Mecanismos flexibles:

CUANDO LA RELOJERÍA DEJA DE GIRAR

Por Ernest Valls

La relojería tradicional se basa en ruedas, ejes, palancas y muelles. Sin embargo, algunos de los desarrollos más innovadores de los últimos años están demostrando que no todas las partes de un movimiento necesitan girar, pivotar o deslizarse para cumplir su función.

Durante más de tres siglos, la relojería mecánica ha compartido una misma lógica constructiva. Desde los primeros relojes portátiles hasta los movimientos contemporáneos más sofisticados, la transmisión y regulación de la energía, así como la activación de las diferentes funciones, se han basado en un conjunto de componentes articulados capaces de girar, pivotar o deslizarse unos respecto a otros. Ruedas, piñones, palancas, muelles y ejes forman parte de un lenguaje mecánico que apenas ha cambiado en sus principios fundamentales desde el siglo XVIII.

Por supuesto, los materiales han evolucionado, las tolerancias de fabricación se han reducido hasta niveles impensables hace apenas unas décadas y la precisión ha mejorado de forma extraordinaria. Sin embargo, el funcionamiento básico sigue siendo esencialmente el mismo: una sucesión de elementos independientes que transmiten movimiento mediante contactos mecánicos y articulaciones.

Este planteamiento ha demostrado su eficacia durante generaciones, pero también presenta limitaciones inherentes. Toda articulación introduce fricción, desgaste, holguras y pérdidas de energía. Incluso en los movimientos mejor ajustados, la necesidad de lubricar determinados puntos de contacto o compensar pequeñas tolerancias forma parte de la propia naturaleza del sistema.

En los últimos años, sin embargo, algunos fabricantes han comenzado a explorar una aproximación diferente. En lugar de confiar exclusivamente en componentes articulados, determinadas funciones pueden ser asumidas por estructuras capaces de deformarse de manera controlada y reversible. No se trata de piezas que se doblan accidentalmente ni de elementos sometidos a esfuerzos extremos, sino de componentes diseñados específicamente para flexionarse dentro de unos márgenes perfectamente calculados y recuperar después su posición original.

La idea no es nueva en el ámbito de la ingeniería. Sectores como la microelectrónica, la instrumentación científica o la tecnología aeroespacial llevan décadas utilizando estructuras flexibles para sustituir mecanismos formados por múltiples piezas. Su principal ventaja consiste en reducir el número de componentes, eliminar puntos de fricción y aumentar la precisión del conjunto. La relojería, tradicionalmente conservadora en la adopción de nuevas soluciones, ha comenzado a incorporar esta filosofía gracias al desarrollo de técnicas de fabricación capaces de producir componentes microscópicos con una precisión extraordinaria.

Uno de los primeros ejemplos de mecanismos flexibles aplicados a la relojería fue el Girard-Perregaux Constant Escapement. Su innovadora lámina de silicio metastable actúa como elemento de fuerza constante del escape, garantizando un impulso siempre idéntico al volante.

El resultado no es una sustitución completa de la mecánica tradicional, sino la aparición de una nueva familia de soluciones que conviven con ella. En algunos casos, los elementos flexibles se limitan a resolver una función concreta dentro de un movimiento convencional. En otros, llegan a sustituir órganos enteros cuya arquitectura ha permanecido prácticamente inalterada durante siglos. Todos ellos comparten, sin embargo, una misma idea: obtener movimiento sin recurrir necesariamente a las articulaciones mecánicas que han definido la relojería desde sus orígenes.

Girard-Perregaux Constant Escapement (2013)

Uno de los primeros ejemplos de aplicación práctica de mecanismos flexibles en la relojería contemporánea llegó en 2013 de la mano de Girard-Perregaux. Con el Constant Escapement, la manufactura suiza abordó uno de los problemas más antiguos de la relojería mecánica: la variación de la energía suministrada por el barrilete a medida que se descarga el muelle real.

La precisión de un reloj no depende únicamente de la frecuencia a la que oscila su regulador, sino también de la regularidad con la que recibe energía. En un movimiento convencional, la fuerza disponible disminuye progresivamente a lo largo de la reserva de marcha, lo que puede afectar la amplitud de oscilación del volante y, en consecuencia, la estabilidad cronométrica.

Para resolver este problema, Girard-Perregaux desarrolló un innovador escape de fuerza constante cuyo elemento clave era una finísima lámina de silicio. Esta estructura flexible actuaba como un microacumulador de energía. Al deformarse, almacenaba una cantidad determinada de energía hasta alcanzar un punto próximo a la inestabilidad. En ese instante cambiaba bruscamente de estado, liberando siempre la misma cantidad de energía hacia el volante antes de iniciar de nuevo el ciclo.

El Defy Inventor sustituye el conjunto volante-espiral por un único oscilador monolítico de silicio, capaz de trabajar a una frecuencia de 18 Hz (129.600 alternancias por hora).

