Richard Mille
RM 63-02 Automatic Worldtimer
El tiempo en oro y rosa
Por Ernest Valls
Richard Mille
RM 63-02 Automatic Worldtimer
El tiempo en oro y rosa
Por Ernest Valls

Richard Mille introduce una nueva lectura estética del RM 63-02 Automatic Worldtimer mediante la incorporación de oro rojo 5N en la caja, acompañada de una paleta cromática dominada por tonos rojos y rosados. Un cambio que transforma su expresión visual manteniendo intacta la arquitectura y el principio mecánico de la complicación de horas del mundo.


Vista general del RM 63-02 Automatic Worldtimer, una interpretación contemporánea de la complicación de horas del mundo en la que la caja y el bisel forman parte activa del sistema de lectura y ajuste.
El tiempo universal y la lectura particular de Richard Mille
La estandarización de los husos horarios es un concepto relativamente reciente en la historia del tiempo. Fue el ingeniero canadiense Sir Sandford Fleming quien, en 1879, propuso por primera vez un sistema horario global dividido en 24 zonas de una hora cada una, como respuesta directa al caos generado por la expansión del ferrocarril y de las comunicaciones internacionales. Hasta entonces, cada ciudad se regía por su propio tiempo solar local, lo que hacía prácticamente imposible coordinar horarios a gran escala. La propuesta de Fleming fue adoptada progresivamente y quedó formalizada a nivel internacional en la Conferencia del Meridiano de 1884, celebrada en Washington, que estableció el meridiano de Greenwich como referencia cero. Este nuevo marco permitió, por primera vez, concebir el tiempo como un sistema global y coordinado.
Por su parte, la complicación de horas del mundo nace en la primera mitad del siglo XX a partir del sistema desarrollado por el relojero ginebrino Louis Cottier, concebido para ofrecer una lectura completa y simultánea del tiempo en las 24 principales zonas horarias del planeta. Su principio mecánico, basado en la combinación de un disco de 24 horas y un anillo de ciudades sincronizado, permite conocer de un solo vistazo la hora en cualquier punto del mundo, sin necesidad de cálculos ni ajustes sucesivos. Este planteamiento responde a la necesidad de coordinar el tiempo a escala global y está intrínsecamente ligado a la idea de un tiempo continuo, ordenado y universal. A diferencia de un reloj GMT, concebido para seguir una segunda zona horaria además de la local mediante una aguja adicional vinculada a una escala de 24 horas, el “worldtimer” opera a una escala más amplia y propone una visión simultánea y completa del tiempo.

La nueva versión incorpora oro rojo 5N combinado con titanio grado 5 y adopta una paleta cromática dominada por tonos rojos y rosados, que transforma su expresión visual sin alterar la lógica de la complicación.
Cuando Richard Mille se acercó por primera vez a esta complicación, lo hizo a su manera. El RM 58-01 Worldtimer Tourbillon, presentado en 2013, no pretendía simplificar nada: era una demostración de fuerza técnica, una pieza exuberante y compleja, en la que el tourbillon y la indicación mundial convivían dentro de una escenografía mecánica tan espectacular como exigente. Todo ello se articulaba en una caja redonda, una geometría poco habitual en Richard Mille, que reforzaba el carácter singular del modelo dentro del catálogo de la marca. En él, la complicación “worldtimer” se reinterpretaba no desde la esfera o la corona, sino desde la propia arquitectura de la caja, integrando su accionamiento mediante el bisel. El ajuste horario dejaba así de ser una operación convencional para convertirse en un gesto físico directo, aunque apoyado en una construcción mecánica plenamente elaborada, en la que la sofisticación técnica se mostraba de forma explícita y formaba parte esencial de la experiencia de lectura.
Dos años más tarde, en 2015, Richard Mille volvió a abordar esta complicación desde un planteamiento más contenido. El RM 63-02 Automatic Worldtimer retoma el mismo sistema mecánico de horas del mundo ya explorado anteriormente, y mantiene idéntico principio de lectura y accionamiento, pero integrado esta vez en un movimiento automático de manufactura. La complicación se presenta desprovista de elementos adicionales como el tourbillon, lo que permite situar la indicación mundial en el centro del conjunto y otorgarle un mayor protagonismo funcional. Sin alterar la lógica ni la arquitectura del sistema “worldtimer”, el RM 63-02 se plantea como una interpretación más directa y coherente de la complicación: un “worldtimer” concebido para ser usado, no explicado; para viajar, no para ser contemplado.
Una década después de aquella primera interpretación automática de la complicación, Richard Mille presenta una nueva versión del RM 63-02 Automatic Worldtimer, que retoma el mismo planteamiento conceptual y el mismo principio mecánico que su predecesor, manteniendo incluso la denominación del modelo. Las diferencias entre ambas referencias se concentran en la ejecución de la caja y en la paleta cromática. La nueva versión incorpora oro rojo 5N junto al titanio grado 5 y adopta una gama de tonos rojos y rosados que sustituye a los azules presentes en el modelo de 2015, reforzando así una identidad visual distinta sin alterar la lógica ni el funcionamiento de la complicación.


