Roger Dubuis

Excalibur Spider Flyback Chronograph

Roger Dubuis en estado puro

Por Ernest Valls

Treinta años después de su fundación, Roger Dubuis celebró su legado en Viena con una puesta en escena doble: emoción contemporánea y savoir-faire clásico. Allí, entre historia y espectáculo, la «maison» presentó una de sus últimas creaciones: el Excalibur Spider Flyback Chronograph.

Roger Dubuis celebró en Viena sus 30 años de excesos preciosos con una experiencia inmersiva, elegante y teatral. Una parada destacada fue la posibilidad de intervenir en el montaje de parte de uno de sus calibres.

Roger Dubuis, 30 años de excesos preciosos

Hay aniversarios que son celebración y memoria, pero también visión. Y el de Roger Dubuis –30 años de creatividad desatada y preciosos excesos– ha sido todo eso y más. La ciudad elegida fue Viena, un lugar de sinfonías y silencios donde la firma quiso mirar atrás para proyectarse hacia el futuro. Lo hizo a través de dos escenarios complementarios, como dos caras de un mismo reloj.

El primero, moderno y casi poético, nos envolvió en una atmósfera cálida y contemporánea. Fue allí donde los invitados compartimos una velada de complicidades, conversaciones, y descubrimientos. Todo respiraba el espíritu audaz de aquellos que, como el Sr. Roger Dubuis y el Sr. Carlos Dias, soñaron un día con reinventar la relojería ginebrina, llevándola a sus límites más expresivos.

El segundo espacio nos condujo al corazón más clásico de Viena, donde se desplegó un circuito interactivo concebido como un viaje por el savoir-faire de la «maison». Una experiencia inmersiva, elegante y teatral, en la que se recorrían tres décadas de pasión relojera, desde los primeros calibres con complicaciones propias hasta las grandes piezas contemporáneas distinguidas con el sello Poinçon de Genève.

Fue también una oportunidad para redescubrir la obsesión estética que ha marcado el lenguaje de la casa: sus cajas de geometría imponente, sus esferas esqueletizadas y ese estilo provocador que convierte cada Roger Dubuis en algo inmediatamente reconocible. No era un museo ni una retrospectiva al uso. Era más bien un manifiesto en movimiento, una declaración de intenciones envuelta en luz, sonido y precisión mecánica.

Treinta años después de su fundación, Roger Dubuis no busca simplemente celebrar su legado. Quiere seguir desafiando los límites. Y en Viena, ciudad de valses eternos y arquitectura atemporal, Roger Dubuis demostró que su danza con el tiempo apenas ha comenzado. mdt estuvo allí como privilegiado espectador (gracias, Valentina, Milena y equipo de Roger Dubuis por hacerlo posible) y testigo entusiasta de una celebración que no fue solo un aniversario, sino un auténtico espectáculo relojero.

Tres décadas de diversidad en estado puro: Roger Dubuis despliega su creatividad en una colección de formas, materiales y complicaciones que reflejan la audacia de la manufactura.

Excalibur Spider Flyback Chronograph:  arquitectura mecánica en estado puro

Hay colecciones que definen el carácter de una «maison». En Roger Dubuis, ese papel lo encarna Excalibur, la línea que mejor resume su filosofía estética y técnica. Desde su lanzamiento en 2005, Excalibur ha sido territorio de audacias: cajas de geometría imponente, esferas abiertas al vértigo y calibres diseñados no solo para medir el tiempo, sino para provocarlo.

Dentro de esta saga, la línea Spider representa su versión más radical y contemporánea. Inspirada en el mundo de los deportivos de altas prestaciones y concebida para quienes viven a toda velocidad, cada modelo Spider lleva el esqueletado al límite. No solo en el calibre, sino también en la caja, los pulsadores, las agujas… todo ha sido aligerado y tensado hasta convertir el reloj en una pieza de ingeniería suspendida. Y, también, de emoción contenida.

El nuevo Excalibur Spider Flyback Chronograph es la última expresión –y una de las más espectaculares– de esta filosofía. Un cronógrafo esqueletado de 45 mm, en oro rosa y titanio negro, que no se limita a mostrar el movimiento: lo exhibe con orgullo, con audacia y con una simetría que hipnotiza.

A las seis en punto domina la escena la rueda de pilares, esa joya mecánica que regula las funciones del cronógrafo. Más allá de su papel técnico, se convierte aquí en una firma estética, mecanizada en acero inoxidable con acabado en zinc pulido, que ancla visualmente toda la arquitectura de la esfera.

Un contador de minutos en arco de 120º, acompañado por una aguja tripartita que marca las decenas: un espectáculo visual sin precedentes.

A las nueve, el volante inclinado a 12 grados vibra con precisión –a una frecuencia de 4 Hz–, aportando equilibrio dinámico y profundidad tridimensional al conjunto. Su rendimiento se potencia gracias a un escape de silicio con revestimiento de diamante, garantía de precisión y resistencia
antimagnética.

A las tres, el espectáculo se acelera: el contador de minutos, en forma de disco y dispuesto en un arco de 120°, ofrece una lectura única y adictiva. Su aguja tripartita baila con los números en blanco, y crea un efecto cinético perfecto para los amantes del detalle y la innovación.

Y a las doce, casi ocultos, pero perfectamente alineados, se dejan entrever los dos barriletes que alimentan el calibre automático RD780SQ. Su disposición refuerza la simetría de la esfera y proporciona una reserva de marcha de 72 horas, en línea con el espíritu exigente del modelo.

En Roger Dubuis no entienden de discreción: el Excalibur Spider Flyback Chronograph no busca pasar desapercibido, sino proclamarse como una declaración de transgresión en estado puro.

Todo está pensado para sorprender. La caja esqueletada, los pulsadores calados, el fondo con un rotor inspirado en las llantas de los automóviles deportivos, y, por supuesto, los acabados a mano, que cumplen con los exigentes estándares del prestigioso Poinçon de Genève. Nada menos que 333 componentes, decorados con 16 técnicas artesanales distintas. Técnica, arte y emoción.

El reloj se presenta en una edición limitada de 88 unidades, en homenaje al número de la suerte del Sr. Roger Dubuis. Y sí, el “88” también aparece discretamente en la escala del taquímetro: un guiño cómplice para quienes saben mirar más allá.

En resumen: este Excalibur Spider Flyback Chronograph no es un reloj discreto. Es una declaración. Una escultura mecánica para quienes viven deprisa, piensan en grande y no están dispuestos a pasar desapercibidos. Una pieza que no solo mide el tiempo: lo acelera.

Más información en: rogerdubuis.com

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