Frederique Constant 

Slimline Monolithic Manufacture 40 Hz

DIEZ VECES MÁS RÁPIDO

Por Ernest Valls

Frederique Constant deja atrás el tradicional conjunto volante/espiral, que se ha mantenido prácticamente sin cambios desde el siglo XVII, y se adentra en el mundo, apenas explorado, de los mecanismos flexibles basados en el silicio.

El principio de un reloj mecánico se puede resumir a partir del siguiente esquema: energía-transmisión-regulador-oscilación. La energía, almacenada en un muelle espiral encerrado en el barrilete, se libera a ráfagas a través de un órgano regulador compuesto por un escape y un oscilador. El escape transmite los impulsos al oscilador, el conjunto volante/espiral tradicional. A su vez, permite que el rodaje (transmisión) avance o deje “escapar” una cantidad determinada de energía. Este sistema, con más o menos modificaciones, se ha mantenido casi sin cambios significativos desde la segunda mitad del siglo XVII y ha obtenido unos resultados más que notables en cuanto a la precisión de los relojes así construidos.

Sin embargo, esta arquitectura ha tenido que lidiar, desde sus inicios, con no pocos inconvenientes, tanto físicos como mecánicos. Al ser un sistema realizado con elementos metálicos, debía hacer frente a los cambios de temperatura sin alterarse, a los campos magnéticos sin que estos le afectasen y, quizá uno de los inconvenientes más importantes, a los rozamientos entre las diferentes piezas. Amén de las singularidades propias del movimiento armónico simple, principio que rige en todo reloj mecánico, tales como mantener el periodo de oscilación con independencia de la fuerza que se aplica al órgano regulador o que cada semioscilación tenga la misma duración (lo que se denomina “isocronismo”).

La solución a la gran mayoría de estos problemas, que, en definitiva, redundan en las prestaciones cronométricas de los relojes, la encontramos en el uso del silicio. Por sus características, este material tiene unas propiedades inigualables para la relojería: no le afectan ni los cambios de temperatura ni los campos magnéticos y, además, no precisa de lubricación. Estamos, pues, ante el material casi perfecto para la elaboración del órgano regulador. Por otra parte, sus piezas se pueden reproducir con extrema exactitud a partir de modelos teóricos, y con ello se consigue la geometría perfecta para que cumpla las necesidades que se exigen a un movimiento armónico simple. Sin embargo, a pesar de sus buenas cualidades, hay algunos puristas que no ven con buenos ojos su uso. En su contra argumentan que es un material no metálico, que no se puede “reparar” en un taller relojero convencional y que no ha pasado suficiente tiempo para probar que mantiene sus propiedades inalterables con el paso del tiempo y con su uso. Un argumentario, en mi opinión, más basado en percepciones que no en la constatación experimental.

Bajo la apariencia de un reloj normal de corte clásico y tradicional, se esconde una de las innovaciones mecánicas más relevantes de la historia de la relojería contemporánea.

A pesar de esta premisa, no son pocas las marcas que han iniciado el camino de su uso para la fabricación de los elementos del órgano regulador: firmas tan clásicas y consagradas en la alta relojería como pueden ser Patek Philippe o Jaeger-LeCoultre, la sempiterna dupla Rolex y Omega, y hasta otras marcas como Zenith, Ulysse Nardin o Girard-Perregaux, por citar algunas. Algo tendrá el silicio, ¿no?

Hay dos corrientes principales del uso del silicio en la construcción del órgano regulador. Una, que podríamos denominar clásica, consiste en realizar las mismas piezas de un sistema convencional –rueda de escape, áncora y espiral– en silicio. Con ello se consigue eliminar por completo los problemas derivados de los cambios de temperatura, los campos magnéticos y la lubricación. Además, gracias al procedimiento de fabricación DRIE, de ion reactivo, se consigue cualquier forma en tamaños muy pequeños y con gran precisión, con unas tolerancias que se reducen a la mitad con respecto a las técnicas tradicionales. La otra consiste en el uso de mecanismos flexibles realizados en silicio que sustituyen a no pocos elementos del órgano de regulador tradicional. Las ventajas de explorar este camino son incuestionables, ya que aglutinan todas las ventajas anteriores y, además, añaden simplicidad al diseño mecánico al precisar menos piezas para realizar la misma función.

El Slimline Monolithic Manufacture 40 Hz, en caja de acero, se presenta en dos versiones de edición limitada a 810 piezas: una con esfera plateada y correa de caimán marrón y otra con esfera azul y correa de caimán azul marino.