La arquitectura de la caja, pese al cambio de geometría, mantiene intactas las señas de identidad de Richard Mille: construcción compleja, estructura tipo sándwich y un marcado carácter técnico.
La caja como arquitectura funcional
El nuevo RM 63-02 Automatic Worldtimer se presenta como una pieza de arquitectura relojera en la que cada elemento responde a una función precisa dentro de un conjunto altamente integrado. Lejos de concebir la caja como un mero contenedor del movimiento, Richard Mille la sitúa en el centro del planteamiento técnico y la convierte en un componente activo del funcionamiento de la complicación de horas del mundo.
La caja transforma la arquitectura habitual de un Richard Mille, de tipo “tonneau”, en una geometría redonda de 47 mm de diámetro y 13,85 mm de grosor, con una construcción compleja que combina oro rojo 5N y titanio grado 5. De este modo no se pierde ni un ápice de las señas de identidad de la marca, como la estructura de tipo sándwich, con una carrura central encajonada entre un bisel y un fondo de mayor tamaño. En este contexto, el bisel, elaborado en oro rojo microgranallado con biseles pulidos, se apoya sobre un sistema de rodamientos de bolas que permite su rotación fluida y precisa. No se trata, por tanto, de una elección estética, sino funcional: el bisel actúa como órgano de mando del “worldtimer”. Al girarlo, el usuario selecciona la ciudad situada a las 12 horas y, de forma simultánea, ajusta la indicación horaria de esa zona y de las otras 23 referencias mundiales.
De este modo, integrado directamente en la arquitectura de la caja, este sistema de ajuste elimina la necesidad de pulsadores adicionales o manipulaciones complejas de la corona. Una rueda incorporada en el propio bisel actúa sobre la rueda de horas del movimiento y sincroniza todas las indicaciones con un solo gesto. A nivel técnico, la validación refleja la robustez de esta solución: el mecanismo ha sido sometido a 5.000 rotaciones completas del bisel, con pruebas de estanqueidad intermedias que garantizan una resistencia al agua de 30 metros incluso tras un uso prolongado.

La vista despiezada del RM 63-02 revela la complejidad constructiva del conjunto y pone en valor una arquitectura mecánica concebida sin concesiones ni elementos ocultos.
Una lectura global, inmediata y coherente
La lectura de la hora mundial se organiza de manera clara y estructurada. Un realce interior graduado con 24 marcadores horarios permite identificar rápidamente la hora correspondiente a cada ciudad grabada en el bisel. Un disco bicolor, en tonos burdeos para las horas diurnas y rosa para las nocturnas, indica de forma inmediata la alternancia entre día y noche y se ajusta automáticamente a cada huso horario. El resultado es una lectura simultánea y coherente, fiel al principio clásico del “worldtimer”, reinterpretado desde una lógica plenamente contemporánea.
Bajo el cristal de zafiro con tratamiento antirreflejos en ambas caras, la esfera —también realizada en zafiro— actúa como un elemento estructural más que como una superficie decorativa. Además, gracias a su transparencia, es posible observar parcialmente la mecánica del movimiento, lo que refuerza el carácter técnico del reloj. Un puente superior de gran tamaño, con tratamiento de rodio negro y satinado circular, domina visualmente el conjunto y revela los engranajes móviles del mecanismo “worldtimer”, lo que establece un diálogo constante entre función y legibilidad.
A las 12 horas se sitúa la gran fecha, compuesta por dos discos esqueletizados de titanio y dispuesta de manera horizontal. Su ajuste se realiza mediante un pulsador en oro situado a las 11 horas, independiente del sistema de horas del mundo. Esta organización responde a una lógica de uso clara y evita interferencias durante la manipulación.
Asimismo, entre los elementos característicos del lenguaje Richard Mille se encuentra el selector de funciones, visible a través de un disco de titanio y accionado mediante un pulsador situado a las 4 horas. Este sistema permite alternar entre cuerda, puesta en hora y posición neutra de la corona, lo que reduce el riesgo de manipulación incorrecta de esta y refuerza el carácter instrumental del conjunto.

