BAUME & MERCIER: LA PROPORCIÓN PERFECTA

En 1542, la familia Baume, originaria del Franco Condado y especializada en trabajos de établissage (nombre que recibía por aquel entonces la subcontrata en relojería), se trasladó al pueblo de Les Bois, en el valle del Jura, para establecer los orígenes de lo que algunos siglos después sería una de las principales marcas del panorama relojero: Baume & Mercier.

Los conocimientos sobre mecánica relojera fueron pasando de padres a hijos, generación tras generación, pero no fue hasta 1830 cuando los hermanos Louis Victor y Pierre-Joseph-Célestin Baume fundaron y registraron una empresa de relojería con sede en Bois, siguiendo la consigna de “no descuidar nada, fabricar únicamente relojes de la más alta calidad”.

Durante los primeros años, la manufactura se dedicó a la fabricación de relojes con ruedas de choque, para introducir más tarde el calibre Lépine con escape de cilindro (el primero de esas características realizado en el valle del Jura). Estas innovaciones permitieron que la empresa se fuese consolidando. Buena muestra de ello es el hecho de que, en 1847, los Baume decidieran que el Jura se les había quedado pequeño y que tenían que establecerse en una gran capital europea. Así que Pierre-Joseph-Célestin Baume se dirigió a Londres para fundar ahí Baume Brothers, que vio la luz en 1851.La firma continuó creciendo en las décadas siguientes. Y fue coincidiendo con el 50 aniversario de su fundación, cuando entró en escena la segunda generación familiar, dispuesta a tomar el relevo de Louis Victor. Así pues, uno de sus hijos, Alcide Eugène, se hizo cargo de la empresa suiza, mientras que otro de ellos, Arthur Joseph, se puso al frente Baume Brothers en la capital británica.

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William Baume y Paul Mercier.

Ambos demostraron rápidamente el carácter emprendedor que habían heredado de su padre, y se invo-lucraron en importantes proyectos, como la construcción del ferrocarril entre Chaux-de-fonds y Saignelégier –incluso hicieron que se desviara el trazado original para optimizar el transporte de su producción-, por lo que no tardaron en adquirir una cierta relevancia internacional.Paralelamente, Baume & Co fue ganando prestigio, y en 1885 participó por primera vez en concurso relojero, en Kew Teddington, cerca de Londres. La firma recibió varios premios. Era el preludio del gran triunfo de 1892, cuando un “cronómetro sin llave, movimiento torbellino” de Baume mereció una excepcional nota –tardaría diez años en ser superada- de 91.9 sobre 100.

Pero uno de los momentos más importantes fue cuando, en 1912, Paul Mercier se cruzó en la vida de William Baume.Paul Mercier era un ruso recientemente naciona-lizado francés –su nombre de nacimiento era Paul Tchereditchenko-, cuyos padres -un oficial zarista y de una bordadora de la fábrica Worth- habían llegado al condado de Niza, huyendo de las fronteras mongolas. Se trataba de un hombre de vasta cultura, políglota y aficionado a las artes; un verdadero emprendedor que había adquirido una posición de responsabilidad trabajando para los relojeros de Haas, después de haber empezado como ascensorista.

Fruto de la relación entre el directivo de Baume y Paul, nacía, el 27 de agosto de 1920, Baume & Mercier Ginebra. Y no podía hacerlo con mejor pie ya que el 10 de marzo de 1921 –es decir menos de un año después del registro de la marca- Baume & Mercier fue premiada por el Alto Comité de la relojería con el prestigioso Punzón de Ginebra. El galardón fue un elemento importante de promo-ción de la marca i le valió el reconocimiento internacional.

Ello coincidió en una de las épocas más creativas de Baume & Mercier que, gracias a sus relojes joya –colgantes o de muñeca- enriquecidos con piedras preciosas, se implantó en todos los continentes durante el loco periodo de entreguerras. Los años 40 vieron una gran diversificación de formas y materiales en todos los ámbitos del diseño, y Baume & Mercier participó activamente en esta pequeña revolución estética adaptando sus relojes a los diseños de espíritu vanguardista de los modelos de alta costura.