Frederique Constant & Flexous

Hoy en día, no es posible recorrer el camino de la innovación en solitario. Hay que buscar el compañero idóneo para tan ardua travesía. De hecho, la irrupción del silicio en el mundo de la relojería no ha venido del paciente trabajo en los talleres de las manufacturas durante el aislamiento de los largos inviernos, sino que es el fruto de alianzas estratégicas con laboratorios especializados y pequeñas start-ups, donde las nuevas ideas y los enfoques singulares a los problemas tradicionales corren a raudales.

En la actualidad, las universidades son las que marcan el camino de la innovación, en especial, en el ámbito técnico. Delft es una pequeña ciudad holandesa a mitad de camino entre La Haya y Róterdam, con una universidad tecnológica que ha creado una famosa incubadora de alta tecnología denominada “Yes!Delft”. Flexous, fundada en 2012, nace como un “spin-off” de Yes!Delft, gracias a un grupo de trabajo líder a nivel internacional en el campo de los mecanismos flexibles en la Universidad Tecnológica de Delft. Flexous es, a día de hoy, la única empresa independiente especializada en el desarrollo de mecanismos flexibles para relojería.

El nexo de unión entre Frederique Constant y Flexous lo encontramos en Peter Stas, co-fundador y ex-CEO de la firma relojera, y el Dr. Nima Tolou, fundador y CEO de Flexous. Entre ambos abordaron la problemática del órgano regulador con el objetivo de lograr un oscilador de flexión que respondiera a las siguientes premisas: debía contar con un tamaño comparable al de un volante tradicional para que pudiera ubicarse en un movimiento estándar, y debía tener la frecuencia más alta posible, una reserva de marcha de unas 80 horas y un diseño tal que permitiera su fabricación comercial a un precio razonable.

El oscilador de silicio monolítico sustituye a todo el conjunto volante/espiral y al áncora del órgano regulador suizo clásico y tradicional. Destacan los dos contrapesos que hacen de sistema de regulación de la variación de marcha.

Monolithic

El resultado del equipo multidisciplinar de alto perfil formado por miembros de Frederique Constant y Flexous es el oscilador Monolithic. Tiene un tamaño compacto sin precedentes: 9,8 mm de diámetro y apenas 0,3 mm de espesor. El áncora se ha integrado dentro de la flexión. La frecuencia es 10 veces la habitual de los relojes contemporáneos: oscila a 40 Hz frente a los 4 Hz habituales, lo que es lo mismo que decir que late a 288.000 alternancias por hora, frente a 28.800, o bien que la aguja de los segundos realiza ¡80 movimientos por segundo!

La elección del silicio como material para construir el Monolithic elimina las debilidades clave de los reguladores tradicionales. El silicio mono-cristalino es totalmente inmune a los campos magnéticos y resistente a las oscilaciones de temperatura. Debido a que es cuatro veces más ligero que un órgano regulador tradicional, también es menos sensible a la fuerza de la gravedad. La ausencia de contacto mecánico supone una menor generación de fricciones y desgaste de las piezas, por lo que necesita menos potencia para su impulso. En particular, se elimina la pérdida de energía relacionada con el movimiento de parada y marcha del escape de áncora suizo. Y, por último, pero no menos importante, el silicio no requiere lubricación, lo que mejora la fiabilidad a largo plazo del sistema.

Salvo por la inscripción del bisel del fondo transparente o en el puente del movimiento, no se distingue de un reloj con órgano regulador tradicional de volante, espiral, áncora y rueda de escape.

El ajuste de la variación de marcha se realiza mediante unos pesos situados sobre el mecanismo flexible. Es lo mismo que sucede con las cabezas locas situados en los brazos de un volante clásico, que modifican la inercia del conjunto. El ajuste es extremadamente preciso y los intervalos de tiempo se dividen en centésimas de segundo, frente a las décimas de segundo de los movimientos mecánicos regulados por escapes de 4 Hz.

Como suele ocurrir ante diseños innovadores, no siempre hay las herramientas o útiles de medición acordes a sus características. Es el caso del Monolithic, ya que para medir la precisión del movimiento no se puede recurrir al cronocomparador tradicional, que mide los intervalos de tiempo entre el tic-tac. Para determinar la precisión de este calibre se utilizan cámaras láser que toman hasta 250.000 imágenes por segundo.

