Desde hace algunas temporadas, la Maison Cartier nos sorprende cada año con una nueva creación en la que la técnica rivaliza con la estética. En 2010, la novedad fue el calibre 9451 MC, también conocido como ‘Astrotourbillon’.
La complicación más apreciada
El 1801 Abraham Louis Breguet patentó el tourbillon. Hoy, más de dos siglos después, se ha convertido en la complicación por excelencia y alimenta la imaginación de los relojeros para disfrute de los aficionados de la Alta Relojería. Es un reflejo del buen hacer y de la experiencia que sólo unos pocos maestros son capaces de reinventar.
El invento tenía un doble objetivo: por una parte, crear un error de marcha promedio para todas las posiciones verticales; y por otra, garantizar una distribución homogénea de los lubricantes, si bien este último aspecto, apuntado por Breguet en el documento original, apenas se menciona en las descripciones actuales del tourbillon. Es frecuente encontrar descripciones en las que se manifiesta que el tourbillon elimina los efectos de la gravedad en la posición vertical del reloj, lo cual no es correcto. El tourbillon hace que los componentes del escape, cuyo funcionamiento es sensible a los cambios de posición, no se queden durante mucho tiempo en la misma posición; de esta forma, crea un error de marcha único, promedio de las posiciones verticales, que simplifica la tarea de ajuste del reloj. El relojero sólo tendrá que ajustar el reloj en las posiciones planas, tomando como una única referencia el error en posición vertical. El reloj, como consecuencia, debe mantener una mejor regularidad de marcha que con un sistema tradicional.

Además, el tourbillon no puede cumplir su cometido si no está perfectamente concebido y minuciosamente ajustado. Un tourbillon de fabricación mediocre hará que un reloj se comporte de forma imprecisa; provocará una marcha tan inestable que no será capaz de crear un error promedio en posición vertical, por lo que no garantizará unas buenas prestaciones de cronometría. El tourbillon precisa de más energía que un sistema tradicional. El muelle no sólo debe alimentar el escape, sino que además debe pro- porcionar fuerza motriz suficiente para el giro de la jaula. Ésta y todos sus componentes deben ser lo más ligeros posibles para asegurar una óptima distribución de la energía. No basta con aumentar el par motor del muelle, ya que con ello sólo se conseguirá aumentar los rozamientos, así como el esfuerzo sobre los pivotes del eje del volante y, en definitiva, aumentar el desgaste general del reloj. Por este motivo, desde su invención, su creación ha estado reservada a un reducido grupo de relojeros que poseían talento y la capacidad de dedicar los recursos necesarios para su diseño y fabricación.
Los desafíos de diseño para Cartier
La Maison Cartier se ha enfrentado a tres desafíos diferentes para el desarrollo del Astrotourbillon: el primero era diseñar un tourbillon fiel a la estética de Cartier; después, era preciso garantizar las prestaciones de cronometría prometidas en la génesis del tourbillon; por último, ni la estética ni sus prestaciones debían comprometer su legibilidad ni la capacidad de soportar un uso diario.
El cuidado que Cartier ha dedicado históricamente a conseguir una exquisitez estética en sus relojes im ponía que el tourbillon, a pesar de su sofisticación, no representase una mera ostentación de técnica; al contrario, el domino de la técnica debía estar al servicio del refinamiento y de la elegancia. El equipo dirigido por Carole Forestier-Kasapi, responsable del desarrollo de movimientos de Cartier, fue el encargado de la creación de este movimiento. Su punto de partida era doble: por un lado, que el movimiento de rotación de la jaula fuera fascinante; por otro, honrar la tradición del reloj misterioso, por lo que tenía que parecer que la jaula no guardaba relación alguna con el resto del mecanismo.
El resultado de cinco años de trabajo ha sido este Astrotourbillon, un movimiento de tourbillon cuya jaula no tiene el diseño típico, sino que es solidaria con una estructura en cuyo extremo se sujeta el sistema de regulación (volante/espiral, rueda de escape y áncora). Además, su eje de rotación está ubicado en el centro del reloj, por lo que el centro del volante se sitúa en línea y no en el mismo eje. Estas particularidades ofrecen un misterioso impacto visual, ya que el sistema de regulación se desplaza como suspendido por el recorrido de la aguja de los minutos.
Las particularidades diferencial es del Astrotourbillon
En el dibujo 1 se puede ver el esquema del sistema de engranaje de un reloj y de un tourbillon convencionales. La rueda segunda se transforma en una jaula sobre la que se coloca todo el sistema de regulación. Por este motivo, en la mayoría de tourbillones la jaula realiza un giro completo cada minuto, y a menudo se utiliza como segundero horario. Es importante señalar que en un tourbillon la rueda segunda o de los segundos se divide en dos partes: el piñón, que sigue siendo un elemento móvil, y la rueda dentada, que pasa a ser fija, y sobre la cual se desplaza el piñón de la rueda de escape.
