Baume & Mercier
Riviera Chronograph 10827
La emoción del segundo
Por Ernest Valls
Baume & Mercier
Riviera Chronograph 10827
La emoción del segundo
Por Ernest Valls

La colección Riviera se amplía con cuatro nuevos cronógrafos que reafirman la faceta más contemporánea de Baume & Mercier. En el centro de esta evolución late el Riviera Chronograph M0A10827, una pieza que condensa medio siglo de historia y estilo. Su diseño bicolor y su equilibrio perfecto entre fuerza y elegancia hacen de él algo más que un reloj: una invitación a sentir cada segundo como una emoción irrepetible.
Hay marcas que persiguen la precisión como un fin; Baume & Mercier la convierte en una forma de equilibrio. Desde sus orígenes en el corazón del Jura suizo, esta “maison” ha entendido el tiempo no como una carrera, sino como una manera de vivirlo con armonía: entre técnica y emoción, entre tradición y modernidad, entre rigor y elegancia.
La historia comienza en 1830, cuando los hermanos Louis-Victor y Célestin Baume fundan un pequeño taller en Les Bois bajo un lema que sigue definiendo su espíritu: “Aceptar solo la perfección, fabricar solo relojes de la más alta calidad”. En un mundo donde la relojería aún estaba dominada por artesanos, aquel principio marcó una ambición distinta: crear instrumentos precisos, pero también bellos, capaces de acompañar los momentos importantes de la vida.

Para celebrar los 20 años del Riviera, Baume & Mercier presentó, en 1993, el primer modelo de la colección con función de cronógrafo.
Durante el siglo XIX, Baume & Mercier se dio a conocer por su extraordinaria fiabilidad. Sus relojes triunfaron en los concursos de cronometría del Observatorio de Kew, en Inglaterra, donde la firma obtuvo en 1887 la mejor puntuación del certamen con un cronógrafo con función de ratrapante, y en 1892, un récord histórico con un cronómetro con escape de tourbillon. Aquel dominio técnico consolidó su reputación en el ámbito de la precisión, pero también sembró la semilla de algo más: la búsqueda del equilibrio entre la ciencia y el arte del tiempo.
Ese espíritu alcanzó una nueva dimensión a principios del siglo XX, cuando William Baume se asoció con Paul Mercier. El encuentro entre el relojero suizo, heredero de la tradición familiar, y el esteta cosmopolita con sensibilidad artística dio origen a la “maison” tal como hoy la conocemos. Paul Mercier aportó la visión de la forma, la elegancia de la proporción y el sentido del estilo que marcarían la identidad visual de Baume & Mercier. Nacía así una filosofía singular: la relojería debía ser técnica, sí, pero también emocional.


El Riviera Chronograph M0A10827 condensa medio siglo de historia y estilo. Su fondo transparente permite apreciar el movimiento automático que late en su interior.
Durante los años 20 y 30, la firma se impregnó del espíritu Art Déco. De aquella época datan piezas que hoy son iconos de diseño, como los relojes con caja rectangular que más tarde inspirarían la colección Hampton. En ellos convivían la precisión suiza y la estética de una era moderna, optimista, urbana. Cada modelo parecía decir que el tiempo también podía vestirse con elegancia.
Las décadas de 1940 y 1950 consolidaron el saber hacer de la “maison” en materia de cronógrafos. Los modelos con escalas taquimétricas y telemétricas, y las versiones con triple fecha o fase lunar reflejaban una perfecta fusión de mecánica y refinamiento. En aquellos años, Baume & Mercier produjo algunos de sus relojes más codiciados: piezas de oro, con cajas cuadradas o cojín, que transmitían la serenidad de la precisión y la pureza del diseño.
El siguiente salto técnico llegó en los años 50, cuando la “maison” adquirió C.H. Meylan Watch SA, lo que le permitió producir sus propios movimientos. Ese paso decisivo aseguró la autonomía creativa de la marca y reforzó su obsesión por el detalle. La técnica dejaba de ser un medio para convertirse en una forma de expresión.
En los años 60 y 70, Baume & Mercier abrazó el cambio de época sin perder su identidad. Mientras la sociedad se liberaba de viejas normas, la relojería también buscaba nuevos lenguajes. En 1973, la “maison” presentó el Riviera, un reloj de acero con caja dodecagonal que rompía con lo establecido. Era deportivo pero elegante; robusto pero sofisticado. Inspirado en el estilo “sport chic” de la Costa Azul, el Riviera inauguró una nueva manera de entender el lujo: con libertad, luz y carácter propio. Aquel diseño se convertiría en un símbolo de su tiempo y en un puente hacia el futuro.
Las décadas siguientes trajeron modernidad y expansión. En los años 80, la “maison” reinterpretó la geometría del Hampton como homenaje al Art Déco; en los 90, el Capeland rescató el espíritu de los cronógrafos vintage con una elegancia contemporánea.
Cada colección reflejaba una faceta distinta del mismo ideal: la búsqueda del equilibrio entre forma y función, entre herencia y modernidad.


