Tudor Black Bay Fifty-Eight “Navy Blue”
EL NEGRO SE TIÑE DE AZUL
Por Ernest Valls
La firma ginebrina presenta un nuevo modelo de su icónica y exitosa colección de relojes de buceo profesional, en el que recupera la tonalidad “azul Tudor”.

Hans Wilsdorf, un visionario de la relojería y avanzado a su tiempo, se propuso crear otra marca tras el éxito indudable de la Rolex Watch Company. Algo inédito a mediados de los años 40 del pasado siglo, mantendría la fiabilidad y calidad de su hermana mayor, si bien su precio sería más contenido y, por tanto, más competitivo. Los Tudor heredaban de Rolex la estética, las cajas y los brazaletes, pero incorporaban movimientos suizos estándar que permitían esa disminución del precio. Sin embargo, hace ya algunos años que Tudor está recorriendo su propio camino. Con toda seguridad la emancipación tuvo su punto culminante en 2015, cuando Tudor presentó su primer calibre manufactura. Las actuales colecciones Black Bay y Black Bay Fifty-Eight se inspiran en modelos históricos vinculados al submarinismo.

Black Bay Fifty-Eight “Navy Blue” con correa textil decorada con una banda central plateada.
Black Bay Fifty-Eight “Navy Blue” con correa de tacto suave.
La presentación del Black Bay, en 2012, fue todo un éxito para Tudor. Era el resurgir de los modelos históricos de buceo que forjaron la identidad y el prestigio de la marca a mediados de los años 50. Más concretamente en 1954, cuando se presentó, bajo la denominación “Tudor Oyster Prince Submariner”, la referencia 7922, el primer reloj de buceo de la firma de la rosa con una estanqueidad de 100 metros. Un modelo con una estética Rolex indiscutible –incluso la corona y el brazalete incorporaban el logotipo de Rolex–, si bien con un movimiento automático 390 desarrollado a partir de un esbozo Fleurier.
Cuatro años más tarde, en 1958, se presenta la referencia 7924, que, si bien mantiene la misma denominación, será conocida por los coleccionistas como “Big Crow” debido a su gran corona, también rematada con el logotipo de Rolex. La novedad de este modelo era el aumento de la estanqueidad hasta los 200 metros, que obligó a ensanchar la caja y a dotarla de una corona roscada de mayor tamaño. Este modelo es el que ha inspirado la colección Black Bay Fifty-Eight (“58” en inglés, en alusión al año de presentación del “Big Crown”), lanzada en 2018.
En 1969 Tudor presentó un reloj de submarinismo con esfera y bisel azules. Este color se utilizó en los demás relojes deportivos de la marca, con lo que se creó un distintivo estético conocido como “azul Tudor”. Estos modelos ya incorporaban una caja de 39 milímetros de diámetro, un movimiento automático de ETA’sa (el 2483) y las famosas agujas “Snowflake”.

El Black Bay Fifty-Eight “Navy Blue” recupera el característico color azul
de los modelos deportivos de los años 70 de Tudor.
Esfera “azul Tudor”
El negro se tiñe de azul en el nuevo modelo Black Bay Fifty-Eight “Navy Blue”, presentado este verano, que recupera el característico color azul de los modelos deportivos de los años 70.
La esfera está perfectamente adaptada para el uso del modelo como reloj de buceo. Los índices horarios son de gran tamaño y están perfectamente diferenciados. El de las doce es el habitual triángulo isósceles invertido, mientras que los índices de las otras horas cardinales tienen forma de rectángulo y el resto son de tipo botón. Todos ellos están aplicados sobre la esfera y presentan un contorno plateado que enmarca el relleno de material luminiscente que permite una óptima visión de las indicaciones horarias en condiciones de baja luminosidad ambiente, lo que ocurre cuando se descienden algunos metros bajo el nivel del mar.

Las agujas tipo “sonwflake” son una seña de identidad inequívoca de la marca de la rosa, que se adapta perfectamente a las necesidades de un reloj de buceo.
Las agujas horarias centrales presentan la estética habitual de la marca. La de los minutos es rectangular, estrecha y acabada en punta. Toda la zona interior está rellena de material luminiscente. La de las horas, más ancha que la anterior, presenta el clásico extremo en forma de rombo por el cual toma el nombre de “Snowflake” (copo de nieve, en inglés). Estas agujas aparecieron por primera vez en 1969. Su objetivo no era otro que mejorar la legibilidad en correspondencia a las exigencias que la Marina Francesa precisaba para sus modelos de buceo. La aguja central de los segundos es un fino estilete con un contrapeso algo más grueso que el brazo, y su extremo está rematado por un rombo cuya zona central está recubierta de material luminiscente.
En la esfera se aprecia, grafiado en blanco a las doce horas, el escudo que hace de logotipo de la marca, el nombre de Tudor y, debajo, su ciudad de origen, “Geneve”. A las seis horas se indica la estanqueidad del modelo: “200 m” o bien “660 ft” (pies), seguido de su condición de cronómetro oficialmente certificado, ya que el reloj es poseedor del prestigioso COSC (Contrôle Officiel Suisse des Chronomètres – Instituto Oficial de Pruebas de Cronómetros Suizos).
La parte exterior de la esfera está rematada por una minutería tipo semiferrocarril (no está impreso el rail interior), en el mismo color que el resto de información. En la parte más inferior de las seis, como no podía ser de otro modo, reza la leyenda “SWISS MADE”.
Para ofrecer una estética más vintage del modelo, la esfera está ligeramente abombada en su parte exterior.

