigue un patrón geométrico estándar.

Los elementos que accionan las diferentes funciones del reloj están ubicados fuera de su disposición clásica y tradicional. La corona, con un contorno ranurado discontinuo, sobresale a la altura de las cuatro horas, mientras que los grandes pulsadores del cronógrafo están situados a las diez y a las dos horas. Como ocurre con la mayoría de elementos que conforman el exterior del reloj, los pulsadores tampoco responden a una forma geométrica definida; su forma es el resultado de adaptarse al espacio existente entre el bisel y la zona inferior de la carrura. La complejidad de la caja también es visible en sus acabados: una sutil combinación de superficies pulidas y satinadas que realza las curvas y hace del conjunto una escultura para la muñeca.

No es habitual que prestemos especial atención al brazalete o correa con el que se acompaña la presentación de un modelo concreto. Sin embargo, en este caso es obligado hacer una excepción. No sólo porque el brazalete es una obra de arte en sí mismo, sino también porque es el origen a partir del cual se ha desarrollado el Streamliner. Está formado por eslabones articulados, gracias a los cuales se curva elegantemente para adaptarse a la forma de la muñeca. Su línea huye de formas geométricas definidas y se adentra en las curvas y las formas más orgánicas. Cada eslabón presenta un acabado que combina las superficies satinadas verticales con los bordes curvados pulidos. En conjunto, se ha logrado un diseño ergonómico —y aerodinámico— que lleva la forma y la funcionalidad a nuevas cotas.

Detalles del acabado de los eslabones del brazalete metálico, así como de la curvatura de las agujas del cronógrafo.

Una esfera única en cada reloj

El Streamliner Flyback Chronograph Automatic, con la referencia 6902-1200, se ofrece en edición limitada de 100 piezas, y ninguna de ellas será igual a la otra. El secreto está en el acabado cepillado con trazos grises verticales de la esfera, que es diferente en cada reloj, de modo que cada esfera es única. Este es un rasgo muy distintivo de la firma de Schauffhausen.

Lo primero que llama la atención es lo que no está, si tenemos en cuenta que se trata de un cronógrafo: las tradicionales y clásicas esferas auxiliares donde se ubican los contadores de minutos del tiempo que estamos cronometrando. En su lugar, se han dispuesto dos agujas centrales de cronógrafo: una rodiada, para contar los segundos —la trotadora— y otra roja, para contar los minutos del cronógrafo. Ambas tienen una forma estilizada, con la base más gruesa y un extremo fino. Su estética recuerda a la de las que se pueden encontrar en los tableros de instrumentos automovilísticos o de medida. Para leer con precisión el tiempo cronometrado sólo hay una escala grafiada en la esfera. Destaca el gran numeral, a las doce horas, de los 60 minutos o segundos, con una tipografía limpia que también evoca la forma de cojín de la caja. Las marcas de graducación entre los segundos se han dispuesto de manera alterna: unas hacia el interior y otras hacia el exterior. Un detalle, que no es menor, es que si se cuentan las marcas finales y las intermedias, se reparten en grupos de seis. Esta particularidad se explica por la frecuencia de oscilación de 3 Hz del movimiento: la aguja trotadora realiza seis saltos por segundos y cada salto corresponde a una de las marcas de la escala. Acompañan al gran numeral unas cifras correspondientes a los intervalos de cinco minutos o segundos, impresas sobre la esfera. Como muestra de color, y a juego con el rojo de la aguja de los minutos del cronógrafo, sobre cada numeral impreso el índice correspondiente está coloreado de rojo en su parte interior. Como remate de las indicaciones de la esfera, el Streamliner Flyback Chronograph Automatic dispone de un realce sobre el que está impresa una escala taquimétrica, algo que no puede faltar en todo cronógrafo.

Para mostrar las horas y minutos se han escogido agujas centrales de trazos rectos con una sección central superpuesta que incorpora inserciones de Globolight, un innovador material de base cerámica con Super-LumiNova, utilizado ahora por primera vez en unas agujas.