La caja de acero inoxidable, de 41 mm, mantiene las doce facetas originales, alternando superficies pulidas y satinadas en un juego de reflejos que realza su carácter geométrico. Los contadores, con decoración «snail», muestran un fino grabado en espiral que evoca las vueltas concéntricas de un caparazón.
Como emblema de esa armonía, Baume & Mercier adoptó la letra griega Phi (Φ), símbolo universal de la proporción áurea. Representa la belleza medida, el equilibrio perfecto entre las partes, la unión de razón y emoción. Más que un logotipo, el Phi se convirtió en la firma filosófica de la “maison”: un recordatorio de que la verdadera perfección no está en la simetría rígida, sino en la armonía viva de cada detalle.
Ya en el siglo XXI, Baume & Mercier reafirmó su papel como una firma relojera que combina lujo, autenticidad y accesibilidad. Lejos del elitismo, su propuesta se centró en la calidad y el diseño al servicio de quien valora el tiempo vivido, no solo medido. La llegada del calibre Baumatic marcó una nueva era: movimientos automáticos con reserva de marcha de hasta cinco días, precisión cronométrica y resistencia antimagnética, acompañados por un diseño sobrio y atemporal.
Hoy, casi dos siglos después de su fundación, Baume & Mercier sigue fiel a su esencia. Desde la manufactura de Les Brenets hasta su sede de Ginebra, la “maison” cultiva el arte del equilibrio: entre tradición y vanguardia, entre tecnología y emoción, entre la precisión del reloj y la imperfección hermosa del tiempo humano. En ese punto exacto –donde el pulso del movimiento se confunde con el latido de quien lo lleva– es donde Baume & Mercier sigue midiendo la vida.
Ese equilibrio encuentra su expresión más actual en los nuevos cronógrafos Riviera, que reinterpretan el espíritu de un icono nacido en 1973 y lo proyectan hacia el presente con una energía renovada. Una colección que celebra el tiempo no solo como medida, sino como emoción.
Y quizás por eso, cuando se desvela un nuevo cronógrafo Riviera no se trata solo de la presentación de un reloj. Es la continuación de una historia de armonía, ritmo y emoción que empezó hace casi dos siglos, y que todavía hoy late con la misma convicción: la de vivir el tiempo con equilibrio.

El Riviera Chronograph M0A10827 encarna el equilibrio entre herencia y modernidad. Su diseño sobrio y su movimiento preciso consolidan al Riviera como un icono del sport chic contemporáneo.
Riviera Chronograph M0A10827
Hay relojes que miden el tiempo y otros que lo representan. El nuevo Riviera Chronograph M0A10827 pertenece a esta segunda categoría: un reloj de precisión que expresa, ante todo, equilibrio y carácter. Su estética bicolor –negro y blanco, luz y sombra– resume el principio que ha guiado Baume & Mercier desde 1830: el arte de la proporción, la búsqueda de la armonía entre opuestos.
El Riviera es, desde su creación en 1973, un icono del estilo “sport chic”. Nació en plena revolución del acero, cuando la relojería descubría que la elegancia también podía ser deportiva. Su caja dodecagonal –12 lados, como los meses del año o como las horas que ordenan nuestra vida– se convirtió en una firma reconocible al instante. Medio siglo después, el M0A10827 actualiza ese espíritu con proporciones más compactas y un acabado más refinado, sin perder la personalidad mediterránea que le dio origen.
La caja de acero inoxidable, de 41 mm, mantiene las doce facetas originales, alternando superficies pulidas y satinadas en un juego de reflejos que realza su carácter geométrico. Su cristal de zafiro abombado protege una esfera en la que el contraste es protagonista. El negro y el blanco dialogan con sobriedad, evocando los cronógrafos clásicos de los años 50. Bajo esa elegancia se esconde un movimiento automático de 4 Hz, con 48 horas de reserva de marcha, fiable y regular: el Valjoux 7753, una evolución del célebre calibre Valjoux 7750, adaptado para ofrecer una disposición tricompax de los contadores en la esfera.
El Riviera Chronograph M0A10827 transmite serenidad y control. Su diseño bicolor y su legibilidad clara refuerzan una sensación de orden y precisión. Los contadores, con decoración “snail”; las agujas, facetadas y recubiertas de Super-LumiNova, y los índices romanos aportan coherencia visual y profundidad sin artificio. Cada detalle parece pensado para durar, no para destacar.