En esta línea, en 1948 creó su reloj Marquise, caracterizado por su pulsera rígida y sin cierre, con la esfera integrada, cuyo éxito llegaría hasta los años setenta, mientras que durante la década de los cincuenta se caracterizó por sus cronógrafos y por los modelos con pequeñas complicaciones. En el ámbito empresarial, la marca vivió un momento convulso cuando, en 1958, se retiraron tanto los hermanos Baume como Paul Mercier, además de Constantin de Gorski, un exiliado polaco que había entrado en el consejo de administración unos años antes, y que la había ayudado decisivamente a la empresa en los duros tiempos de la posguerra.La marcha de los principales dirigentes de la empre-sa hizo que muchos inversores extranjeros posaran su ojos sobre Baume & Mercier.

Sin embargo, la misma gente de la empresa, encabezada por gente como Marc Beuchat y René Juillerat, decidió tomar el relevo y asegurar que su futuro seguiría estando en Suiza.El 20 de octubre de 1964, la marca registraba su nuevo logotipo: la letra griega “phi” (Φ) que simboliza el número áureo y fue utilizada por Leonardo da Vinci para representar la proporción perfecta. La letra PHI está representada en todos los modelos de Baume & Mercier. 1971 también fue un año importante para la marca, pues fue el de su ingreso en la era electrónica, gracias al reloj Tronosonic, uno de los primeros en incorporar un movimiento de diapasón. Dos años más tarde, la firma recibía en Düsseldorf el premio Rosa de Oro Baden-Baden por su creatividad en las colecciones de relojes joya, gracias a modelos como el Galaxie, Mimosa o Stardust.

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La letra girega Φ (phi) fue utilizada por Leonardo da Vinci para simbolizar la perfección en las proporciones.

Al mismo tiempo, Baume & Mercier lanzó el que se convertiría en un gran clásico de la marca, el reloj Riviera. A finales de los años ochenta iba a empezar una época de cambios en Baume & Mercier, que culminaría en marzo de 1993 con la incorporación de la enseña al grupo relojero Richemont. Ello abrió una nueva etapa en la manufactura suiza, incluso con un carácter rupturista, que se materializó a través del Hampton, un reloj a la vez clásico y moderno que ha llegado hasta nuestros días en varias reediciones (se encuentra incluso entre las novedades que la marca presentó en el pasado Salón de Ginebra, como nuestros lectores pudieron ver en nuestra anterior edición), y que prefiguraba la nueva línea creativa de Baume & Mercier.

Siguiendo los mismos parámetros de respeto por la tradición y dinamismo, la marca lanzó en 1996 la línea Classima Executives. Un año después, la manufactura emprendió una renovación de los relojes brazalete con el modelo Catwalk, que resultó especialmente influyente en el panorama relojero por su gran personalidad estética.Con la llegada del nuevo milenio, Baume & Mercier quiso dar un paso adelante para garantizar la máxima calidad en todas sus piezas. Por ello, desde octubre de 2002, la empresa cuenta con su propio taller de encaje, ubicado en Brenets (a pocos kilómetros de Les Bois), con más de 1.000 m2 divididos en nueve secciones, y en el cual trabajan actualmente unos 40 empleados.

Durante los últimos años, la manufactura ha continuado en la línea de innovación estética que la ha caracterizado desde los años cincuenta, gracias a modelos como el Viceversa (2004), el primer reloj femenino en el cual la esfera se encuentra en la parte posterior de la muñeca, y no en la anterior, o la colección Business Class (2006), que pone en común las principales características estéticas y técnicas de las distintas líneas de productos de la enseña -Hampton, Riviera y Classima Executives-, desde los clásicos guilloqueados en las esferas, hasta los fondos abiertos de cristal de zafiro, pasando por las agujas azuladas aberturas en el volante.Además, la marca ha acompañado a sus últimas novedades de varias campañas publicitarias bajo el eslogan “Baume & Mercier & Me”, nacida en 2004, que también sirvió para apoyar importantes causas humanitarias. Personalidades como Meg Ryan, Kiefer Sutherland, Kim Basinger o Gary Sinise han representado la imagen de la marca a lo largo de estos años.

Este artículo ha sido publicado en el número 20 de la revista Máquinas del Tiempo.