El principio recuerda al comportamiento de una lámina flexible que, al sobrepasar un determinado umbral de deformación, invierte súbitamente su posición. Girard-Perregaux aprovechó este fenómeno físico para crear un auténtico escape de fuerza constante, capaz de compensar las variaciones de energía procedentes del barrilete mediante la elasticidad controlada de una estructura de silicio.

Más allá de sus prestaciones, el Constant Escapement marcó un punto de inflexión conceptual. Por primera vez, una pieza diseñada específicamente para deformarse de forma repetida y controlada asumía una función esencial dentro del órgano regulador. Muchos de los desarrollos posteriores seguirían caminos diferentes, pero todos compartirían una misma idea: utilizar la elasticidad de los materiales como una herramienta mecánica de precisión.

Zenith Defy Inventor (2019)

Si el Constant Escapement demostraba que una estructura flexible podía asumir una función crítica dentro de un movimiento, el Defy Inventor presentado por Zenith en 2019 llevó esa idea mucho más lejos. En lugar de incorporar un elemento flexible dentro de una arquitectura tradicional, la manufactura suiza replanteó por completo el órgano regulador.

Desde la aparición del conjunto volante-espiral en el siglo XVII, prácticamente todos los relojes mecánicos han utilizado el mismo principio para regular el paso del tiempo: una rueda oscilante asociada a un fino muelle espiral. El sistema ha demostrado una extraordinaria eficacia durante siglos, pero también implica la presencia de numerosos componentes móviles, puntos de ajuste y elementos sometidos a fricción.

La propuesta de Zenith consistió en sustituir todo ese conjunto por una única estructura monolítica fabricada en silicio. En ella desaparecen el volante, la espiral e incluso varios de los componentes intermedios habituales. Su función es asumida por una compleja geometría de láminas flexibles capaces de deformarse de manera controlada miles de veces por hora y recuperar siempre su posición original.

El disco azul de la imagen de la derecha sustituye por completo el tradicional conjunto volante-espiral. Este oscilador monolítico de silicio trabaja a una frecuencia de 40 Hz (288.000 alternancias por hora).

El resultado es un oscilador que trabaja a una frecuencia extraordinariamente elevada de 18 Hz (129.600 alternancias por hora), muy por encima de las frecuencias habituales de la relojería mecánica contemporánea. Al mismo tiempo, la reducción del número de componentes permite eliminar numerosos ajustes y minimizar algunos de los problemas asociados a las arquitecturas tradicionales.

Más allá de sus prestaciones, el Defy Inventor representa uno de los ejemplos más claros de lo que significa aplicar mecanismos flexibles a la relojería. Mientras que en un movimiento convencional el funcionamiento depende de componentes que giran alrededor de ejes o pivotes, aquí gran parte del movimiento se obtiene mediante la deformación elástica de una única estructura. Es una solución que parece más cercana al mundo de la microingeniería o los sistemas MEMS que a la relojería clásica, pero que persigue exactamente el mismo objetivo: regular el tiempo con la máxima precisión posible.

Frédérique Constant Slimline Monolithic Manufacture (2021)

Si Zenith demostró que era posible sustituir el conjunto volante-espiral por una estructura flexible monolítica, Frédérique Constant fue un paso más allá al incorporar esta tecnología en una colección de producción regular y a un precio muy alejado de los habituales experimentos de alta relojería.

Presentado en 2021, el Slimline Monolithic Manufacture nació de la colaboración entre la manufactura ginebrina y la empresa holandesa Flexous, especializada en el desarrollo de mecanismos flexibles. El resultado fue un oscilador monolítico de silicio de apenas 9,8 milímetros de diámetro y 0,3 milímetros de espesor, capaz de sustituir no solo el tradicional conjunto volante-espiral, sino también parte de los componentes asociados al órgano regulador.

El nuevo piñón oscilante incorpora ruedas con dientes flexibles que absorben las irregularidades del acoplamiento, eliminando prácticamente el salto inicial de la aguja del cronógrafo.

Al igual que en el caso de Zenith, la regulación del movimiento se obtiene mediante la deformación controlada de una compleja estructura flexible. Sin embargo, Frédérique Constant optó por una frecuencia todavía más elevada: 40 Hz, equivalentes a 288.000 alternancias por hora, diez veces superior a la de la mayoría de relojes mecánicos contemporáneos.

Más allá de sus prestaciones, el interés del Monolithic reside en otro aspecto. Mientras muchas innovaciones relojeras permanecen durante años en forma de prototipos o series experimentales, Frédérique Constant decidió integrarla en un reloj de producción comercial. Con ello demostró que los mecanismos flexibles no tenían por qué limitarse a proyectos tecnológicos de laboratorio, sino que podían convertirse en una alternativa real dentro de la relojería contemporánea.

Hublot UNICO (2026)

No todos los mecanismos flexibles tienen que ocupar el corazón del órgano regulador para aportar ventajas significativas. Un buen ejemplo lo encontramos en la evolución más reciente del cronógrafo UNICO de Hublot, presentada en 2026.

