Audemars Piguet

150 AÑOS DE PASIÓN POR LA ALTA RELOJERÍA

Muy pocas firmas de la alta relojería suiza tienen la ocasión de celebrar 150 años de actividad ininterrumpida, y muchas menos pueden presumir de haber permanecido independientes durante todos ellos. 

Audemars Piguet no solo puede hacer ambas cosas, sino que también puede enorgullecerse de haber aportado algunas de las piezas más icónicas e influyentes de la relojería moderna. Desde esta cabecera, hemos querido rendir un modesto homenaje a esta histórica marca, repasando los acontecimientos que han marcado su existencia y recordando algunas de sus piezas más emblemáticas.

La historia de Audemars Piguet empieza en 1875, en la pequeña localidad de Le Brassus, situada en la región eminentemente relojera del Vallée de Joux. Allí, fundó su pequeño taller Jules-Louis Audemars, y allí firmó, seis años más tarde, el acuerdo de asociación con Edward-Auguste Piguet, otro joven relojero de Le Brassus, que completaba un binomio que ha llegado a nuestros días como sinónimo de calidad y precisión.

Mientras que Piguet se centraba en el ámbito comercial y financiero, Audemars destacó muy pronto por su destreza en la elaboración de relojes complicados –especialmente en las sonerías–, a la vez que se interesaba cada vez más por la miniaturización de los movimientos. A finales de la década, Audemars Piguet hizo interesantes aportaciones en este campo, como un movimiento de cronógrafo de 22,5 mm de diámetro y un mecanismo con repetición de minutos de sólo 18 mm.

A pesar de su apuesta por la fabricación artesanal, Audemars Piguet experimentó un importante crecimiento en sus primeras décadas de existencia. En 1907, sus talleres integraban 22 relojeros y su producción ascendía a 300 unidades anuales, lo que obligó a los responsables de la empresa a construir, al lado de la casa de Jules-Louis Audemars, un nuevo edificio que aún hoy aloja la sede de Audemars Piguet.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) tuvo efectos devastadores para la industria europea, y Audemars Piguet no se escapó de la situación de crisis. Sin embargo, el conflicto armado también tuvo una consecuencia positiva: contribuyó a popularizar entre el público masculino el uso del reloj de pulsera, que facilitaba la lectura horaria de un vistazo y sin tener que usar ambas manos, algo que se había demostrado especialmente útil en el cambio de batalla. La firma de Le Brassus, que había mostrado un gran dominio de la miniaturización, fue una de las que más apostó por esta nueva tipología de guardatiempo.

Coincidiendo con el final de la guerra, Audemars Piguet vivió el relevo de los fundadores por sus respectivos herederos: Paul Louis Audemars, como director técnico, y Paul Edward Piguet como director comercial. Su llegada dio un nuevo impulso a la casa, que durante los felices ‘20 firmó modelos extraordinarios como el Tutti Frutti, de 1927, un reloj joya repleto de piedras preciosas que reflejaba el optimismo del momento.

Boceto y primer Royal Oak, reloj destinado a convertirse en uno de los grandes iconos de la alta relojería.

Crisis y reconstrucción

Por desgracia, el crac financiero del 29 acabó, puso patas arribas la economía mundial y tuvo, también, severas consecuencias para la firma suiza. Entre ellas, la pérdida de su principal cliente, Metric Watch, de Nueva York, que llevó Audemars Piguet al límite. La compañía tuvo que hacer frente a 15 años de pérdidas, con ventas que no superaban los 50 relojes anuales entre 1931 y 1935. Esta situación no impidió que la marca continuara en la vanguardia de la miniaturización y la elaboración de modelos con complicaciones, como demuestra la producción, en 1930, del primer movimiento cronográfico diseñado específicamente para modelos de pulsera. Además, sus relojeros practicaron con destreza la técnica del esqueletizado, que situaba en primer plano la mecánica relojera.

La progresiva recuperación de Audemars Piguet quedó frenada de golpe con la llegada de la segunda guerra mundial, en 1939. Sin embargo, la compañía estaba en condiciones de aprovecharse del boom económico de la postguerra, con Europa en pleno proceso de reconstrucción. En pocos años, la casa no solo recuperó los niveles de producción de los años 20, sino que los duplicó. Asimismo, el número de trabajadores de la empresa también paso de 32 a 67.

