RELOJES EMBLEMÁTICOS
Omega Speedmaster
Por Redacción
El 21 de julio de 1969, el astronauta Buzz Aldrin salió del módulo lunar para unirse a su compañero Neil Armstrong, que 20 minutos antes se había convertido en el primer hombre en pisar la Luna. En aquel mismo instante, el Omega Speedmaster que llevaba en la muñeca se hizo también su lugar en la historia como el primer reloj utilizado sobre la superficie de nuestro satélite. En este caso, el pequeño paso de Aldrin supuso un gran salto para Omega y para el cronógrafo Speedmaster, que acabaría siendo uno de los modelos más conocidos del mundo y, sin duda, uno de los puntales de la marca.La andadura del Speedmaster había empezado, sin embargo, muchos años antes. Concretamente, en 1957, cuando Omega presentó su línea Professional, formada por relojes que ofrecían una alta precisión, una buena legibilidad y un cierto nivel de hermeticidad. Esta línea estaba formada por el Seamaster 300, un reloj de submarinismo; el Railmaster, destinado a ingenieros y personal ferroviario, y el Speedmaster un cronógrafo para los pilotos de carreras y los amantes de la velocidad, como delataba la presencia de una escala de taquímetro colocada por primera vez en el bisel.

El primer Speedmaster, el CK 2915, contaba con una deportiva caja de acero de 38,7 mm de diámetro con las asas rectas y unos deportivos pulsadores tipo bomba. Su esfera, negra, destacaba por la aguja horaria de estilo Broad Arrow, una variante de la tipología Dauphine rematada por un gran triángulo luminiscente en la punta que le confería una forma de flecha. En cuanto al fondo, estaba grabado con el logotipo del hipocampo propio de los modelos de Omega que ofrecían un buen nivel de hermeticidad. En el interior de la caja latía el histórico calibre 321, un movimiento de carga manual dotado de una rueda de pilares monobloque que Omega había creado en los años 40 en colaboración con la firma Lémania.
El Speedmaster se convirtió inmediatamente en un éxito comercial, y dos años después la firma introdujo el modelo CK 2998, que presentaba pequeñas novedades de diseño en relación al modelo fundacional, como las agujas tipo Alpha y un nuevo bisel de aluminio negro que permitía una mejor lectura de la escala de taquímetro.

El Speedmaster original, de 1957.
Con el CK 2998 empezó de forma extraoficial la carrera aeroespacial del Speedmaster, puesto que fue el modelo elegido por los astronautas Walter Schirra y Leroy G. Cooper como su reloj personal. Concretamente, Schirra lo usó en 1962 durante su misión Mercury-Atlas 8, en la que realizó seis órbitas al planeta Tierra a bordo de la cápsula Sigma 7. Sin embargo, el paso definitivo para que el Speedmaster se convirtiera en el reloj espacial por antonomasia se produjo en 1964, cuando el agente norteamericano de Omega proporcionó a la NASA varios ejemplares del modelo en respuesta a una solicitud realizada por la agencia aerospacial. En este caso, se trataba de la referencia ST 105.003, introducida el año anterior, que también estaba equipada con el calibre 321 y presentaba pequeñas novedades de diseño respecto a su predecesor, como la escala de taquímetro en base 500 (las anteriores estaban hechas en base 1.000) o unas nuevas agujas de tipo bastón.
Junto a guardatiempos de otras marcas que habían respondido a la solicitud de la NASA, el Speedmaster fue sometido a una serie de pruebas extremadamente exigentes que ponían a prueba su capacidad de funcionar en las circunstancias más adversas. Una vez terminadas, el modelo de Omega era el único que no había sufrido fallos o roturas importantes, por lo que la NASA declaró al Speedmaster como único reloj “oficialmente certificado” para su programa espacial. Solo unos meses más tarde, en junio de 1965, el ST 105.003 fue utilizado por Edward White, durante la misión Gemini 4, en la primera actividad extravehicular realizada por un astronauta de Estados Unidos.

