Louis Vuitton 

Tambour Moon Flying Tourbillon Kaleidoscope

Por Ernest Valls

En 2002, Louis Vuitton presentó sus credenciales en el mundo de la relojería de lujo con el lanzamiento de un modelo innovador y dotado de un carácter único y audaz. Su caja, esculpida en un bloque de acero, se caracterizaba por el mayor tamaño de la trasera respecto al anverso, y por una carrura que dibujaba una curvatura visiblemente convexa, dotando al reloj de una singular forma de tambor. Más allá de dar nombre al reloj, esta característica fue aprovechada por los diseñadores de la marca para situar en el lateral de la carrura las 12 letras que forman Louis Vuitton, coincidiendo en los puntos horarios.

Desde su lanzamiento, se hizo evidente que el Tambour poseía la personalidad de los grandes iconos de la relojería moderna. Con el paso del tiempo, además, demostró también una versatilidad que le permitía combinar todo tipo de complicaciones –incluso vanguardistas, como la indicación Spin Time– con extraordinarias esferas de artesanía tradicional. Este es el caso del nuevo Tambour Moon Flying Tourbillon Kaleidoscope, que aúna la belleza del esmalte “cloisoné” con el prestigio del tourbillon volante, que simboliza como ninguna otra complicación –quizás, exceptuando la sonería– el dominio de la técnica relojera.

Todos los componentes que conforman el calibre de manufactura LV 81, sobre una plataforma con la forma del célebre monograma de la casa Louis Vuitton, creado en 1896 por Georges Vuitton.

Elaborada en oro rosa de 18 K y con unas medidas de 42 mm de diámetro por 11,5 de grosor, la caja presenta el diseño que la firma inauguró en 2017, y que se caracteriza principalmente por la nueva forma de la carrura, que se curva hacia el interior en vez de hacia el exterior, de un modo que hace recordar a una luna en cuarto creciente (de ahí el apellido “Moon” de los nuevos Tambour). La carrura mantiene las doce letras grabadas en los puntos horarios, a pesar de que su forma cóncava hace que no se aprecien en una visión frontal del reloj. En la posición clásica de las tres, aloja una corona de base octogonal, también de oro rosa, rematada con el logotipo de la marca (otra de las novedades del diseño de 2017). Las asas son las propias de la colección desde sus inicios: cortas, y formadas por una única pieza.

Si la nueva caja del Tambour es una joya del diseño contemporáneo, la esfera es una pequeña obra de arte elaborada en esmalte por una de las mejores especialistas del mundo, Anita Porchet, que en esta ocasión ha optado por la técnica del “cloisoné”. En esta técnica, el artesano utiliza hilo de oro para delimitar las celdas que después rellenará con esmalte de distintos colores. Para el Tambour Moon Flying Tourbillon Kaleidoscope, Porchet ha dibujado una especie de mandala inspirado en el icónico monograma de la marca, y la ha vestido con distintos tonos de azul y de violeta –el color más difícil de obtener en esmalte– para resaltar el efecto caleidoscópico del dibujo. La obtención de las tonalidades precisas de ambos colores requiere un equilibrio perfecto entre los componentes del esmalte (polvo de sílice y óxidos de metal), y es fruto de semanas de búsqueda, y de un talento que sólo grandes artesanos como Porchet poseen. Sólo para la decoración de la esfera se necesitan dos semanas de trabajo.

Con la voluntad de ceder todo el protagonismo al dibujo, se ha eliminado de la esfera cualquier tipo de grafía (la caja Tambour y la presencia del monograma ya dejan suficientemente claro que nos encontramos ante un Louis Vuitton), y se ha optado por unos discretos apliques de oro semiesféricos que se integran perfectamente en el dibujo. Incluso las dos agujas centrales –el reloj proporciona una sencilla información de horas y minutos– han sido caladas en la zona central para no entorpecer más de lo imprescindible la contemplación del esmalte “cloisoné”.

Ensamblaje del microrrotor de oro rosa en el calibre LV 81, decorado con unas franjas verticales que remiten al patrón de tela Trianon, utilizado por la casa en múltiples productos.

Esfera del reloj, creada por la reputada especialista Anita Porchet con la técnica del esmalte “cloisonné”. Aloja un dibujo caleidoscópico en tonos azules y violetas, inspirado en el monograma de la  marca. 

Eso sí, a la altura de las 6 horas se ha ubicado una gran abertura esférica, enmarcada por un fino bisel dorado, que deja a la vista el tourbillon volante, cuya jaula está rematada por la gran “V” de Vuitton. Este espectacular mecanismo, que fue creado para compensar los efectos de la gravedad sobre la marcha de los relojes de bolsillo pero aún hoy goza de un prestigio incuestionable en la alta relojería–, está integrado en el calibre LV 81, un movimiento de carga automática por microrrotor, que ha sido íntegramente diseñado, desarrollado y montado en La Fabrique du Temps, manufactura de Louis Vuitton.

Compuesto por 146 piezas (28 rubíes), el calibre LV 81 oscila con una frecuencia de marcha de 28.800 alternancias por hora, correspondientes a 4 Hz, garantiza una reserva de marcha de 40 horas. A través del cristal de zafiro que cubre todo el fondo del reloj, puede apreciarse la singular decoración que se ha aplicado tanto a los puentes como al microrrotor de oro, e incluso al puente del toubillon: unas franjas verticales –combinación de grabado y satinado– que remiten al patrón de tela Trianon, creado por Louis Vuitton en 1858. La pequeña masa oscilante, además, está rematada con el emblema de la casa.

Todos los ejemplares de esta edición limitada del Tambour Moon Flying Tourbillon Kaleidoscope están equipados con una lujosa correa de piel de aligátor de color azul, que se ciñe a la muñeca con un cierre de hebijón de oro rosa de 18 K. 

Más información en: au.louisvuitton.com

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