Uno de los retos que hay que afrontar en el diseño de un movimiento es el mantenimiento de la precisión en la medida del tiempo bajo cualquier circunstancia. Hay factores intrínsecos que determinan la regularidad de marcha en un reloj, tales como la estabilidad en la entrega de la fuerza del muelle al tren de rodaje, o las fricciones de los diferentes componentes.
A lo largo de la historia de la relojería se han diseñado diferentes sistemas también influyen en la precisión, como pueden ser la temperatura, el magnetismo o la gravedad. También se han encontrado soluciones para limitar o eliminar sus efectos. Sin embargo, el problema de la gravedad merece una pequeña diferenciación, sencillamente, porque sus efectos no se pueden eliminar, pero sí compensar.

«Si no puedes con tu enemigo, únete a él”

El órgano regulador -y, más concretamente, el conjunto volante espiral-, es el elemento que más sufre los “ataques” de la gravedad, lo que tiene una influencia directa en la precisión del reloj. El movimiento de oscilación de este conjunto debe ser isócrono, es decir, la duración de cada oscilación debe ser constante, con independencia de la fuerza que se aplique; además, la duración de una alternancia –semioscilación- debe ser igual a la de su opuesta (el giro que el volante realiza en un sentido debe durar el mismo tiempo que el que realiza en sentido opuesto). Es precisamente esta propiedad, la que recibe la influencia de la gravedad como elemento externo. En el ámbito que nos ocupa, mantener el isocronismo depende, en gran medida, de que el centro de gravedad éste situado en el mismo eje de giro, lo cual, desde un punto de vista constructivo, resulta prácticamente
imposible.

Esa desviación del centro de gravedad del eje del giro del volante es lo que provoca desviaciones en la marcha del reloj: una alternancia no dura lo mismo que la otra. Este tema se agravaba especialmente en los relojes de bolsillo, debido a que la mayor parte del tiempo estaban en una posición estática, por lo que siempre se mantenía esa desviación del centro de gravedad respecto al eje de giro.
Esta problemática fue resuelta con éxito por uno de los padres de la relojería: Abraham Louis Breguet. La solución que adoptó fue, precisamente, aliarse con la gravedad, y, en lugar de eliminar los efectos que ésta provocaba en el reloj, tratar de compensarlos de forma que se eliminaran entre ellos. Nos referimos al sistema de regulación del “tourbillon”.

Aunque la patente se registró en junio de 1801, hay referencias de un prototipo realizado por Breguet en 1795 de este peculiar sistema de regulación que se ayuda de la gravedad para compensar los efectos que provoca en la regularidad de marcha del reloj. La solución pasaba por colocar el sistema de regulación dentro de una jaula que realizaba una vuelta por minuto. De esta forma, el centro de gravedad se desplazaba en un círculo, de forma que, si durante los primeros treinta segundos el reloj adelantaba, durante los otros treinta segundos el efecto contrario hacía que el reloj retrasara.

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Componentes de un movimiento tourbillon LUC.

El lugar idóneo para realizar esta modificación era la rueda segunda o de segundos, que realiza una vuelta por minuto. De esta rueda se separan el piñón por un lado y los dientes por otro. El piñón, que está en contacto con los dientes de la rueda primera del tren de rodaje, se mantiene tal cual, y sobre él se construye una jaula que gira solidaria y en su mismo eje. En cambio, los dientes se transforman en un anillo, sujeto a la platina del movimiento y sin giro alguno. Dentro de la jaula está la rueda de escape, el áncora y conjunto volante/espiral, el cual tiene el mismo eje que el piñón de la rueda de segundos. La unión de los elementos de la jaula con el tren de rodaje se realiza a través del piñón de la rueda de escape, que va recorriendo los dientes fijos de la rueda de segundos. En el esquema superior se puede ver la transformación que se realiza en el tren de rodaje habitual para pasar a un tourbillon. Para realizar esta solución, se requerían -y se requieren- unas capcapacidades artesanales extremas que permitieran conseguir el sutil equilibrio en el centro de giro. Por este motivo fueron pocos los relojeros que adoptaron este sistema en su momento, y también hoy en día son pocas las firmas capaces de desarrollar en sus propios talleres esta genial solución para compensar los efectos de la gravedad sobre la precisión de un reloj.