La referencia CK 2998, de 1959, con el bisel de aluminio negro.
La referencia ST105.003, de 1963, que superó las pruebas de la NASA y se convirtió en el único reloj certificado para su programa especial.
Primeras modificaciones
Con independencia de su inclusión en las pruebas de selección de la NASA –de las cuales la sede de la marca en Biel no tenía conocimiento–, Omega continuó introduciendo modificaciones en el diseño del Speedmaster para mejorar sus prestaciones. Si las primeras variaciones habían afectado principalmente a la esfera del reloj, en 1964 la firma introdujo una caja de nuevo diseño con unas asas visiblemente facetadas y el lateral derecho significativamente más grueso para dotar de una mayor protección a los pulsadores y la corona. Esta caja asimétrica, de 42 mm de diámetro, se incorporó a la referencia ST 105.012 –la que utilizaron Armstrong y Aldrin en la misión lunar Apollo 11– y acabaría convirtiéndose en uno de los elementos más reconocibles de la colección.
La segunda gran modificación en el Speedmaster llegó cuatro años más tarde, cuando Omega dejó de fabricar el calibre 321 y lo sustituyó por el nuevo calibre 861, más fácil y económico de producir. Entre las diferencias técnicas que presentaba respecto a su predecesor destacaban la desaparición de la rueda de pilares y el aumento de la frecuencia de oscilación del volante, que pasaba de 18.000 a 21.600 alternancias por hora. El primer reloj que utilizó este nuevo movimiento fue la referencia ST 145.022, que también sería el primero en incorporar la leyenda “The First Watch on the Moon” a partir de 1969.
Precisamente para conmemorar la hazaña espacial de Armstrong, Aldrin y Collins, en 1969 Omega lanzó un Speedmaster conmemorativo con la caja, el brazalete y la esfera elaborados en oro amarillo de 18 K, y el bisel de color Burdeos. Este guardatiempo –el primer Speedmaster de oro– fue presentado en una cena de gala celebrada el 25 de noviembre en Houston, que contó con la presencia de 19 astronautas de la NASA.

El Mark II, de 1969, con su característica caja Pilot’s Line y una esfera Racing.
El modelo conmemorativo Speedmaster 125, primer cronógrafo automático del mundo en obtener la certificación de cronómetro.
El mismo año en el que el ST 105.012 entraba en la historia como el primer reloj en la Luna, Omega lanzó la segunda generación del Speedmaster, significativamente apodada “Mark II”. Equipado también con el calibre 861, el nuevo reloj contaba con una nueva caja de 41,5 mm, conocida como “Pilot’s Line”. Estaba disponible en acero, en oro o en acero chapado de oro, y por primera vez utilizaba un cristal mineral en lugar del habitual hesalite. Además, carecía de un bisel propiamente dicho, por lo que la imprescindible escala de taquímetro estaba situada en el realce exterior de la esfera.
Dos años después de la presentación del Mark II, Omega introdujo la tercera generación de la colección. Dotado de una singular caja ovalada de acero, el Speedmaster Mark III tiene el honor de ser el primer cronógrafo automático de la marca. En su interior latía el recientemente creado calibre 1040, que ofrecía una función de cronógrafo con totalización de 12 horas, 60 minutos y segundos, además de la información de horas, minutos, segundos y fecha, y de un contador de 24 horas con indicación de día y noche.
Modelos conmemorativos
En 1973, Omega celebraba su 125º aniversario y quiso celebrarlo con el lanzamiento del Speedmaster 125, que se comercializó en una edición limitada a solo 2.000 ejemplares. Este modelo conmemorativo contaba de nuevo con una caja tipo tonel y estaba equipado con el calibre 1041, el primer movimiento cronográfico automático del mundo en recibir la certificación oficial de cronómetro. Su esfera era idéntica a la del Mark III salvo por la presencia de una escala de telémetro en el realce, en sustitución de la clásica escala taquimétrica. Curiosamente, este Speedmaster 125 entró en la historia aeroespacial de la mano de un cosmonauta soviético, Vladimir Dzhanibekov, quien lo utilizó en las cinco misiones que realizó entre 1978 y 1985.
No era la primera vez que un cosmonauta utilizaba un Speedmaster en sus misiones, ya que el mítico reloj –en este caso, la referencia ST 145.022– había acompañado, en 1975, a los miembros de la misión Apollo-Soyuz, la primera realizada conjuntamente por Estados Unidos y la URSS. La versión realizada para esta ocasión –de la cual se comercializaron 500 ejemplares– incorporaba el logotipo de la misión a las doce, en sustitución del nombre y el símbolo de la marca.

El espectacular Professional X-33, diseñado para realizar misiones espaciales.
En la segunda mitad de la década de los 80, Omega empezó a introducir tímidamente nuevas funciones al Speedmaster. Se estrenó, como no podía ser de otra manera, con una indicación de la fase lunar, que compartía ubicación, a las doce, con un contador de la fecha. La referencia ST 345.0809 se comercializó, en 1985, en una edición limitada a 1.300 ejemplares, todos ellos, realizados en acero.
Dos años más tarde, la firma lanzó el Speedmaster Automatic, que por primera vez combinaba la presencia de un calibre automático con la caja Moonwatch. A las funciones del Mark II, incorporaba un indicador del día de la semana, situada a las tres junto a la ventana de fecha.
Con la mirada puesta en el espacio
En 1998, Omega lanzó uno de los Speedmaster más experimentales: el Professional X-33, que tomaba su nombre de un prototipo de lanzadera especial. Diseñado en colaboración con las agencias espaciales más importantes, destacaba por su robustez y por la gran variedad de funciones digitales que incorporaba, diseñadas para su uso profesional en misiones espaciales. Tras años de durísimas pruebas y tras ser usado durante misiones del transbordador o dentro de la Estación Espacial rusa MIR y de la Estación Espacial Internacional, Omega lanzó este reloj híbrido en un acto celebrado en el Centro de Control de Houston, con un público formado por astronautas de la NASA y cosmonautas rusos, durante el cual se conectó en vivo con la estación MIR.
En 2005, Omega presentó el modelo Co-Axial GMT, que incorporaba, por primera vez en la colección, uno de los fiables calibres coaxiales de la marca. Más allá de esta novedad técnica, el reloj destacaba por el nuevo diseño de la esfera, con unos índices horarios más gruesos y la clásica aguja tipo Broad Arrow del primer Speedmaster. Unos numerales situados entre los índices horarios permitían la lectura del segundo horario, sobre 24 horas, mientras que una ventana situada a las seis ofrecía la información de fecha.