Los relojes de submarinismo profesional forman parte de la rica historia relojera de Tudor.
Caja Oyster
La caja del Black Bay Fifty-Eight “Navy Blue” está realizada en acero inoxidable 316L. Es el acero usado habitualmente por los modelos de la marca. El 316L es un acero inoxidable de cromo níquel amagnético que contiene molibdeno; esta adición aumenta su resistencia a la corrosión en general. Por este motivo es un tipo de acero apreciado para los relojes de submarinismo, que tienen que tratar con la corrosión provocada por el salitre marino.
El diámetro de la caja es de 39 milímetros, igual que el del modelo de 1969; un guiño más a la estética vintage del conjunto. Las líneas de la caja son clásicas, sin grandes concesiones. Su concepción constructiva es la habitual de tres cuerpos: bisel, carrura y fondo. El acabado de su superficie es un satinado de trazos rectos, con los contornos biselados en un acabado pulido. Las asas son cortas, curvadas en su frontal y prácticamente rectas en el anverso. El fondo, ciego, está roscado a la carrura. El contorno del fondo tiene el singular y característico estriado de las cajas Oyster utilizadas por Tudor y también por Rolex. Se precisa de una herramienta especial que ajuste perfectamente en todo el diámetro para su manipulación. Esta particularidad redunda en la hermeticidad del conjunto, debido a que la herramienta especial ejerce una presión continua y firme en todo el contorno. De esta forma, el ajuste es preciso y homogéneo, aspecto importante para que la junta de goma no quede pellizcada y cumpla perfectamente su cometido. Cierra la caja, en su parte superior, un cristal de zafiro transparente abombado que hará las delicias de los amantes de los relojes vintage.

La garantía transferible de Tudor proporciona cinco años de tranquilidad al usuario del reloj.
La corona, roscada a un tubo solidario de la carrura, es de grandes dimensiones, de ahí el apodo de “Big Crown” del modelo originario. No sólo tiene un diámetro generoso, sino también un mayor grosor que las coronas habituales. Esta característica es especialmente importante si debe manipularse con guantes de buceo en la rutina de cerciorarse de que está roscada en el momento de la inmersión. El contorno es ranurado y en su frontal está grabada en relieve la rosa de los Tudor, símbolo de la marca ginebrina.
El Black Bay Fifty-Eight “Navy Blue” se puede adquirir bien con un brazalete metálico realizado, igual que la caja, en acero 326L, con remaches y una alternancia de acabados pulidos y satinados, o bien con dos tipos de correas diferentes: una de tacto suave, de color azul, con cierre desplegable de seguridad, o bien una de tejido, también azul, con la banda central plateada y con un cierre de hebilla.

El MT5402 es un movimiento automático de nueva generación que equipa a los Black Bay Fifty-Eight.
Un movimiento de nueva generación
El Black Bay Fifty-Eight “Navy Blue” está equipado con el mismo movimiento que el modelo de 2018: el calibre manufactura Tudor MT5402. Es un movimiento de nueva generación desarrollado para los Black Bay Fifty-Eight y su caja de dimensiones más que discretas en un reloj deportivo. Se trata de un calibre de remonte automático equipado con un rotor central de tungsteno troquelado, soportado mediante cojinetes de bolas, que carga en ambos sentidos de giro.
El movimiento tiene un diámetro de 26 milímetros y un grosor de 4,99. Está dotado de 27 rubíes y tiene una reserva de marcha de 70 horas. El conjunto volante/espiral late a unas rápidas y contemporáneas 28.800 alternancias por hora, que equivalen a una frecuencia de oscilación de 4 Hz. La espiral está realizada en silicio, por lo que es totalmente inmune a los campos magnéticos.
El ajuste de la variación de marcha se consigue mediante tornillos situados en la llanta del volante que modifican la geométrica del conjunto –su momento de inercia– y, por tanto, permiten atrasar o adelantar el movimiento según convenga. Como en la mayoría de calibres de nueva generación, el puente del volante dispone de dos puntos de apoyo. Esta particularidad permite una oscilación más equilibrada que mejora la precisión del reloj. El MT5402 cuenta con la certificación de cronómetro del COSC. Sin embargo, Tudor aplica una tolerancia más restrictiva. Si el COSC permite un atraso diario de hasta 4 segundos, la firma ginebrina tolera tan sólo 2 segundos diarios. En cuanto a los adelantos, el COSC admite 6 segundos diarios, mientras que Tudor exige no sobrepasar los 4 segundos diarios de desviación.
A pesar del fondo ciego, el MT5402 está finamente decorado. El rotor está satinado con detalles pulidos a chorro de arena y el nombre de la firma grabado. Los puentes y la platina alternan superficies pulidas a chorro de arena y decoraciones láser. En el puente del sistema de remonte automático se ha grabado la denominación del calibre y el número de rubíes que incorpora, así como la ciudad de origen y, de nuevo, el nombre de la marca.
Tanta es la experiencia de Tudor y la confianza que tiene en la calidad de sus relojes, que ofrece una garantía de cinco años en todos sus modelos suministrados después del 1 de enero de 2020. Esta garantía es transferible –no se aplica sólo al comprador del reloj– y no precisa de registro alguno para su disfrute. Tudor aconseja un mantenimiento cada diez años, aunque, lógicamente, ello dependerá del uso que se dé al guardatiempo diariamente.
Más información en: www.tudorwatch.com/es


