Hay casos en que la historia de una marca va estrechamente ligada al genio de su fundador. Este es el caso de Perrelet, cuyo nombre –aún después de 230 años de vida- no se puede separar de uno de los eventos cruciales de la historia de la relojería: la invención del reloj automático.
Abraham-Louis Perrelet nació el 9 de enero de 1729 en la localidad de Le Locle, en las heladas montañas de Neuchâtel. Hijo de un agricultor y carpintero, Abraham-Louis encontró su propio camino en la construcción de herramientas –actividad que con que, tanto él como su padre llenaban los fríos y largos inviernos en las montañas. En esta tarea pronto fue tan reconocido por su precisión que incluso los relojeros le encargaban piezas y le pedían consejo.

Retrato de Abraham-Louis Perrelet.
El primero de muchas innovaciones
Su maestría en el campo de los relojes no tardaría enrebasar el ámbito de la artesanía, y al poco tiempo em-pezó a introducir innovaciones que mejoraran el fun-cionamiento de los instrumentos: fue el primero en Le Locle en fabricar relojes con escape de cilindro, de «du-plex», de calendario y de ecuación. Él mismo diseñaba las «ébauches», pero también pulía los acabados, los piñones, las ruedas, los escapes y los mecanismos de remontaje de sus obras.Eso hizo crecer cada vez más su reputación, junto con su casi sobrenatural capacidad para descubrir en un solo vistazo cualquier imperfección o error de dise-ño en un movimiento fabricado por algún colega.
Sin embargo, la figura de Abraham-Louis Perrelet no ha-bría adquirido seguramente estos rasgos casi míticos si no fuera por la atribución de uno de los descubrimien-tos más fabulosos de la historia del sector relojero. Son numerosos, en efecto, los testimonios que atribuyen la autoría del reloj automático a Abraham-Louis Perrelet.
La masa oscilante
El más importante, sin duda, es el del profesor Horace-Bénédict de Saussure -uno de los fundadores de la So-ciété des Arts de Ginebra-, que en 1977 viajó a Neuchâtel para visitar a artesanos y manufacturas de la zona y conocer las últimas novedades. A su vuelta informó al comité que “el señor Perrelet, relojero de Le Locle, es el creador de un reloj de tal construcción que se le da cuer-da con el simple movimiento que se hace al andar sin sacarlo del bolsillo y ese movimiento es sufi ciente para que funcione durante ocho días”.
De Saussure, además, dejó escrito en sus notas personales que el relojero “se vio en la obligación de tener que modifi car el primero, porque no le había añadido un mecanismo de deten-ción y porque uno de sus relojes se le había roto a un señor mientras iba corriendo. Ahora, no con pocas pe-nas, consiguió integrarle un mecanismo de detención que funciona”.Por su parte, Jacques-Louis Perrot, cuestionado por Fréderic Samuel Osterwald –quien colaboró en la En-cyclopédie de Diderot y de Alembert–, sobre las no-vedades en la relojería de las montañas de Neuchâtel, contestó que «Los perpetuos objetos que llevamos in-ventando en nuestras montañas desde hace dos o tres años suscitan la curiosidad y no han dejado de darle fama a esos parajes.

Movimiento Calibre de doble rotor
Son relojes más grandes de lo nor-mal que se dan cuerda ellos mismos al llevarlos encima y dar unos pasos a lo largo del día. Basta caminar ocho minutos para darles cuerda para 24 horas…».Hasta su muerte en Le Locle, en 1826 (en el Museo Internacional de Relojería de La Chaux-de-Fonds se conserva una pieza que realizó a la edad de 96 años), el Anciano Perrelet se dedicó a perfeccionar sus invencio-nes y a desarrollar nuevas obras de arte de la relojería.
El mejor legado
Abraham-Louis fue sucedido por sus hijos, quienes, aún convirtiéndose en reputados artesanos, no llegaron a gozar de la genial inventiva de su padre. Las musas se saltaron caprichosamente una generación para tocar a Louis-Frédéric (1781- 1854), nieto de Abraham-Louis, quien se convertiría en uno de los maestros relojeros de su siglo y gran inventor.
Formado primero en el taller de su abuelo y más tar-de en la “escuela Breguet”, Louis-Fréderic se instaló en París, donde trabajaba para la Corte y después para las familias reales europeas. A pesar de haber innovado en todos los campos de la relojería (sus inventos com-prenden desde relojes marinos hasta instrumentos de medición), el nombre de Louis-Fréderic Perrelet va es-trechamente ligado, al igual que el de su abuelo, a una revolucionaria invención; en este caso, se trata del cro-nógrafo “à rattrapante”, que patentó en 1827, consistente en un contador de precisión de doble segundero. De hecho, la mayoría de piezas de museo y de colecciones privadas que llevan la fi rma familiar fueron diseñadas y elaboradas por este brillante relojero.
Sus méritos y su talento le valieron, en 1834, la Legión de Honor, posible-mente la distinción más importante y apreciada que se puede recibir en la República Francesa. A su muerte en 1854, Louis-Fréderic fue sucedido en la empresa familiar por su hijo Louis –quien, como él, también trabajó para la Casa Real francesa-, manteniendo una tradición secular de calidad e innovación, dig-na de una de las dinastías de más rancio abolengo de la industria relojera suiza –o, lo que es decir lo mismo, mundial.
Una gran trayectoria
El trabajo de Perrelet a lo largo de los últimos años ha querido seguir fi el a unos principios que han mar-cado toda su trayectoria histórica. La última colección de la enseña es un reflejo de ello, y presenta como novedad una combinación de metales en la elaboración que había conseguido en los últimos 10 años al oro rosa. Vuelven, así, los relojes de dos tonos. Se trata de una combinación que puede satisfacer tanto a los puristas del acero, como a los que quieren trazas de oro en sus piezas. Paralelamente, Perrelet ha rediseñado sus esferas para hacerlas más ricas y leibles y ha incorporado un nuevo color a su abanico cromático: el marrón chocolate oscuro intenso.

El Diamond Flower y su ingeniosa flor oscilante.
La mujer marca la diferencia
En esta línea, la colección Diamond Flower presenta una masa oscilante visible y en forma de flor, que ade-más de su función de carga automática, se convierte en el principal elemento decorativo de la esfera. Esta doble función ha sido posible gracias al calibre de doble rotor de Perrelet, que dota al reloj de una fuente de alimentación fi able en todo momento. En el ámbito creativo, cabe destacar que la citada colección fue diseñada por Carmen Voegli, ya que la empresa pensó que nadie mejor que una mujer podía comprender los deseos y las necesidades de las mujeres a la hora de adquirir su reloj.
No es el primer caso, obviamente, pero si una práctica poco frecuente en la relojería.Diamond Flower consta de una gama de 27 modelos prêt-à-porter, más siete piezas únicas correspondientes a la edición Prestigio Internacional, para los amantes de la exclusividad y la extravagancia.de la caja: el acero ha cedido parte del protagonismo.
Esta artículo ha sido publicado en el número 17 de la revista Máquinas del Tiempo.


