ROLEX

UNA GENIALIDAD EN CINCO LETRAS

Por Redacción

Seguramente, Rolex es hoy el primer nombre que le viene a la cabeza a la mayoría de la gente cuando le hablan de relojes de lujo. Gracias a unos diseños plenamente reconocibles y a varias innovaciones técnicas que han contribuido a cambiar la historia de la relojería, la firma de la corona de cinco puntas se ha convertido en el paradigma del “savoire-faire” suizo y en uno de los referentes mundiales de la fabricación de relojes de pulsera mecánicos. 

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in embargo, cuando la firma fue fundada en 1905, el reloj de pulsera estaba muy lejos de ser popular entre el público masculino. En general, solía considerarse que esta tipología de guardatiempo no era suficientemente precisa y resistente para las exigencias de la vida diaria, de modo que la mayoría de marcas seguían optando por el fiable y robusto reloj de bolsillo. Además, la mayoría de modelos de este tipo eran femeninos, lo que provocaba una cierta reticencia, por parte de los hombres, a la hora de ceñirse un reloj en la muñeca.

Afortunadamente, esta visión no era compartida por todo el mundo. Hans Wilsdorf, un joven emprendedor bávaro estaba convencido de que, por su comodidad y polivalencia, los modelos de pulsera representaban el futuro de la relojería, tanto femenina como masculina, y quería estar preparado cuando el mundo abriera los ojos.

Tal era su confianza que solo dos años después mudarse a Londres, fundó, junto a su socio Alfred Davis, la compañía Wildorf & Davis, encargada de la producción y comercialización de relojes de pulsera en todo el Imperio Británico. Para producir sus modelos, se asociaron con varios fabricantes suizos de su confianza, entre los cuales destacaba la Maison Aegler, un pequeño taller de Biel (Bienne) capaz de producir movimientos de pequeño diámetro y con un óptimo nivel de precisión.

Hans Wilsdorf, fundador de la firma relojera Rolex.

La excelente visión comercial de Wildorf volvió a hacerse evidente en 1908, cuando inventó el nombre “Rolex” para firmar sus relojes. El criterio que le llevó a elegir este nombre es una buena muestra de su carácter visionario, puesto que anticipa algunos de los principios del marketing moderno: Wildorf buscaba un nombre corto, de sonido agradable, fácilmente pronunciable en las principales lenguas europeas, y también fácil de memorizar. Además de todo ello, “Rolex” ofrecía un gran equilibrio en cuanto al tamaño de las letras, de modo que se integraba armónicamente en la esfera.

El primer gran logro técnico de Rolex se produjo en 1910, cuando uno de sus modelos obtuvo, de la Oficina de Control del Funcionamiento de Relojes de Biel, el primer certificado de cronometría jamás concedido a un reloj de pulsera. Solo cuatro años después, el observatorio de Kew, en Gran Bretaña, otorgó a otro de los modelos de la marca un certificado de clase “A”, que hasta entonces se reservaba a los cronómetros de marina. Con estas certificaciones, Rolex demostraba que un reloj de pulsera podía ser tan preciso como un reloj de bolsillo.

Al carácter visionario de Wildorf le surgió un aliado inesperado durante la Primera Guerra Mundial. Los oficiales de los distintos ejércitos empezaron a utilizar de forma habitual relojes de pulsera, que les permitían consultar la hora de un vistazo sin tener que soltar lo que tuvieran en las manos. En realidad, en conflictos anteriores ya se habían utilizado algunos relojes de pulsera, pero fue durante la Gran Guerra cuando empezaron a ser considerados artículos imprescindibles del equipamiento militar (al menos, por parte de los oficiales) y cuando muchas firmas relojeras apostaran decididamente por ellos. Además, ello hizo que dejaran de verse como un artículo femenino, lo que contribuyó decisivamente en su popularización al finalizar el conflicto.

El anuncio que Wilsdorf contrató en el “Daily Mail”, donde se daba a conocer que Mercedes Gleitze había cruzado el Canal de la Mancha con un Rolex Oyster en su muñeca (1927). 