Detalle del disco de las decenas de la gran fecha, uno de los dos elementos que conforman esta indicación sobredimensionada y perfectamente integrada en la esfera.
El núcleo mecánico del sistema
En el interior del RM 63-02 Automatic Worldtimer late el calibre automático CRMA4, desarrollado íntegramente por la propia manufactura. Con un diámetro de 33,50 mm y un grosor de 7,73 mm, este movimiento late a 28.800 alternancias por hora (4 Hz) y ofrece una reserva de marcha aproximada de 50 horas. Su arquitectura se basa en una platina y puentes de titanio grado 5, microgranallados y tratados mediante electroplasma, una elección que mejora la rigidez estructural y garantiza la estabilidad del tren de engranajes.
El movimiento incorpora un barrilete de rotación rápida, que completa una vuelta cada cinco horas en lugar de las siete y media habituales. Con esta solución se reduce la fricción interna del muelle real y se optimiza la curva de entrega de par, lo que contribuye a una relación equilibrada entre autonomía, regularidad y rendimiento. El tren de rodaje utiliza un perfil evolvente específico, con un ángulo de presión de 20 grados, diseñado para compensar posibles desviaciones entre ejes y garantizar una transmisión de energía eficiente hacia el órgano regulador.
El volante de inercia variable, fabricado en CuBe, una aleación de cobre y berilio, y equipado con cuatro pesas de reglaje, elimina el índice regulador tradicional y permite un ajuste más preciso y estable a largo plazo. Esta configuración mejora la resistencia a los choques y aporta una mayor fiabilidad cronométrica en condiciones de uso cotidiano.
Los acabados del calibre CRMA4 responden a los estándares más exigentes de la alta relojería contemporánea. Puentes biselados y pulidos a mano, superficies microgranalladas, tratamientos PVD y electroplasma, ruedas con satinado circular y ángulos pulidos con diamante conviven con tornillos especiales de cabeza plana y tornillos “spline” en titanio grado 5, utilizados tanto en el movimiento como en la caja. Cada componente ha sido concebido no solo desde una perspectiva funcional, sino también como parte de un conjunto coherente y duradero.

El bisel giratorio no es un elemento decorativo, sino el centro operativo del sistema: desde él se acciona y sincroniza la indicación de las 24 zonas horarias.
Una nueva identidad visual
Finalmente, la nueva ejecución en oro rojo 5N y titanio grado 5 introduce una dimensión estética distinta respecto al modelo presentado en 2015. Los tonos cálidos del oro, combinados con una paleta cromática dominada por rojos y rosados, transforman la presencia visual del reloj sin alterar su lógica técnica. Esta elección refuerza el contraste entre materiales y acabados, subraya la complejidad constructiva de la caja y aporta una lectura más densa y sofisticada del conjunto.
Con una producción limitada a 100 piezas, el RM 63-02 Automatic Worldtimer se dirige a un público que valora tanto la innovación técnica como la coherencia conceptual. No es un reloj concebido para exhibir complicaciones por acumulación, sino para integrar una de las indicaciones más complejas de la relojería mecánica en un objeto funcional y utilizable en el día a día.
En este sentido, el RM 63-02 confirma la capacidad de Richard Mille para abordar el tiempo global desde una perspectiva propia, en la que la caja, el movimiento y la interacción con el usuario forman parte de un mismo discurso técnico. Un “worldtimer” concebido para acompañar al viajero contemporáneo, en el que la sofisticación mecánica se expresa a través de la precisión, la ergonomía y una arquitectura pensada para durar.
Más información en: richardmille.com


