Piaget

Altiplano

Altura sin espesor

Por Ernest Valls

Piaget presenta dos nuevas creaciones Altiplano, en oro y verde caqui, fieles al espíritu de una colección que ha hecho de la delgadez una forma de expresión. El Altiplano Ultimate Concept Tourbillon y el Altiplano 910P representan dos visiones de una misma herencia: la radicalidad técnica llevada al límite y la elegancia depurada pensada para el día a día. En ambos, mecánica y diseño conviven con una naturalidad que solo una gran “maison” puede permitirse.

Piaget Altiplano: cuando la altura no se mide en volumen

El nombre Altiplano no es un recurso poético ni una licencia exótica. En Piaget, como en casi todo lo que realmente importa, hay intención. El Altiplano andino es una de las mesetas más extensas y elevadas del planeta: cerca de 1,8 millones de kilómetros cuadrados, una superficie mayor que la de España, Francia y Alemania juntas, suspendida a una altitud media próxima a los 4.000 metros sobre el nivel del mar. Y, sin embargo, su rasgo más definitorio no es la altura, sino la planitud. No impresiona por picos ni por relieves abruptos, sino por una horizontalidad casi infinita, silenciosa, abstracta.

Esa paradoja —estar muy alto sin sobresalir— explica mejor que cualquier eslogan la filosofía que Piaget lleva décadas cultivando en la relojería extraplana. Porque el Altiplano no es solo un lugar, es una idea: la de alcanzar cotas técnicas extremas sin recurrir al volumen, al exceso ni a la complejidad visible. La de convertir la delgadez en un lenguaje propio.

Piaget comenzó a trazar este camino mucho antes de que Altiplano fuera el nombre de una colección. En 1957, la «maison» presentó el calibre 9P, un movimiento manual de apenas 2 mm de grosor que redefinió los límites de la relojería extraplana de su tiempo. Tres años más tarde, en 1960, el calibre 12P, automático y de 2,3 mm, equipado con microrrotor, volvió a elevar el listón al integrarse en el primer reloj automático ultraplano de la firma.

No fue hasta finales de los años noventa cuando Piaget decidió reunir toda esta herencia bajo un mismo nombre y darle forma de colección. Así nació el Altiplano, presentado como un reloj de vestir de líneas esenciales, animado por el calibre manual 430P. Un modelo de pureza casi radical, con caja redonda, esfera depurada y una lectura deliberadamente clásica, donde el propio nombre encontraba su sentido: Altiplano no describe solo la finura de estos relojes, sino su posición dentro de la alta relojería; una altura técnica alcanzada mediante la depuración y no mediante la acumulación. Como la meseta andina, el Altiplano relojero no necesita sobresalir para hacerse notar.

En el Altiplano Ultimate Concept Tourbillon, el fondo de la caja no es un simple cierre: se convierte en la platina base del movimiento, clave de su extrema delgadez.

Con el tiempo, esta filosofía se ha expresado de dos maneras complementarias: por un lado, el Altiplano como reloj elegante y plenamente usable; por otro, el Altiplano Ultimate Concept, donde Piaget replantea la arquitectura del reloj hasta fundir caja y movimiento en una sola entidad. No son caminos opuestos ni existe entre ellos una jerarquía implícita. Ambos responden a una misma convicción: la verdadera complejidad no necesita imponerse a la vista y la excelencia, cuando es auténtica, puede permitirse ser discreta.

En este contexto, el Altiplano Ultimate Concept Tourbillon y el Altiplano 910P no representan una ruptura, sino una continuidad. Dos expresiones contemporáneas de una misma idea que Piaget lleva décadas afinando: la máxima altura técnica expresada mediante la mínima altura física. 

Altiplano 910P: la finura como forma de elegancia

El Altiplano 910P es, probablemente, uno de los mejores ejemplos de lo que Piaget entiende por reloj extraplano contemporáneo. Con 41 mm de diámetro y apenas 4,3 mm de grosor, logra algo nada evidente: ser espectacular sin parecerlo.

La clave está en el calibre 910P, un movimiento automático ultraplano en el que la platina forma parte integral de la propia caja, una solución que permite eliminar capas superfluas y ganar décimas vitales. El uso de un rotor periférico no responde aquí a ningún alarde técnico, sino a una decisión lógica para preservar la delgadez sin renunciar a la carga automática. El movimiento trabaja a una frecuencia de 21.600 alternancias por hora (3 Hz), cuenta con 30 rubíes y ofrece una reserva de marcha cercana a las 48 horas. 