A diferencia de otros ejemplos basados en mecanismos flexibles, la propuesta de Hublot no se encuentra en el órgano regulador. Su campo de actuación es otro de los sistemas más complejos de un reloj mecánico: el cronógrafo. El elemento clave se encuentra en el sistema de acoplamiento que conecta y desconecta el cronógrafo del tren de rodaje horario, es decir, del conjunto que le proporciona la referencia temporal necesaria para medir los tiempos transcurridos.

Tradicionalmente, este tipo de mecanismos emplea ruedas dentadas, cuyos dientes transmiten de forma directa las pequeñas irregularidades producidas durante el acoplamiento. Como consecuencia, la aguja central del cronógrafo puede experimentar un ligero salto al iniciar la medición o presentar pequeñas vibraciones durante su funcionamiento, especialmente en embragues con conexión horizontal.

La pieza de la izquierda sustituye la tradicional rueda de pilares por un mecanismo flexible. Parte de esta innovadora arquitectura puede apreciarse también a través del fondo de zafiro, en la zona superior izquierda del movimiento.

Para minimizar estos efectos, Hublot desarrolló un piñón oscilante dotado de dientes flexibles. En lugar de transmitir instantáneamente las irregularidades del engrane, estos dientes son capaces de deformarse ligeramente durante el acoplamiento, absorbiendo parte de las tensiones generadas en ese instante. El resultado es una puesta en marcha más suave de la aguja del cronógrafo, que prácticamente elimina el salto inicial y reduce las vibraciones durante su funcionamiento.

A diferencia de otros ejemplos en los que la flexibilidad constituye el núcleo mismo del órgano regulador, en el UNICO esta tecnología se aplica a una función muy concreta. Su aportación puede parecer más discreta, pero resulta igualmente significativa: demuestra que la elasticidad controlada de los materiales también puede utilizarse para mejorar el funcionamiento de mecanismos complejos sin necesidad de replantear por completo la arquitectura del movimiento.

TAG Heuer Monaco Evergraph (2026)

Presentado en Watches & Wonders 2026, el Monaco Evergraph representa uno de los desarrollos más recientes en la aplicación de mecanismos flexibles a la relojería mecánica. Mientras otros fabricantes las han aplicado al escape, al órgano regulador o a mecanismos concretos del movimiento, TAG Heuer ha decidido integrarlas en el propio sistema de mando del cronógrafo.

El calibre TH80-00 sustituye varios de los elementos articulados tradicionalmente empleados para controlar las funciones de puesta en marcha, parada y puesta a cero del cronógrafo por mecanismos flexibles. Con ello desaparecen determinados componentes convencionales, incluida la tradicional rueda de pilares, que es reemplazada por estructuras capaces de deformarse de forma controlada para ejecutar las mismas funciones con un menor número de piezas y una reducción significativa de los puntos de fricción.

Más allá de su estética vanguardista, el Monaco Evergraph inaugura una nueva generación de cronógrafos mecánicos en los que los mecanismos flexibles asumen un papel protagonista.

Uno de los aspectos más innovadores de esta arquitectura es la utilización de mecanismos bistables. En términos sencillos, se trata de estructuras que pueden adoptar dos posiciones estables diferentes y pasar bruscamente de una a otra cuando reciben un impulso determinado. Un principio similar al de un interruptor mecánico que permanece estable en dos posiciones distintas. Gracias a este comportamiento, pueden realizar funciones de mando y control que tradicionalmente requerían complejos sistemas de palancas, muelles y articulaciones.

Si el Constant Escapement mostró que una lámina flexible podía asumir una función crítica dentro del escape, los osciladores monolíticos demostraron que era posible replantear por completo el órgano regulador. El Monaco Evergraph lleva esta filosofía un paso más allá al aplicarla a los propios mecanismos de mando del cronógrafo. Con ello sugiere un escenario todavía más ambicioso: una relojería en la que determinadas funciones mecánicas puedan diseñarse directamente a partir de la elasticidad controlada de los materiales.

Cuando una pieza deja de girar

Los mecanismos flexibles no parecen destinados a sustituir la relojería tradicional. Ruedas, piñones, palancas y muelles seguirán formando parte del lenguaje mecánico que ha definido esta disciplina durante siglos. Sin embargo, los ejemplos desarrollados por Girard-Perregaux, Zenith, Frédérique Constant, Hublot y TAG Heuer demuestran que existe una nueva forma de abordar determinados problemas mecánicos. Gracias al silicio, a las técnicas de microfabricación y a la influencia de disciplinas como la microingeniería, la relojería dispone hoy de herramientas que hace apenas unas décadas resultaban impensables. Quizá la verdadera revolución no consista en abandonar los principios tradicionales, sino en descubrir cuándo ya no es necesario que todas las piezas giren para que el tiempo siga avanzando.

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