El primer Oyster Perpetual, con caja hermética y movimiento automático (1931).

De Londres a Ginebra

En 1919 se produjo otro hecho destacable en la historia de Rolex. Para hacer frente al incremento de los impuestos sobre la exportación de metales preciosos establecidos por el Gobierno británico, Wilsdorf decidió trasladar la compañía a Ginebra, donde fue registrada en 1920 con el nombre de “Rolex Watch Company”. Esta nueva ubicación le ofrecía, también, la posibilidad de tener una relación mucho más próxima con sus proveedores, y especialmente con la Maison Aegler, que con el tiempo acabaría integrándose en la estructura de Rolex.

Tras haber logrado un óptimo nivel de precisión cronométrica, todos los esfuerzos de Hans Wilsdorf se centraron en el desarrollo de una caja hermética que pudiera proteger el movimiento de la entrada de polvo y el agua. Tras varios años de investigación, en 1926 Rolex presentó el Oyster, un reloj de pulsera que tenía el bisel, el fondo y la corona a rosca, de modo que el movimiento quedaba totalmente aislado de los elementos externos. Tal era su grado de hermeticidad, que llegó a exhibirse sumergido dentro de un tanque de agua en grandes comercios como Harrods.

Un año después del lanzamiento del Oyster, Wilsdorf tuvo una genial idea para demostrar sus cualidades al gran público: un ejemplar fue utilizado por la joven nadadora inglesa Mercedes Gleitze en su histórica travesía del Canal de la Mancha (la primera realizada por una mujer). El día después, Wildorf no dudó a publicar un anuncio en el Daily Mail haciéndose eco de la doble proeza. Con esta iniciativa, Rolex inauguraba una tradición de innovadoras campañas publicitarias y patrocinios que ha llegado hasta nuestros días y que la ha llevado a aliarse con figuras de la talla de Cecilia Bartoli o Roger Federer, entre tantos otros.

En 1931, Rolex introdujo una novedad que cambiaría para siempre la historia de la relojería. Una vez desarrollado el Oyster, Hans Wildorf se había dado cuenta de que la necesidad de dar cuerda al reloj casi cada día comprometía su hermeticidad, ya que para hacerlo había que desenroscar la corona y cualquier descuido podía dejar el calibre desprotegido. La solución de Émile Borer, responsable técnico de la marca, fue introducir un rotor que aprovechaba la energía cinética generada por los movimientos de la muñeca para alimentar el calibre. Gracias a este sistema, bautizado como “Perpetual”, el movimiento generaba su propia energía mientras el reloj era utilizado y no era necesario cargarlo manualmente. Había nacido el reloj automático. El rotor Perpetual no fue la única novedad de 1931. Ese mismo año, la firma afincada en Ginebra registró el logotipo de la estrella de cinco puntas, que muy pronto empezaría a aparecer en la esfera de los relojes. 

Rolex Oyster Perpetual Explorer, el primero de los relojes profesionales lanzados por Rolex en la década de los 50 (1953).

Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, Rolex ya se había convertido en una de las firmas de referencia de la relojería, y también en una de las más populares entre los soldados británicos. Tan es así, que Wilsdorf llegó a prometer un ejemplar nuevo (a financiar después de la guerra) a los soldados a quienes se les había sustraído su reloj tras ser detenidos.

En 1944, Wilsdorf se encontró con la muerte de su esposa y del que había sido su socio durante muchos años, Hermann Aegler, y vio la necesidad de crear una fundación –que lleva su nombre– para asegurarse que, en caso de morir, Rolex no pudiera ser absorbida por una compañía rival.

Apenas finalizada la Segunda Guerra Mundial, Rolex, introdujo un de sus modelos más icónicos: el Oyster Perpetual Datejust, el primer reloj de pulsera automático y hermético que ofrecía una indicación de fecha mediante una ventana situada en la esfera. Pensado inicialmente para el público masculino, contaba con el bisel estriado característico de la colección Oyster. En 1954, incorporaría la hoy tradicional lente Cyclops, capaz de aumentar dos veces y media el tamaño del numeral de fecha.