Además, todo el sistema de engranajes, tanto del rodaje como del tourbillon, está en un mismo plano. El Astrobourbillon, como se muestra en la figura 4, está dotado de dos barriletes. Puede verse -a la izquierda y de color marrón- la rueda de centro, que es la que engrana con uno de ellos. Ésta transmite el movimiento a la rueda primera -de color azul claro- que a su vez actúa directamente sobre el piñón de la rueda segunda -en color morado oscuro-, solidario con una rueda dentada –en color amarillo. Ésta no actúa como dentado de la rueda segunda propiamente dicho –que, como hemos comentado, en un tourbillon es fija-, sino que sirve de mero engranaje auxiliar para poder elevar a otro plano el tourbillon. Ello lo consigue mediante un eje con dos piñones, situado a su derecha. El piñón superior es el que engrana con la “jaula” del tourbillon. La parte fija puede verse en el dibujo 4; es la pieza con tres agujeros que tiene un dentado exterior y engrana, a su derecha, con el piñón de la rueda de escape. El dibujo 5 muestra todo el conjunto completo del sistema de rodajes y del tourbillon.

Dibujos 4 y 5, que muestra la disposición del tren de engranajes en el Astrotourbillon.
El diseño constructivo
Para que el Astrotourbillon funcione perfectamente y ofrezca unas buenas prestaciones de cronometría, debe construirse con extrema precisión. Un punto vulnerable en este sentido reside en la concentricidad que debe poseer el eje central del reloj con el dentado de la rueda segunda, que es fijo. Una variación en la profundidad de engrane entre sus dientes y el piñón de la rueda de escape daría lugar a errores en la marcha del movimiento.
La estructura del tourbillon está realizada en titanio (para lograr el menor peso posible del conjunto), excepción del contrapeso, que es de platino. Éste está situado en el extremo del volante y queda disimulado debajo del dial superior, como se puede ver comparando los dibujos 6 y 7. Otro aspecto interesante en su concepción es que todo el conjunto se sustenta sobre un cojinete con rodamientos de bolas de cerámica, que no precisan lubricación. Esta solución también permite que el eje de la caja tenga un tamaño suficiente para garantizar una óptima estabilidad y una mayor seguridad contra los efectos de los choques mecánicos.
La resistencia a los choques de este calibre es, posiblemente, la mayor evidencia de la efectividad de su construcción. Para que un reloj de pulsera se considere resistente a los golpes debe cumplir con la normativa ISO 1413, la cual exige que sea capaz de resistir la caída libre desde un metro de altura. Ello supone absorber el efecto de una desaceleración prácticamente instantánea, soportando una fuerza de 3.000 g. Evidentemente, la Maison Cartier no pretendía que el Astrotourbillon fuera un reloj deportivo, pero sí ha demostrado un dominio de la técnica que le permite superar con creces la prueba, después de haber sometido al reloj a esfuerzos superiores a los 5.000 g.
¿Es un tourbillon o un carrusel?
Quizá es la cuestión que más interesa a los aficionados: en qué categoría cabe ubicar al Astrotourbillon. Clasificar movimientos revolucionarios y de concepto nove doso supone un verdadero reto, ya que en la mayoría de ocasiones la nomenclatura no evoluciona a la misma
velocidad que la técnica. Antes de continuar, hay que hacer un inciso, y es que algunos puristas no consideran al tourbillon como una complicación, sino como un sistema de regulación, que es realmente lo que es, ya que su función primordial es velar por la buena marcha del reloj en las posiciones veticales.
En la actualidad se aceptaban dos tipos de este tipo de dispositivos en función de la ubicación del volante: en el tourbillon tradicional, el eje del volante coincide con el eje de la rueda segunda y, por lo tanto, con el de rotación de la jaula; en el carrusel, en cambio, el eje del volante no coincide con el de la rueda segunda, sino que gira a su alrededor (de ahí su nombre, ya que el volante se asemeja a un caballo que da vueltas en un tiovivo).
En el caso del Astrotourbillon se da la concentricidad del eje de giro de la jaula y el de la rueda segunda, pero no así del eje del volante, de modo que técnicamente no entra en ninguna de las dos categorías. Es por ello que Maison Cartier lo define como un tourbillon carru
Este artículo ha sido publicado en el número 32 de la revista Máquinas del Tiempo.