Riviera Chronograph
Day-Date M0A10825 con caja de acero de 41 mm, calibre automático Valjoux 7750 y esfera negra.

Riviera Chronograph
Day-Date M0A10826 con caja de acero de 41 mm, calibre automático Valjoux 7750 y esfera azul profundo.
En la muñeca, ofrece una presencia equilibrada. Con 13,94 mm de grosor, se siente sólido pero cómodo, más ligero de lo que su construcción sugiere. El brazalete de acero, pulido y satinado, prolonga la geometría de la caja y se integra con naturalidad. Su sistema de intercambio –sin herramientas– responde a una lógica práctica y moderna, fiel al espíritu funcional del Riviera.
El diseño conjuga modernidad y herencia. La tipografía de los números romanos evoca el clasicismo de la Maison, mientras que la corona octogonal, con el emblema Phi, y los pulsadores suavemente redondeados aportan identidad contemporánea. La hermeticidad de 100 metros completa un conjunto preparado tanto para el uso diario como para el ocio deportivo.
En este cronógrafo, la función no eclipsa la emoción. Cada pulsación del botón es un gesto sencillo que recuerda el valor del instante. En lugar de competir con el tiempo, lo acompaña. Es un reloj pensado para quienes aprecian la precisión, pero también el ritmo tranquilo de las cosas bien hechas.
El M0A10827 no busca protagonismo, ofrece confianza. Su estilo atemporal lo hace versátil: formal con traje, natural con ropa informal. Más que una pieza de tendencia, es una declaración de coherencia estética. En un mercado donde muchos relojes pretenden llamar la atención, este Riviera convence por discreción.
Baume & Mercier ha hecho de él su manifiesto contemporáneo. En sus proporciones equilibradas, en la luz que se refleja sobre sus facetas y en la regularidad de su movimiento late el mismo ideal que guía la “maison” desde hace casi dos siglos: vivir el tiempo con equilibrio.

Riviera Chronograph Flyback M0A10828 con caja de acero de 41 mm, calibre automático
La Joux-Perret 8310 y esfera dorada. Edición limitada a
73 ejemplares.

Riviera Chronograph M0A10827 con caja de acero de 41 mm, calibre automático Valjoux 7753 y esfera “panda”.
Las otras caras del tiempo: tres interpretaciones del Riviera
El Riviera Chronograph M0A10827 no está solo. Junto a él, tres nuevas versiones completan una colección que celebra el tiempo en todas sus formas, desde la precisión deportiva hasta la elegancia relajada.
El más exclusivo es el Riviera Chronograph Flyback M0A10828, una edición limitada a 73 ejemplares, en homenaje al año de nacimiento de la colección. Su caja de acero inoxidable, de 41 mm, alberga un movimiento con función “flyback”, taquímetro y telémetro: una herramienta de precisión que permite detener, poner a cero y reiniciar el cronógrafo con un solo gesto. La esfera dorada, con cepillado vertical y detalles en Super-LumiNova beige, rinde tributo a la estética de los años 70, cuando el Riviera inauguró la era del “sport chic”. La función “flyback” está impulsada por el calibre La Joux-Perret 8310, un movimiento automático de alta gama con 42 horas de reserva de marcha y frecuencia de 4 Hz, que combina robustez técnica y una gran suavidad de accionamiento. Es una pieza pensada para quien concibe el cronógrafo no solo como instrumento de medida, sino como reflejo de impulso y precisión.
Más contemporáneos son los Riviera Chronograph Day-Date M0A10825 y M0A10826, reinterpretaciones en 41 mm del modelo de 43 mm ya existente. Ambos conservan la geometría dodecagonal y el equilibrio visual característicos de la colección, pero cambian de tono según su personalidad: el M0A10825 apuesta por la fuerza del negro con detalles blancos, mientras que el M0A10826 ilumina la muñeca con un azul profundo de reflejos marinos. Equipados con el calibre automático Valjoux 7750, ofrecen funciones de día y fecha, una reserva de marcha de 48 horas y una frecuencia de 4 Hz, garantizando precisión y fiabilidad en el uso diario. Con una hermeticidad de 100 metros, combinan la solidez técnica con la versatilidad de un estilo que se mueve con la misma naturalidad entre la ciudad y el mar.
Cada uno de estos cronógrafos traduce el espíritu Riviera a su manera. El Flyback encarna la precisión y el legado técnico; los Day-Date representan la energía moderna y versátil, y el M0A10827, con su equilibrio perfecto entre blanco y negro, resume el alma de la colección: la unión de luz y sombra, pasado y presente, tiempo y emoción.
Más información en: baume-et-mercier.com


