Si bien hoy en día los relojes con sonería o con repetición, son, junto a los tourbillon, una muestra de gran habilidad relojera en su realización, los primeros diseños nacieron de una necesidad práctica y no de un alarde de maestría relojera. Fue algo tan sencillo como saber la hora a partir de la puesta del sol, o bien en los viajes en carruaje, lo que motivó la aparición de la sonería en los relojes: nació por la indispensable ansiedad de conocer las horas a oscuras.
Un poco de historia
La primera constancia de relojes con sonería es pareja a la aparición de relojes de bolsillo, es decir hacia finales del siglo XV, aunque no se sabe qué maestros relojeros realizaron este tipo de piezas hasta bien entrado el siglo XVII.
Varios han sido los maestros relojeros que de una u otra manera contrubuyeron a que podamos hoy en día disfrutar de estas magníficas piezas. Jean Baptiste Duboule, (Ginebra, 1615-1694) fue el inventor, en 1645, de uno de los primeros relojes con sonería, que hoy se conserva en el British Museum de Londres. Aunque pretendía ser un reloj portátil, su tamaño de diez centímetros de diámetro lo impedía.
Edward Barlow (Manchester, 1636-1716), nacido como Edward Booth pero que toma el apellido de su primera esposa, fue relojero en Londres. De él es el dispositivo que “cuenta” las horas que deben ser repicadas.El sistema de repetición de horas y de cuartos lo debemos a Daniel Quare (Somersetshire, 1649-1742), aunque existe cierta polémica, ya que se disputó la patente de este sistema con Edward Barlow, hacia 1680. El rey Jacobo II fue árbitro de la contienda, y dio como “vencedor” a Quare.
Para tener relojes con repetición de minutos hubo que esperar casi un siglo, hasta que en 1750, el maestro relojero Thomas Mudge (Exeter, 1717-1794) realizó los primeros modelos.
Sin embargo fue el ilustre maestro Abraham-Louis Breguet (Neuchâtel, 1747-1823) quien, en 1783 reemplazó las pequeñas campanas utilizadas hasta la fecha para dar sonoridad a este tipo de relojes, por resortes circulares alojados en el perímetro del movimiento. Con ello estableció la base de la actual técnica constructiva de los relojes con sonería.
El “Grande et Petite Sonnerie” de François-Paul Journe presenta un diseño fuera de lo común en este tipo de relojes. El martillo se puede observar a través de la esfera y el mecanismo de sonería se sitúa en el reverso del reloj, en lugar debajo de la esfera. El movimiento está compuesto por más de 450 piezas, late a 21.600 alternacias por hora, tiene un diámetro de 13 líneas y un grosor de 6,8 mm. Dispone de dos barriletes, uno para el movimiento y otro para la sonería, y 33 rubíes.
¿Cómo se llaman?
Cabe establecer la distinción entre las sonerías activas o repeticiones, que suenan únicamente a petición, y las sonerías pasivas o grandes y pequeñas sonerías, que suenan al paso. Podemos encontrar en el mismo reloj repetición y sonería a la vez y, ampliando el concepto de relojes que “suenan”, no debemos olvidarnos de los relojes con alarma.
Repetición de cuartos: toca un golpe grave para cada hora y un doble golpe agudo-grave para cada cuarto de hora.
Repetición de semicuartos: toca un golpe grave para cada hora, un doble golpe agudo-grave para cada hora y un golpe agudo para la segunda mitad del cuarto.
Repetición de cinco minutos: hay dos formas de este tipo. Una de ellas toca un golpe grave para cada hora y horasun golpe agudo para cada cinco minutos, sin tocar los cuartos de hora. La otra toca un golpe grave para cada hora, un doble golpe agudo-grave para cada cuarto de hora y un golpe agudo para cada cinco minutos más allá de un cuarto.
Repetición de minutos: también hay dos formas de esta repetición. Una toca un golpe grave para cada hora, un doble golpe agudo-grave para cada cuarto de hora y un golpe agudo para cada minuto más allá de un cuarto. La otra toca un golpe grave para cada hora, un doble golpe agudo-grave para cada período de 10 minutos y un golpe agudo para cada minuto más allá del período de 10 minutos.