El Altiplano Ultimate Concept Tourbillon, reducido a lo esencial: una sola dimensión, como si el tiempo se redujera a una delgada línea verde.

Desde el punto de vista estético, este modelo juega un papel especialmente interesante. El dial verde caqui —un tono poco habitual, pero sorprendentemente sofisticado— se abre parcialmente para dejar entrever la mecánica, creando un equilibrio muy Piaget entre relojería y joyería. No se trata de un esqueleto agresivo ni de un ejercicio radical de transparencia, sino de una insinuación medida, casi elegante.

La caja en oro amarillo, utilizada por primera vez en esta referencia, aporta calidez y un punto clásico que contrasta de forma deliciosa con el aire casi industrial del movimiento visto. Es un reloj que se percibe lujoso, pero no pesado; complejo, pero nada intimidante.

En la muñeca, el 910P se comporta como un auténtico Altiplano: se desliza bajo el puño, desaparece cuando debe hacerlo y reaparece cuando uno decide mirarlo. No reclama atención constante, pero recompensa cuando le es concedida. En muchos sentidos, es un reloj para quien ya no necesita demostrar nada.

Altiplano Ultimate Concept Tourbillon: cuando el reloj deja de ser caja

Si el Altiplano 910P representa la cima de la elegancia extraplana usable, el Altiplano Ultimate Concept Tourbillon es otra cosa. Es una declaración. Un manifiesto técnico. Un objeto que cuestiona directamente nuestra idea preconcebida de lo que debe ser un reloj.

Con solo 2 mm de grosor, el AUC no es simplemente fino: es casi conceptual. Aquí no hay una caja que contenga un movimiento; la caja es el movimiento. El fondo actúa como platina, cada componente cumple varias funciones y cada fracción de milímetro se convierte en territorio conquistado. Incluso su arquitectura mecánica responde a esta lógica extrema: el calibre 970P-UC oscila a 28.800 alternancias por hora (4 Hz), está dotado de 13 rubíes y ofrece una reserva de marcha situada entre las 35 y las 40 horas, cifras que cobran especial relevancia en un conjunto llevado hasta este límite. 

 Como en todo gran proyecto de Piaget, el punto de partida son los bocetos creativos de la «maison».

La incorporación de un tourbillon —algo que, en este contexto, roza lo absurdo desde el punto de vista técnico— no se presenta como un alarde, sino como una consecuencia lógica del dominio del espacio que Piaget ha alcanzado en este proyecto.

El uso de una aleación de cobalto para la caja responde a criterios estructurales antes que estéticos: es uno de los pocos materiales capaces de ofrecer la rigidez necesaria con semejante delgadez. El diámetro de 41,5 mm y la apertura del movimiento generan una presencia visual sorprendente, casi arquitectónica.

Este no es un reloj que se “lleve” en el sentido tradicional. Es un reloj que se experimenta. En la muñeca, uno es plenamente consciente de estar ante algo distinto, algo que se aproxima más a la ingeniería extrema que a la relojería clásica. Y, aun así, sigue siendo inconfundiblemente Piaget: equilibrado, legible, refinado.

No es casual que el Altiplano Ultimate Concept fuera galardonado con la Aiguille d’Or del GPHG en 2020. No por ser el más fino, sino por atreverse a replantear el problema desde cero. 

Dos Altiplanos, una misma cima

Altiplano y Altiplano Ultimate Concept no compiten entre sí; se complementan. Uno traduce la obsesión por la finura en un objeto cotidiano, elegante y profundamente deseable. El otro empuja los límites de lo posible, incluso a costa de alejarse del terreno confortable del uso diario.

Ambos comparten, sin embargo, la misma idea fundacional: la verdadera altura no está en sobresalir, sino en depurar. Como el Altiplano andino, estos relojes no necesitan picos ni relieves exagerados para demostrar dónde están. Les basta con ser planos… y estar muy, muy arriba.

El contraste entre el verde caqui y la caja de oro amarillo aporta al Altiplano 910P una calidez y una exclusividad muy en sintonía con su carácter.

Más información en: piaget.com

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