En 1951 se produjo un cambio significativo en el funcionamiento de Audemars Piguet, que empezó a fabricar pequeñas series de sus modelos (hasta ese año, la firma de Le Brassus solamente comercializaba ejemplares únicos de alta relojería, realizados de forma totalmente artesanal). Ello permitiría a la marca incrementar sus ventas, aunque sin renunciar ni un ápice a la calidad del producto.

En 1959 entró en juego la tercera generación de la familia Audemars, representada por Jacques-Louis Audemars, quien fue nombrado director técnico de la empresa. Este talentoso relojero tendría un papel muy relevante en la evolución de la empresa a partir de 1966, cuando asumió la presidencia del consejo directivo. Desde este cargo, supervisaría la creación de algunos modelos más icónicos de Audemars Piguet, con la complicidad de otra figura clave en la historia de la marca: Georges Golay. Nombrado director general y CEO de la compañía también en 1966, este nativo del Vallée de Joux impulsó la expansión internacional de la firma, creando una gran red de agentes, y contribuyó decisivamente en la consolidación de Audemars Piguet como una de las grandes casas de la alta relojería.

A la izquierda imagen del Musée Atelier Audemars Piguet. Arriba, Georges Golay, figura clave en la historia de la marca.

Un reloj icónico

A principios de la década de los 70, la industria relojera suiza estaba patas arriba. La irrupción de los relojes de cuarzo, más económicos y precisos, estaba dejando sin respuesta a las marcas históricas del sector, que veían como las ventas de modelos mecánicos se desplomaban año tras año sin poder hacer nada para evitarlo. En ese difícil contexto, y en respuesta a las sugerencias de los distribuidores italianos de la marca, Golay decidió lanzar un nuevo concepto de reloj, pensado para conectar de nuevo con el gran público.

En la vigilia de la inauguración de la feria de Basilea de 1971, contactó con el prestigioso diseñador suizo Gérald Genta y le encargó un modelo deportivo y elegante que pudiera lucirse tanto en el día a día como en una cena de lujo. El día después, presentaba en la feria un boceto del modelo que revolucionaría para siempre el concepto de reloj deportivo de lujo: había nacido el Royal Oak, destinado a convertirse en uno de los grandes iconos de la alta relojería. Elaborado en acero inoxidable (algo impensable hasta la fecha para un reloj de alta gama) y con un tamaño de 39 mm que superaba con creces los estándares de la época, el Royal Oak destacaba por su bisel octogonal –inspirado en un casco de buzo–, fijado por ocho tornillos con una cabeza hexagonal decorativa, y por su brazalete integrado de grandes eslabones planos.

Aunque el Royal Oak, que fue oficialmente presentado en la feria de Basilea del año siguiente, no fue un éxito inmediato de ventas, su popularidad no pararía de crecer en los años siguientes hasta convertirse, sin discusión, en el buque insignia de la marca, que muy pronto empezó a comercializarlo con diferentes materiales e incluso con complicaciones. Además, en 1976, Audemars Piguet introdujo el primer Royal Oak femenino, creado por su diseñadora Jacqueline Dimier.

Impulsada por el éxito del Royal Oak, Audemars Piguet recuperó el pulso durante la década de los 80, coincidiendo con el lento renacer de la relojería mecánica. La firma de Le Brassus continuó apostando por la innovación técnica, como demuestran modelos como el Royal Oak con calendario perpetuo (1984), de solo 7,5 mm de grosor, o el primer tourbillon de carga automática (1986).

En el año 2023, la marca lanzó el Code 11.59 by Audemars Piguet Ultra-Complication Universelle (RD#4), un reloj con 23 complicaciones y 40 funciones.

En 1991, Audemars Piguet volvió a demostrar su capacidad técnica con el Star Wheel, basado en la complicación de hora errante, que había sido inventada por los hermanos Vaucher en el 1800. Este espectacular guardatiempo ofrecía la lectura de horas y minutos mediante la rotación combinada de tres discos montados sobre una estructura giratoria.