Aunque en los relojes de pulsera, debido a la alternancia de posiciones del calibre, este sistema no cobra el mismo sentido que en los de bolsillo, no hay ninguna duda de que sigue siendo la complicación por excelencia de la Alta Relojería, y la demostración palpable de la capacidad de buen hacer y conservación de la más exquisita tradición relojera. Chopard el tourbillon

Con la aparición de los calibres que reciben el nombre de L.U.C la manufactura ginebrina Chopard aglutina una amplia gama de especialidades y complicaciones. Términos como “extra-plano”, “gran autonomía de reserva de marcha”, “movimientos con calendario”, “sonería” y como no, “tourbillon”, han pasado a formar parte integrante del vocabulario habitual en las prestaciones de los nuevos calibres de la marca.

La incorporación del tourbillon en los movimientos de Chopard es reciente en cómputos de historia relojera. Se inició en 2003, cuando, tras varios años de desarrollo, la tradicional empresa familiar presentó su L.U.C. Quattro Tourbillon. Este reloj representó una entrada   triunfal de la marca en el distinguido grupo de manufacturas capaces de producir esta complicación. Además, se realizó con aportaciones no vistas hasta la fecha en un tourbillon de cuerda manual, con dos soluciones técnicamente innovadoras: por una parte, la inclusión de cuatro barriletes capaces de proporcionar 216 horas de reserva de marcha (nueve días de funcionamiento sin interrupción); por otra, el sistema de regulación tipo “Variner”, basado en cuatro cabezas situadas en el volante que permiten modificar la marcha del reloj sin necesidad de desmontar el tourbillon.

El calibre L.U.C 02

L.U.C 02 es la denominación del movimiento base de la nueva gama de calibres con esta complicación de la manufactura Chopard. Se trata de un calibre de carga manual, con un diámetro de 29,7 mm y un grosor de 6,1 mm. Está compuesto por 224 piezas y equipado con 33 rubíes. La frecuencia de oscilación del conjunto volante/espiral es de 4 Hz, es
decir, 28.800 alternancias por hora. El espiral presenta una curva terminal tipo Phillips.
El reloj ofrece las indicaciones de horas y minutos centrales, pequeño segundero e indicador de reserva de marcha. Cada unidad consta del certificado de cronometría expedido por el COSC (Centro Oficial Suizo de Cronometría), que garantiza las prestaciones de regularidad de marcha. El calibre cuenta, asimismo, con el prestigioso Punzón de Ginebra, lo que certifica, además de sus prestaciones cronométricas, que ha sido ejecutado según los más altos grados de calidad y refinamiento relojero.

No obstante, desde un punto de vista mecánico, lo que realmente distingue este tourbillon del resto son las soluciones adoptadas para garantizar las 216 horas de reserva de marcha mediante sus cuatro barriletes, y el sistema de regulación mediante cabezales sobre el volante de tipo Variner. Una reserva de marcha con cuat ro barriletes

La seña de identidad de los L.U.C 02 es el sistema Quattro. Se trata, como su nombre   indica, de proporcionar la reserva de marcha mediante cuatro barriletes, repartidos en conjuntos de dos. Cada conjunto corresponde a dos barriletes superpuestos que comparten el mismo eje (es decir, son coaxiales). El principal reto que debe afrontar un calibre con una gran reserva de marcha es el mantenimiento constante del par de fuerza entregado al tren de rodaje. En un solo muelle que fuera capaz de proporcionar tal reserva de marcha, los periodos inicial y final serían demasiado largos, lo que podría llevar al caso de que, durante casi la mitad del tiempo de funcionamiento, las prestaciones
se vieran comprometidas.

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Calibre LUC 02.03-L del Tourbillon Tech Steel Wings.