Relojes profesionales

Desde la invención del Oyster en 1926, Rolex se había convertido en una de las firmas de referencia en la fabricación de modelos aptos para la práctica deportiva y de todo tipo de actividades de riesgo. Especialmente apreciados por su robustez y fiabilidad, sus relojes se habían utilizado en todos los ámbitos, desde el fondo del mar a las cumbres de los Himalayas, y habían sido testimonios directos de varios hitos de la velocidad, como el vuelo en el que el piloto Chuck Yeager rompió, por primera vez, la velocidad del sonido.

Rolex Oyster Perpetual Submariner, un modelo diseñado para la práctica del submarinismo (1953).

Fiel a esta tradición, en la década de los 50 Rolex creó una serie de relojes –denominados “profesionales”– dotados de funciones y prestaciones destinadas a actividades específicas. Los primeros fueron el Oyster Perpetual Explorer y el Oyster Perpetual Submariner, ambos lanzados en 1953. El primero estaba destinado a las expediciones de montaña, mientras que el segundo permitía realizar inmersiones submarinas hasta 100 metros (profundidad que se duplicaría ese mismo año).

Dos años después, la firma lanzó el Oyster Perpetual GMT-Master, que informaba simultáneamente de la hora de diferentes lugares del planeta gracias a una aguja suplementaria y a un bisel giratorio graduado en 24 horas. Para completar la serie, en 1956 nació el Oyster Perpetual Milgauss, un modelo resistente a los campos magnéticos que fue utilizado por científicos de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN).

Sin embargo, no todo fueron relojes-herramienta durante ese periodo. También en 1956, la firma ginebrina presentó el Oyster Perpetual Day-Date, el primer reloj de pulsera que indicaba el día de la semana con todas sus letras.

Si los años 50 habían visto el nacimiento de algunos de los modelos más icónicos de Rolex, la década siguiente empezó con una mala noticia para la marca de la corona. El 6 de julio de 1960 falleció Hans Wildorf a la edad de 79 años. La empresa quedó en manos de la Fundación Hans Wildorf, tal como se había establecido 15 años antes, hasta que en 1963 su dirección se confió a André J. Heiniger, un discípulo directo de Wildorf, quien muy pronto tendría ocasión de demostrar que había heredado de él sus dotes de estratega comercial.

El primer gran Rolex de la nueva década fue el modelo Cosmograph Daytona, de 1963. Destinado a los pilotos y a los amantes de las carreras automovilísticas, contaba con una escala de taquímetro en el bisel que permitía el cálculo de velocidades medias. Este modelo –que en un principio debía denominarse “Le Mans”, pero que finalmente recibió el apellido “Daytona” en honor al mítico circuito automovilístico de Florida– era una evolución del cronógrafo que Rolex había lanzado en 1955, en plena era de los relojes-instrumento.

El Oyster Perpetual GMT-Master, lanzado en 1955, ofrecía la indicación simultánea de dos husos horarios gracias a una aguja central adicional que completaba una rotación cada 24 horas.

El Oyster Perpetual Day-Date fue el primer reloj de pulsera que indicaba el día de la semana con todas sus letras.

En 1967, Rolex creó el modelo Sea-Dweller, un reloj de submarinismo hermético hasta 610 metros de profundidad. Como gran novedad, contaba con una válvula de expulsión de helio patentada que permitía utilizarlo durante las fases de descompresión en la cámara hiperbárica sin comprometer el cristal. Este reloj tenía como ilustre precedente el Deep Sea Special, un prototipo que siete años antes había descendido hasta el fondo de la Fosa de las Marianas (a una profundidad de 10.916 metros), fijado al casco del batiscafo Trieste.

Aunque los modelos de características deportivas componían la mayor parte de la oferta de Rolex, la firma también elaboraba relojes de estética más clásica. En 1968 fue creada la colección Cellini, que agrupaba todos los modelos con caja no Oyster.