Frontal del Streamliner Flyback Chronograph Automatic, y su trasera, atornillada y dotada de un cristal de zafiro transparente que deja al descubierto el delicado mecanismo del cronógrafo.

Un calibre nada tradicional

El HMC 902 ha sido realizado conjuntamente con Agenhor, tomando como base su calibre AGH-6361. “Agenhor” es el acrónimo de “Atelier Genevois d’Horlogerie”, taller ginebrino de relojería. Lo fundó Jean-Marc Wiederrecht en 1996 y está especializado en la concepción de movimientos y mecánicas relojeras complejas. A lo largo de estos años, este pequeño taller situado en Meyrin —cerca del aeropuerto y de la ciudad de Ginebra— se ha forjado la fama y el reconocimiento internacional. Más de media docena de los trabajos salidos de este estudio ginebrino han sido reconocidos con el Gran Prix d’Horlogerie de Genève, en varias modalidades, desde relojes sólo hora hasta modelos más sofisticados, pasando por modelos con doble huso horario o cronógrafos. En la categoría de cronógrafos está el AGH-6361 AgenGraphe, desarrollado en 2017, que se ha llevado hasta cuatro galardones diferentes, incluido el Gran Prix d’Horlogerie de Genève en 2018 y el Prix Gaïa de 2017 del Musée International d’Horlogerie de La Chaux-de-Fonds.

La denominación del modelo ya describe las principales características de este movimiento: calibre con remonte automático y cronógrafo con función flyback, es decir, que no precisa parar para iniciar un nuevo cómputo de tiempo. El HMC 902 tiene un diámetro de 34,4 milímetros, es decir, 15 1/4 líneas, y un grosor de 7,3 milímetros. Está compuesto por 434 piezas e incorpora 55 rubíes. Su doble barrilete le proporciona una reserva de marcha de hasta 54 horas. El conjunto volante/espiral oscila a una frecuencia de 3 Hz, equivalente a 21.600 alternancias por hora.

La arquitectura modular de este movimiento también huye de los convencionalismos tradicionales y clásicos de los relojes mecánicos. No sólo por la eliminación de las subesferas auxiliares y la consiguiente posición central de todas las indicaciones, sino también por la ubicación del rotor central del sistema de remonte automático. En lugar de colocarse en la parte posterior se sitúa en la parte frontal del calibre, con lo que se gana visibilidad del movimiento a través del fondo transparente. Lógicamente, esta disposición es la que obliga a ubicar las indicaciones centrales de forma que permitan el libre giro de la masa oscilante realizada en tungsteno —o wolframio—, un metal duro y denso.

El HMC 902 recurre a la estética rueda de pilares como sistema de reparto de las diferentes funciones del cronógrafo. Con el pulsador situado a las dos horas se activa o bien se para el cronógrafo. Con el pulsador situado a las diez horas se vuelven las agujas del cronógrafo a cero o bien se activa la función flyback, si el cronógrafo está en marcha. El sistema de embrague utilizado por el HMC 902 es de tipo horizontal, con rueda de fricción. La rueda, de perfil liso y con microdientes, evita el entrecruzamiento de los engranajes y disminuye los saltos accidentales que se producen con el sistema de dientes tradicional al activar el cronógrafo.

El movimiento de la aguja de los minutos es instantáneo. De ello se encarga una leva en forma de caracol, que almacena la energía a lo largo de un minuto y la libera posteriormente, de forma que la aguja contadora de los minutos realiza un movimiento preciso hasta el siguiente minuto de la escala.

El calibre HMC 902, desarrollado conjuntamente con el Atelier Genevois d’Horlogerie, Agenhor.

Streamliner Flyback Chronograph Automatic

Este primer modelo de la colección Streamliner, que se presenta en edición limitada a 100 unidades con un precio de 38.000 €, no dejará a nadie indiferente. No sólo por su estética, que si bien bebe de fuentes pasadas está perfectamente contextualizada con los diseños contemporáneos, sino también por la estructura del conjunto y del calibre en particular. No queda más remedio que esperar ansiosos los próximos modelos que la firma de Schauffhausen tiene reservados para esta singular colección.

Recent Posts