El sistema Quattro tiene poca pérdida de par durante el desarrollo de los muelles, lo que lleva a mantener estable la amplitud de oscilación del volante durante gran parte de la reserva de marcha: unos ocho días de los nueve. También permite disminuir la presión en los ejes del tren de rodaje, lo que supone un aumento de la vida del reloj. Los cuatro barriletes giran alternativamente, sin ningún orden en particular. Es precisamente este comportamiento lo que hace de este sistema una auténtica novedad, y donde reside la patente del mismo. Es tambiénel motivo por el cual se mantiene un par de desarrollo tan regular a lo largo del tiempo.

Como remate final, uno de los barriletes está provisto de un muelle con una brida deslizante, como la utilizada en un movimiento de carga automática, para evitar daños en el mecanismo.

Variner, el ajuste de la variación de marcha

La segunda característica particular del L.U.C 02 es el sistema Variner de regulación de la marcha del reloj La espiral oscila de forma libre sin ningún elemento que esté en contacto con él; es decir, no hay raqueta que permita modificar la longitud útil de oscilación y, por tanto, provocar un atraso o un adelanto. Además, la espiral está finalizada con una curva tipo Phillips (parecida a la Breguet más común), que ayuda a dirigir su centro de gravedad hacia el eje de giro para mejorar el isocronismo. El ajuste de la marcha con el sistema Variner se realiza a través de cuatro cabezas locas situadas en los brazos del volante, que permiten variar el momento de inercia del mismo y, por tanto, inciden en el adelanto o retraso del movimiento cuando es necesario. Además, esta solución tiene la ventaja de permitir el ajuste sin necesidad de desmontar el tourbillon.

Los otros L.U.C 02

A partir del movimiento base, y manteniendo sus características esenciales, la manufactura Chopard ha realizado algunas variantes con novedosas soluciones técnicas que giran entorno al uso de avanzados materiales. Una de ellas es el L.U.C 02.08-L, que da vida al L.U.C Tourbillon Titan SL. La particularidad de este reloj es la extraordinaria ligereza (SL “super ligero”, “super Light”) que le proporciona el uso del titanio como material para la construcción de la caja.Sin embargo, también el movimiento ayuda a contribuir a su nombre, ya que la caja del  en aluminio (material, como es sabido, utilizado
en la industria aeroespacial por sus buenas prestaciones de densidad y porque, combinado con el oxígeno, forma rápidamente una capa oxidada transparente muy dura, que sirve de escudo contra la corrosión).Las ventajas que proporciona la reducción de peso
del órgano regulador inciden en la mejora de la estabilidad de la marcha. Menor peso también equivale a menor energía necesaria para mover el conjunto.

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Modelo L.U.C Tourbillon Tech Twist Carbono.

Otro calibre basado en el L.U.C 02 es el L.U.C 02-12-L con el que está equipado el L.U.C Tourbillon Tech Twist. Este reloj recibe su nombre “Twist” del giro de 30 grado en el sentido de las agujas del reloj que se ha aplicado al movimiento. Esta peculiaridad hace que la corona se desplace a las cuatro y la ventana del tourbillon, a las siete.

En cuanto al sistema de regulación, Chopard vuelve a experimentar con nuevos materiales. En este caso, se trata del silicio, un material que en los últimos tiempos se está introduciendo en los sistemas de regulación debido a sus propiedades de ligereza y, especialmente, por sus cualidades antimagnéticas, muy apreciadas en relojería. Los componentes que están realizados en dicho material son la rueda de escape y el áncora, que está ejecutada de forma monobloque, con dardo y paletas integradas. La utilización de este material más ligero que el acero en estos elementos, unida al uso del aluminio ennegrecido (la platina principal, los puentes y ciertas piezas visibles del movimiento están recubiertos con tratamiento de PVD negro) en la jaula del tourbillon, consiguen disminuir considerablemente el peso de todo el órgano regulador respecto a la ejecución tradicional en acero.

Este artículo ha sido publicado en el número 41 de la revista Máquinas del Tiempo.

Por Ernest Valls.

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