«Grande Sonnerie»: son aquellos que repican las horas a las horas, y repican las horas y los cuartos a los cuartos, todo ello de forma automática, al paso.
«Petite Sonnerie»: son los que repican las horas a las horas pero en los cuartos sólo repican cuartos.
¿Cómo funciona una repetición de minutos?
De forma general el mecanismo de sonería está diferenciado del mecanismo del reloj propiamente dicho, disponiendo para sí, de su barrilete, de las piezas y sistemas necesarios para la activación de los martillos y de los timbres sonoros.
Cada indicación, horas, cuartos y minutos, consta de su propio conjunto de piezas que provocan la acción de la sonería. Cada conjunto de piezas se compone de un caracol, un rastrillo y una leva que acciona el martillo.
Los timbres
Los timbres son varillas de sección redonda cuya longitud y diámetro difieren acorde a la tonalidad deseada. Van dispuestos en circulo, bordeando el movimiento y están sólidamente anclados sobre la platina base.
Los martillos
Los martillos son de acero templado, y están situados generalmente de forma opuesta a cada lado del barrilete de la sonería, pivotando cada uno sobre un eje. El martillo de las horas golpea sobre un timbre grave para la sonería de las horas y el segundo golpe de los cuartos. El martillo de los minutos golpea sobre un timbre agudo para los minutos y el primer golpe de los cuartos.
El golpe del martillo hace vibrar el timbre, actuando la caja del reloj como recinto de resonancia. El ajuste de una sonería precisa de especial atención para que la fuerza que se aplica sobre el timbre sea la justa: ni demasiado fuerte, ya que ello atenuaría el sonido; ni demasiado flojo, ya que apenas podría oírse.
Los caracoles
Los caracoles son la memoria del mecanismo de sonería. Su nombre se debe a su particular forma, especialmente el de las horas. No son más que levas, sobre las cuales vienen a tomar apoyo los palpadores de los rastrillos. Existe un caracol por cada cómputo de tiempo que precisa ser transformado en sonido. Así habrá un caracol para las horas, otro para los cuartos y otro para los minutos. Son el nexo de unión entre el sistema de sonería y el sistema del reloj, ya que generalmente están encastrados en el cañón de los minutos, por lo que giran solidarios con él.
Los rastrillos
El rastrillo es la pieza que sirve de unión entre los caracoles y los martillos. Por una parte, tiene un palpador que, al accionar el pulsador de la sonería, “lee” la cantidad de repiques que debe realizar y, por otra, cuenta con un dentado circular con un número de dientes en función de tiempo que deben repicar.
El rastrillo de las horas consta de 12 dientes, el de los cuartos de dos grupos de tres dientes para una repetición sobre dos timbres y el de los minutos consta de 14 dientes.
La sorpresa
Sorpresa es el nombre que recibe el dispositivo de seguridad situado bajo el caracol de los minutos y que evita que toque a destiempo (se descuente en los repiques) en el momento de pasar de un cuarto de hora a otro.
La magia del sonido de las horas
Esta magia se inicia en el momento en que accionamos el pulsador de sonería. Entonces se desencadenan toda una serie de órdenes mecánicas encaminadas a proporcionarnos el tañido que nos indicará la hora.
En el momento de activar el mecanismo, se arma el barrilete de la sonería mediante una cremallera. Un tren de engranajes que finaliza en un regulador es el encargado de dosificar el destensado del barrilete y de que se realice a velocidad constante. A su vez, esta cremallera dará orden a los rastrillos para que “lean” cuantos repiques deben realizar, apoyándose en los caracoles correspondientes y así finalmente, se remite la orden a los martillos, que golpearan con precisión y delicadeza los timbres.
Y hasta aquí nuestro particular y sonoro recorrido por los relojes que ponen música a las horas. Para el próximo número nos reservamos la complicación relojera por excelencia: el tourbillon.
Este artículo ha sido publicado en el número 16 de la revista Máquinas del Tiempo.