En 1992, se incorporaron al consejo directivo de Audemars Piguet Jasmine y Olivier Audemars, miembros de la cuarta generación de la familia fundadora. Su llegada coincidió con la creación de la Audemars Piguet Foundation, que tiene como objetivo contribuir a la preservación de los bosques en todo el mundo y a la promoción de estos principios entre la juventud, y precedió al lanzamiento de una nueva colección, inspirada en el Royal Oak. Se trata, naturalmente, del Royal Oak Offshore, una reinterpretación extremadamente robusta y poderosa del célebre diseño de Gérald Genta.

En contraste con estas creaciones de carácter más deportivo, la marca de Le Brassus continuaba cultivando las complicaciones con las que se dio a conocer desde su fundación. En 1994 presentó un movimiento de carga manual con pequeña y gran sonería, y repetición de cuartos bitonal, y dos años después introdujo el Calibre 2885, un movimiento automático que combinaba una repetición de minutos, un calendario perpetuo y un cronógrafo “rattrapante”.

El Royal Oak Perpetual Openworked «150th Anniversary», una de las ediciones conmemorativas del 150º aniversario de la firma de Le Brassus.

Audemars Piguet en el siglo XXI

En el año 2000, Audemars Piguet celebró su 125º aniversario inaugurando un nuevo edificio en Le Brassus. Era un paso adelante en el proceso de verticalización de la compañía, necesario para garantizar su independencia en el sector, a la vez que debía permitirle incrementar significativamente su producción. Para la elaboración de sus movimientos más complicados, la firma recurría a la Manufactura Audemars Piguet Renaud et Papi (APRP), situada en Le Locle, que en 2002 también triplicó su superficie para satisfacer las necesidades de la marca. Además, en 2009 la compañía inauguró su propio taller de esferas, lo que le permitía garantizar mejor su calidad.

En el ámbito creativo, en este inicio de siglo, la firma destacó por su vertiente más futurista, con modelos como el Royal Oak Concept (2002), que más tarde se convertiría en su colección experimental por excelencia, o el Royal Oak Offshore Alinghi Team (2007), el primer reloj con esfera de carbono. En esta misma línea, en 2015 introdujo el Royal Oak Concept Supersonnerie, que revolucionaba la construcción de la caja en los relojes con sonería.

En 2019, la firma suiza lanzó una nueva colección, destinada a convertirse en uno de sus buques insignia en el futuro. Code 11.59 by Audemars Piguet destacaba por un diseño extremadamente contemporáneo, caracterizado por la yuxtaposición de formas, que a la vez rendía homenaje a la propia historia de la marca con detalles como la carrura octogonal. La colección original estaba formada por 13 modelos, con seis calibres de manufactura, a las que muy pronto se les unirían nuevas referencias.

En el ámbito institucional, el gran evento de los últimos años fue la inauguración, en 2020, del Musée Atelier Audemars Piguet, que aloja más de 300 piezas a través de las cuales el visitante puede sumergirse en la historia de la marca y de la relojería en el Vallée de Joux.

En 2023, Audemars Piguet quiso rendir otro tipo de homenaje a su propia historia, y lanzó el Code 11.59 by Audemars Piguet Ultra-Complication Universelle (RD#4), un reloj con 23 complicaciones y 40 funciones.

Este año, Audemars Piguet celebra sus 150 años de historia, consolidada como una de las firmas más reconocidas de la relojería y con su independencia productiva garantizada gracias al proceso de integración vertical iniciado a principios de siglo, y que tendrá como colofón la entrada en funcionamiento del espectacular Arc Building, un edificio perfectamente adaptado a su entorno, diseñado para centralizar todas las actividades de Audemars Piguet en el Vallée de Joux. Conectado por la Manufacture des Forges mediante pasarelas, albergará cerca de 1.100 empleados, lo que permitirá aumentar la producción anual hasta las 60.000 unidades.

Naturalmente, la firma de Le Brassus también ha querido festejar por todo lo alto 150º aniversario, con el lanzamiento de ediciones conmemorativas como el Royal Oak Perpetual Calendar Openworked “150th Anniversary”, que combina la belleza del esqueletizado con el carácter innovador de su caja de titanio y BMG (Bulk Metallic Glass).

Más información en: audemarspiguet.com

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