La historia de la relojería ha avanzado hasta nuestros días a fuerza de grandes invenciones, nacidas de la inspiración y el talento de auténticos genios adelantados a su tiempo. Entre los grandes nombres que han marcado su curso a lo largo de los siglos destaca, sin duda, el de Abraham-Louis Breguet, padre de muchos de los sistemas aún vigentes en la relojería mecánica y, sin duda, uno de los relojeros más grandes de todos los tiempos. Nacido en Neuchâtel en 1747, Breguet se trasladó a París a los quince años para formarse en el arte de la relojería en el taller que regentaba su padrastro, Joseph Tattet.

Paralelamente, Abraham-Louis adquirió grandes conocimientos matemáticos e incluso colaboró con Claude Chappé en el perfeccionamiento de su sistema de telegrafía. A diferencia de otros relojeros más precoces, Breguet no abrió su propio taller hasta 1775, cuando ya había sumado suficiente experiencia práctica a sus grandes conocimientos teóricos. Para ello también fue importante su matrimonio, ese mismo año, con Cécile Marie-Louise L’Huillier, hija de una familia de la burguesía parisina, y más concretamente el dote que ésta aportó, y con el cual Breguet financió la apertura de su empresa en el Quai de l’Horloge, situado en el Île de la Cité parisino.

Reedición del reloj Breguet Nº160 que pertenecó a María Antonieta, del 2008.

La obra de un genio

Pronto Abraham-Louis Breguet pudo empezar a desarrollar sus propios diseños, para lo cual -a diferencia de lo que era tradicional- no empleaba su propio equipo de aprendices, sino que buscaba la colaboración de los mejores especialistas de la ciudad. Además de su taller parisino, Breguet fundó otro en Londres –otro de los grandes centros relojeros del momento-, que estuvo activo entre 1775 y 1787. Este fue, sin duda, el periodo más fructífero de la carrera de Breguet y, en consecuencia, uno de los cuales la relojería realizó un salto técnico más importante: el relojero de Neuchâtel creó los primeros modelos de carga automática (a los que denominó “perpétuelle”), introdujo el gong en los relojes de repetición e introdujo el primer sistema anti-choque para los pivotes del eje de volante, incrementando significativamente la resistencia de las piezas.En el ámbito estético, Breguet diseñó un nuevo tipo de agujas que con el tiempo acabarían llevando su nombre.

Además, Breguet fue probablemente el primer relojero en tener que competir contra las falsificaciones, lo que le llevó a recurrir al prestigioso grabador Jean Pierre Droz para crear una “firma confidencial” que sólo podía ser leída en la esfera utilizando una lupa y con luz directa, y que obviamente no estaba al alcance de ningún falsificador. Asimismo, todos los relojes salidos de la manufactura Breguet tenían un número de serie y estaban registrados en los libros de la empresa, que aún se conservan. Su prestigio era tal, que contaba conLuis XVI y su reina, María Antonieta, como algunos de sus más grandes admiradores.

Todos los relojes salidos de sus manos incorporaban los últimos adelantos técnicos, y sus originales movimientos estaban dotados en la mayoría de los casos de un escape de palanca o de cilindro de rubí que él había perfeccionado. En 1793, Abraham-Louis Breguet tuvo que volver a su Neuchâtel natal por la inestabilidad provocada por la Revolución Francesa, aunque la producción en París continuó a manos de otros relojeros, que firmaban sus piezas con la inscripción Fils de Breguet .

El exilio, sin embargo, fue muy productivo, y en 1975 Breguet volvía a París cargado de modelos revolucionarios y novedades técnicas, como la espiral que aún hoy lleva su nombre: Breguet transformó, de forma intuitiva, la curvatura terminal de la espiral, realzándola y doblándola ligeramente para “mejorar el isocronismo”; otros inventos de ese periodo fueron el escape de fuerza constante, el primer reloj de carruaje –que fue vendido a Bonaparte-, el reloj de tacto y el de Suscripción, así como el reloj de sobremesa simpático, el reloj de bolsillo dependiente o el montre à doublé seconds, precursor del cronógrafo.

Pero su invención más revolucionaria, sin embargo, fue el tourbillon, patentado en 1801, y que aún en nuestros días es una de las complicaciones más apreciadas por los amantes de la relojería. Por aquel entonces Breguet ya se había convertido en toda una figura de la relojería, y sus piezas eran un signo de distinción para las elites políticas y sociales de la época, por no mencionar a todas las familias reales europeas que le encargaban sus piezas más singulares, como el que realizó para Caroline Murat, reiná de Nápoles, en 1810, con el cual el maestro relojero se avanzó en más de dos siglos al reloj de pulsera. Los reconocimientos y honores recibidos por Breguet son incontables: nombrado relojero de la Marina, miembro de la Legión de Honor, responsable del Centre Horloger de Versailles…

Descendientes de Breguet

El 17 de septiembre de 1823 moría Abraham-Louis Breguet a la edad de 77 años, dejando huérfana a la relojería de su mayor creador, un genio inigualable que con sus creaciones había cambiado su curso para siempre. Su influencia se expandió rápidamente en Europa hasta el punto de convertirse en el máximo referente para los grandes maestros, e incluso ha llegado hasta nuestros días, puesto que muchas de las soluciones técnicas que ideó siguen no sólo siguen siendo hoy válidas, sino que son consideradas las más elegantes y efectivas por relojeros de todas las marcas.