Esta velocidad vertiginosa del órgano regulador hace que no pueda adaptarse a un tren de rodaje tradicional. Por este motivo, los relojeros de Frederique Constant diseñaron un movimiento base completamente nuevo, el calibre automático FC-810, capaz de funcionar con la velocidad del nuevo oscilador de silicio. Todo el tren de rodaje se ha rediseñado, ya que ha sido necesario añadir una rueda adicional entre el barrilete y el órgano regulador. Sirva recordar que, en un movimiento tradicional, entre el barrilete y el escape hay tres ruedas: la rueda de centro, la rueda primera y la rueda segunda, que engrana con la rueda de escape, parte del órgano regulador conjuntamente con el áncora y el conjunto volante/espiral.

Las líneas del Slimline Monolithic Manufacture 40 Hz son clásicas, suaves y redondeadas.

Slimline Monolithic Manufacture

Muy probablemente, otra marca hubiera realizado un “concept-watch” basado en esta innovación. Sin embargo, Frederique Constant ha incorporado de lleno esta novedad tecnológica a una línea comercial, si bien en edición limitada. El Slimline Monolithic Manufacture es el primer modelo de la manufactura en incorporar el FC-810 con su oscilador Monolithic.

Hay tres versiones comerciales de este modelo. Una con caja de oro rosa, en edición limitada de 81 piezas y con un PVP de 14.995 €; otra con caja de acero inoxidable y esfera azul, en edición limitada de 810 piezas y con un PVP de 4.495 €; y una tercera versión también con caja de acero inoxidable pero que luce una esfera plateada, en edición limitada de 810 ejemplares y con un PVP también de 4.495 €.

Todas las versiones están dotadas de un diámetro de caja de 40 milímetros, el límite justo que marcan los cánones clásicos de la elegancia. Su construcción es la clásica de tres cuerpos: bisel, carrura y fondo. El bisel, de formas redondeadas, es liso, con un acabado pulido y sirve de sujeción al cristal de zafiro abombado que encierra la esfera. La carrura, también de formas redondeadas, mantiene la singular forma de los modelos de la firma ginebrina, con una ligera inclinación hacia el interior. El fondo es de tipo roscado e incorpora un cristal de zafiro que permite admirar el calibre que late en el interior. La corona, de proporciones acordes al conjunto, tiene forma abombada, con un ranurado que cubre toda su superficie. La estanqueidad de este modelo está catalogada en 3 bar, equivalentes a 30 metros de profundidad.

La esfera tiene un diseño clásico, con la única concesión de la abertura –Heart Beat– a las seis horas. Esta deja al descubierto el órgano regulador Monolithic, que con su elevada frecuencia de oscilación hipnotizará a cualquiera que lo mire. En perfecta simetría, a las doce horas, una esfera auxiliar sirve para la indicación de la fecha. La zona central de la esfera cuenta con una delicada decoración “guilloché” con motivo Clous de Paris. Los numerales romanos están impresos sobre un anillo liso. Las agujas centrales de horas y minutos son de tipo Breguet. La aguja de los segundos horarios, también central, es un fino estilete con un discreto contrapeso. El exterior de la esfera está coronado por una minutería impresa entre dos anillos con una decoración “guilloché”.

Sin renunciar a la elegancia, Frederique Constant ha incorporado una gran novedad de la mecánica relojera a un modelo de corte clásico, asequible, de catálogo comercial.

Clásico e innovador

El Slimline Monolithic Manufacture es una bella y singular combinación de relojería clásica e innovación de alta tecnología. En palabras de Niels Eggerding, director general de Frederique Constant, “encarna el espíritu visionario, la determinación y la pasión de Frederique Constant por el savoir-faire relojero”. Por su parte, el Dr. Nima Tolou, director ejecutivo de Flexous comenta: “estamos muy orgullosos de este emocionante resultado logrado en solo dos años, desde la concepción a la producción de un reloj de colección. Estamos orgullosos de la sinergia lograda en este proyecto único de Frederique Constant-Flexous”.

No podemos dejar de remarcar otro aspecto inherente ya a la marca ginebrina: el precio de sus modelos. Menos de 5.000 €, en la versión de caja de acero inoxidable, para un reloj que incorpora una innovación de alta tecnología, disruptiva con la relojería tradicional, debería dar que pensar a no pocas marcas del panorama relojero contemporáneo.

Más información en: www.frederiqueconstant.com

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