La irrupción de la tecnología del cuarzo a principios de los 70 cambió para siempre el panorama relojero en todo el mundo y se llevó por delante buena parte de la industria suiza. Como tantas otras firmas, Rolex optó por incorporar a su colección algún modelo de cuarzo (como el exitoso Oysterquartz, de 1977, con calibre propio), pero a la vez se mantuvo fiel a la relojería mecánica. De hecho, los relojes de cuarzo nunca sobrepasaron el 7% de su producción.

En los años 70, Rolex lanzó la segunda generación de algunos de sus modelos más significativos. En 1971 presentó el Oyster Perpetual Explorer II, con una indicación horaria suplementaria, y siete años más tarde presentó el Sea Dweller 4000, resistente al agua hasta 1.220 metros. Esta tónica se mantuvo en la década siguiente, con la introducción de modelos como el GMT-Master II, en 1982.

A principios de los años 90, mientras la relojería mecánica recuperaba lentamente el favor del gran público, se produjo otro hecho importante para Rolex en el ámbito institucional. En 1992, Patrick Heiniger sucedió a su padre en la dirección de la empresa y diseñó un ambicioso plan para lograr la integración vertical a partir de la adquisición de sus principales proveedores y el reagrupamiento de todas sus actividades productivas en cuatro sedes industriales, ubicadas en Biel y Ginebra. De este modo, Rolex se aseguraba el control de la fabricación de los principales componentes de sus relojes, desde los movimientos hasta las cajas, lo que le confería una total independencia productiva y la posibilidad de incrementar aún más el nivel de calidad de sus relojes.

Oyster Perpetual Chronograph Daytona, de 1963, dedicado al circuito automovilístico de Daytona Beach, Florida.

El modelo Yacht-Master, ideado para la práctica de regatas de vela.

Rolex en el siglo XXI

Gracias a la reestructuración y ampliación de sus centros productivos, Rolex encaró el siglo XXI con la capacidad de dar un importante salto de calidad, tanto en la presentación de nuevos modelos como en la implementación de nuevos materiales y tecnologías. En este sentido destaca la introducción, en el año 2000, de la espiral Parachrom, diseñada y fabricada internamente por Rolex. Compuesta de niobio, circonio y oxígeno, esta espiral ofrece una resistencia a los golpes diez veces mayor que las espirales tradicionales, y además es insensible a los campos magnéticos. Igualmente destacable es la introducción, en 2005, del Cerachrom, para la fabricación de biseles. Se trata de una cerámica extremadamente dura, imposible de rayar y resistente a la corrosión, cuyo color no se altera con la exposición a los rayos UVA.

Las dos grandes novedades de 2007 eran, de nuevo, una reinterpretación técnicamente evolucionada de modelos clásicos de la firma: el Oyster Perpetual Milgauss y el Yacht-Master II. El primero mejoraba las prestaciones antimagnéticas del modelo de 1956 gracias a la combinación de la espiral de Parachrom, una rueda de escape elaborada en una aleación de níquel y fósforo, y una pantalla de hierro blando. El Yacht-Master II, por su parte, estaba equipado con un innovador dispositivo de cuenta atrás con memoria mecánica, programable mediante el Ring Command, un bisel giratorio diseñado y desarrollado por Rolex.

Un año más tarde, la marca de la corona lanzó el reloj de submarinismo Oyster Perpetual Deepsea, hermético hasta una profundidad de 3.900 metros gracias al Ringlock System, un anillo de compresión interno que protege el cristal y el fondo de las altas presiones.

Dentro del proceso de integración vertical, Rolex incluso desarrolló a principios de siglo su propia fundición, que le permite trabajar con los metales de mejor calidad y crear sus propias aleaciones.

En el ámbito institucional, destaca la marcha de Patrick Heiniger en 2009, que cerraba un periodo de más de medio siglo con la familia Heiniger al frente de Rolex. Tras un periodo de transición, en 2011 se hizo cargo de la dirección Gian Riccardo Marini, anterior responsable de la filial italiana. 