Pero fue sobre todo en la propia casa Breguet donde se perpetuó la labor de Abraham-Louis y su espíritu innovador: su hijo Louis-Antoine, por ejemplo, fue el inventor del primer movimiento cuya carga no requería llave, en 1930; Louis Clément Breguet (hijo de Louis-Antoine), por su parte, desarrolló un cronómetro marino para la Marina Mercante francesa y mejoró en 1833 el diseño del péndulo simpático de su abuelo, mientras que en 1856 fabricó relojes de pared eléctricos para uso urbano, principalmente para la ciudad de Londres. Sin embargo, en 1870 Louis-Clément Breguet abandonó la relojería, atraído por su otra gran pasión (que lo había sido también de su abuelo): las aplicaciones eléctricas y, más concretamente, la telegrafía.

Fue entonces cuando se hizo cargo de la empresa Edward Brown, hasta entonces director del taller. Antoine, hijo de Louis Clément, en cambio, ya dedicó todos sus esfuerzos a consolidar los primeros pasos de la entonces incipiente electrotécnica, campo en el que destacó como lo habían hecho su abuelo y su bisabuelo en la relojería. Durante un siglo entero, Breguet funcionó como una boutique en París, desde la cual mantenía vivo su prestigio y continuaba ofreciendo relojes de alta calidad, confeccionados mayoritariamente en los prestigiosos ateliers de la Val de Joux. Con ellos se ganó la confianza de grandes personalidades de todos los ámbitos, desde Sir Winston Churchill hasta Arthur Rubinstein. Su producción, sin embargo, se limitaba a unos pocos centenares de ejemplares por año.

Diseño del tourbillon ideado por Breguet.

Etapa moderna

Fue justo un siglo después de que Louis-Clément abandonara la creación de relojes –y cinco años antes de cumplir su 200º aniversario-, cuando la familia Brown vendió la boutique Breguet a los hermanos Chaumet, los cuales realizaron un gran esfuerzo para recuperar la imagen original y los elementos estéticos característicos de la marca. Entre las piezas más destacadas de ese periodo, cabe destacar la colección creada en 1975 para conmemorar el cuarto de milenio de la compañía.

En 1976, como parte del plan de expansión de la firma, se inauguró una nueva manufactura en Le Brassus, lo que permitió aumentar la producción. Sin embargo, la situación económica de Chaumet hizo que en 1987 Breguet cayera a manos de la compañía internacional de inversores Investcorp. La incorporación de la firma de ebauchés Nouvelle Lemania al Groupe Horlogere Breguet en 1991 hizo que la firma aumentara significativamente la cantidad de calibres de dicha marca a sus colecciones. Paralelamente, el traslado del atelier en L’Abbaye, en 1994, permitió a la empresa incremento notablemente la producción.

Sin embargo, el verdadero salto para la histórica marca se produjo en 1999, cuando pasó a formar parte del Grupo Swatch, que buscaba con ello complementar con ella su oferta de marcas de Alta Relojería (por aquel entonces ya contaba con la firma Blancpain). Desde entonces, y con la implicación personal del máximo responsable del Grupo, Nicolas Hayek (quien ejerció el cargo de CEO de la firma hasta su muerte el año pasado), Breguet ha reencontrado definitivamente su lugar en el mundo de la Alta Relojería, y sus piezas, realizados a mano por los relojeros suizos de prestigio, se han ganado de nuevo la admiración de los connaiseurs y coleccionistas gracias a sus esferas de plata decoradas a mano con guillochés de impecable ejecución, y a sus cajas finamente acabadas.

Durante este nuevo periodo, la firma ha recuperado el espíritu de su fundador y ha vuelto a caracterizarse por la innovación técnica y por la gran cantidad de patentes presentadas. Paralelamente, a su oferta más clásica (representada por colecciones como Tradition, Classique, Classique Complications o Héritage, entre otras), Breguet ha añadido paulatinamente nuevas líneas de carácter más deportivo e informal, así como piezas de alta joyería, que consolidan su condición de manufactura moderna.

Este artículo ha sido publicado en el número 31 de la revista Máquinas del Tiempo.

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