El modelo Co-Axial Speedmaster 57, de 2013, con elementos recuperados del reloj original.
Dark Side of the Moon, de 2013, con la caja, la esfera y la correa de color negro.
Para celebrar el 40º aniversario de la misión Apollo 11, Omega lanzó un Speedmaster con caja y brazalete de platino, el metal más preciado. Protegida por un cristal de hesalite como el del reloj original, la esfera era de color negro y lucía la leyenda “02:56 GMT” en referencia al momento en el que Armstrong posó sus pies sobre la superficie lunar, así como un medallón de oro grabado con el emblema de la misión. Este mismo grabado decoraba el fondo del reloj, elaborado también en oro. Este reloj tan exclusivo se comercializó en una edición limitada a 69 ejemplares.
El año 2013 también fue importante para la colección Speedmaster, que se amplió con la incorporación de dos modelos muy especiales. El primero de ellos era el Co-Axial Speedmaster 57, un modelo que rendía homenaje al modelo original de 1957 a través de varios elementos de su diseño, como la forma recta de las asas o la tipología de las agujas. El segundo gran Speedmaster del año fue el denominado “Dark Side of the Moon”, que por primera vez en la historia de la colección utilizaba una caja cerámica, elaborada a partir de un solo bloque. El nombre del reloj remitía, naturalmente, al color negro de todos sus elementos externos: la caja, la esfera y la correa textil ultrarresistente. Ambos modelos estaban equipados con el calibre Co-Axial 9300/9301, el primero de los movimientos coaxiales de fabricación interna en incorporar una función de cronógrafo.
Un año después, Omega volvió a lanzar un modelo diseñado para su uso en las misiones espaciales. Sucesor del Professional X-33, el Skywalker X-33 estaba equipado con un calibre de cuarzo de última generación y combinaba una indicación horaria analógica con una pantalla LCD. El reloj fue aprobado por la Agencia Aeroespacial Europea para su inclusión en todas sus misiones.

El modelo Speedmaster Moonwatch 321 en acero, de 2020, equipado con el histórico calibre 321, fabricado de nuevo por Omega.
Una de las constantes en la colección Speedmaster en las últimas décadas ha sido la recuperación periódica de elementos históricos que presentaban un gran valor para los amantes del reloj, desde la aguja Broad Arrow hasta la caja del modelo original. En los últimos años encontramos dos buenos ejemplos de esta política: el Speedmaster Racing, de 2017, que desenterraba la mítica esfera de inspiración automovilística introducida con el Mark II, y el Moonwatch 321 Platinum, de 2019, que volvía a utilizar el histórico calibre 321 cinco décadas después de que la marca dejara de fabricarlo por sus elevados costes de construcción y mantenimiento.
Para reconstruir el calibre 321 con la máxima precisión y de acuerdo con sus especificaciones originales, Omega movilizó un grupo de investigadores, programadores, historiadores, artesanos y maestros relojeros, que trabajó a partir de investigaciones históricas, escaneos digitales y movimientos originales. El nuevo 321 se incorporó por primera vez al Speedmaster Moonwatch 321 Platinum, lanzado para conmemorar el 50º aniversario del alunizaje del Apollo 11. Curiosamente, el diseño del reloj iba incluso unos años más atrás en el tiempo, ya que se inspiraba en el del modelo que en 1965 acompañó Edward White en el que fuera el primer paseo espacial de un astronauta de Estados Unidos. Como únicas concesiones a la modernidad, la caja simétrica del modelo incorporaba un bisel de cerámica negra pulida con la escala de taquímetro en esmalte blanco, así como un fondo transparente que permitía admirar el resucitado movimiento. Este año, Omega ha lanzado de nuevo el modelo en una más asequible versión de acero noble.
Nacido para las carreteras, el Speedmaster acabó convirtiéndose en un protagonista secundario de la carrera espacial, y en el reloj de los astronautas por excelencia. Hoy no sabemos si alguien volverá a pisar la superficie de la Luna o si la humanidad conquistará nunca la superficie de Marte, pero podemos estar casi seguros que, si lo hacen, será con un Speedmaster en la muñeca.
Más información en: www.omegawatches.com