En 2012, la firma ginebrina sorprendió con el lanzamiento del Oyster Perpetual Sky-Dweller, un nuevo modelo destinado a los viajeros que se mueven frecuentemente entre varios husos horarios. El reloj ofrece la indicación de la hora de origen mediante un disco excéntrico de 24 horas, así como un calendario –con indicación de día y mes– que solo requiere un ajuste al año. Además, está dotado del sistema Ring Command para ajustar cada función.

El 26 de marzo del mismo año, Rolex fue noticia por su participación en la expedición Deepsea Challenge, que llevó al director de cine James Cameron hasta el fondo de la fosa de las Marianas. Emulando la gesta realizada por el batiscafo Trieste en 1960, el Deepsea Challenger sirvió para poner a prueba un prototipo de Rolex creado para la ocasión. En esta ocasión se utilizaron tres ejemplares: dos de ellos fijados en el casco exterior, y un tercero en el brazo hidráulico. De nuevo, todos ellos resistieron perfectamente la presión generada por la columna de agua de 11 km y emergieron a la superficie del Océano Pacífico funcionando perfectamente.

La gran novedad de 2013 fue el nuevo Oyster Perpetual GMT-Master II, que por primera vez incorporaba un disco de Cerachrom bicolor –en este caso, negro y azul–, que permitía diferenciar las horas diurnas y las nocturnas del segundo huso horario. Esta innovación técnica permitiría, un año más tarde, reeditar el célebre GMT-Master II popularmente conocido como “Pepsi”, caracterizado por la combinación de azul y rojo en el bisel.

Bisel de Cerachrom tipo “Pepsi” del GMT-Master II. Este material cerámico, creado por Rolex en 2005, es extremadamente duro, no se ve afectado por la corrosión y no pierde el color por efecto de los rayos UVA.

Conjunto volante/espiral con la espiral Parachrom de Rolex, resistente a los golpes e insensible a los campos magnéticos.

Actualmente, Rolex es una de las pocas firmas capaces de controlar prácticamente todas las etapas de producción de sus relojes, incluidos los movimientos. Ello le ha permitido alcanzar un nivel de precisión que supera ampliamente los criterios exigidos por el Contrôle Officiel Suisse des Chronomètres (COSC) para conceder a un modelo la categoría de cronómetro. Para reflejar esta realidad, en 2015 la firma presentó una nueva certificación interna para todos sus modelos, e introdujo la denominación “Cronómetro Superlativo” para diferenciarla de la del COSC. Esta certificación requiere una tolerancia de marcha media del orden de -2/+2 segundos diarios, más del doble de estricta de la que se exige a un Cronómetro Oficial, y está respaldada por una garantía internacional de cinco años.

Ese mismo año, Jean-Frédéric Dufour asumió el cargo de Director General de Rolex en sustitución de Gian Riccardo Marini, con la misión de reforzar la posición de la marca en todo el mundo y mantener el compromiso con la tradición, la innovación técnica y la calidad que ha caracterizado toda su historia.

Ello, naturalmente, pasa por mantener la política de recuperación periódica de los modelos que forjaron el prestigio de la marca a lo largo del siglo XX, como el modelo Cosmograph Daytona, que en 2016 volvió con una caja de acero y bisel de Cerachrom negro; el Sea-Dweller, protagonista principal de las novedades de 2017, o el GMT-Master II, que en 2018 recuperó el famoso bisel Pepsi, esta vez acompañado de una caja de acero.

Por otra parte, en 2017 Rolex reforzó su vínculo con el mundo de la cultura con una colaboración con la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas que la llevó a patrocinar los Oscars. Además, la firma se convirtió en Founding Supporter del nuevo Museo de la Académia de Arte en Los Ángeles.

En 2020, cuando la pandemia de la Covid-19 hacía estragos en todo el planeta, Rolex tuvo ocasión de mostrar su lado más solidario colaborando con la Cruz Roja y con otras asociaciones de carácter benéfico.

Más información en: www.rolex.com

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