La entrada en vigor del Tratado de Unificación de Alemania, el 3 de octubre de 1990, era todo lo que necesitaba Walter Lange para volver a su Saxonia natal -de la cual había tenido que huir después de la guerra para evitar el trabajo forzoso en las minas de uranio- y cumplir un sueño que perseguía desde hacía décadas: la refundación de la prestigiosa manufactura relojera creada por su bisabuelo en 1845, que había sido expropiada por el gobierno de la República Democrática Alemana en 1951 e integrada, como las demás marcas de la ciudad de Glashütte, en el conglomerado VEB Glashütter Uhrenbetriebe.

La fecha elegida para el nacimiento de la nueva “Lange Uhren GmbH”, el 7 de diciembre, no era casual, pues coincidía con 145º aniversario del establecimiento de la primera manufactura de relojes de bolsillo en Glashütte, de la mano de Ferdinand A. Lange, acontecimiento que cambiaría para siempre la historia de esta modesta localidad minera situada a los pies de los Montes Metálicos para convertirla en la capital de la relojería alemana.

Mansión familiar de F. A. Lange, edificada en 1874, que también era utilizada como taller

El nacimiento de la tradición sajona

Para encontrar el inicio de esta historia, sin embargo, hay que retroceder aún otro siglo y situarse en la ilustrada corte de Federico Augusto el Fuerte, elector de Sajonia y apasionado promotor de la ciencia, el arte, la artesanía y la arquitectura.

Durante su regencia, Dresde se convirtió en uno de los principales focos culturales del continente –ganándose la reputación de la “Florencia del Norte” por su suntuosa arquitectura barroca- y atrajo a multitud de estudiosos y maestros de todas las disciplinas. Entre ellos se encontraban los Relojeros de la Real Corte Sajona, encargados no sólo de conservar y reparar los preciosos ejemplares que poseía Federico Augusto –gran amante de los instrumentos de medida y, especialmente, de los guarda tiempos-, sino también del funcionamiento del gran reloj de la torre del Gran Palacio de Dresde.

Uno de estos maestros –designado Relojero de la Corte en 1815- fue Johann Christian Friedrich Gutkaes cuya maestría en la creación de cronómetros le había valido el reconocimiento más allá de las fronteras sajonas. Además de ser el autor del famoso Reloj de Cinco Minutos del edificio de la Ópera de Semper (emblemático edificio de Dresde), a él se debe también el mérito de haber descubierto la inteligencia, la diligencia y el innato talento de Ferdinand Adolph Lange para la relojería y de haberlo adoptado como aprendiz.

F. A. Lange, fundador de la manufactura

Nacido en Dresde el 18 de febrero de 1815, Ferdinand fue criado por una familia de comerciantes –sus jóvenes padres biológicos se habían separado y no podían hacerse cargo de él-, cosa que le posibilitó el ingreso en el Instituto Técnico de Educación de Dresde, donde recibió una formación generalmente reservada a técnicos e ingenieros.

Su encuentro con Gutkaes cambiaría su vida, pero también la relojería alemana. Después de completar el aprendizaje y ya como oficial relojero, Ferdinand A. Lange trabajó para los más importantes productores europeos –como Josef Thaddäus Winnerl- y viajó a los principales centros de la Alta Relojería de la época –Londres, París y Suiza-, lo que le permitió ampliar sus conocimientos. En su cuaderno de trabajo, repleto de complejos cálculos y detallados dibujos de componentes y movimientos, se puede comprobar el nivel de perfeccionismo con el que realizaba sus estudios.

A la vuelta del último de sus viajes, en 1840, Lange empezó a trabajar con su mentor y jefe –además de futuro suegro-, de quien se convertiría en socio de la manufactura “Gutkaes & Lange”. Ferdinand habría podido llevar a partir de entonces una tranquila y privilegiada existencia como relojero en la capital sajona, incluso siguiendo los pasos de su mentor en la corte, pero su carácter inconformista y, sobre todo, su profunda conciencia social le hicieron emprender un ambicioso proyecto en la zona más mísera y subdesarrollada de Sajonia: Erzgebirge, “los Montes Metálicos”.

Situada al sureste del Reino, esta gélida y boscosa región se había dedicado casi exclusivamente a la extracción de plata, hierro y cobre, apenas contaba con infraestructuras y estaba unida al mundo por una carretera casi intransitable. A principios de siglo, las minas habían empezado a agotarse, dejando a gran parte de la población en la pobreza.

Para poner fin a esta situación, Lange se puso en contacto con el Ministerio del Interior sajón para que le apoyara en el proyecto de introducir la producción de relojes en la pequeña ciudad de Glashütte (de apenas 1.000 habitantes), de modo que los jóvenes de la región de Erzgebirge pudieran asegurarse un futuro.

Después de dos largos años de gestiones, peticiones y entrevistas, en 1845 obtuvo finalmente un préstamo reembolsable de 7.820 táleros (una antigua moneda alemana de plata) para poner en marcha su proyecto.

Primer taller de relojería de Glashütte, fundado en 1845 por F. A. Lange.

Negocio floreciente

Así, el 7 de diciembre de ese mismo año nacía en Glashütte la manufactura Lange. El relojero tomó como aprendices a 15 jóvenes de la ciudad y pronto llevó a cabo la primera producción. Además de ocuparse de la formación de los jóvenes y gestionar la contabilidad de la empresa, Ferdinand A. Lange se involucró profundamente en los asuntos de la ciudad, de la cual ejercería como alcalde durante 18 años.Durante su gobierno, las infraestructuras de la zona mejoraron significativamente, lo que permitió el nacimiento de manufacturas especializadas en la fabricación de cajas y componentes relojeros, a menudo, fundadas por personas que él había formado.

Asimismo, Lange contactó con prestigiosos relojeros de todo el continente para que acudieran a Glashütte. Su llamada atrajo maestros como Julius Assmann, el danés Ernst Kasiske, Jens Lauritz Hensen o Hugo Müller, que inauguraron sus propias manufacturas en la ciudad sajona, como harían más tarde Ludwig Strasser y Gustav Rohde.Cuando murió, el 3 de diciembre de 1875, con tan sólo 60 años, no sólo dejó una próspera empresa, internacionalmente conocida y ganadora de múltiples galardones; legó un futuro a la ciudad de Glashütte i a toda la región de Erzgebirge, a través de su floreciente industria relojera. Por todo ello, la ciudad erigiría, en 1895, un monumento en su honor.

Su carácter emprendedor y el valor social de sus acciones no pueden ensombrecer, sin embargo, sus méritos como relojero. Además de ocuparse de la formación de los jóvenes y gestionar la contabilidad de la empresa, Ferdinand A. Lange tuvo tiempo para perfeccionar la maquinaria para mejorar la calidad de los acabados (como el torno con un sistema de volante operado con los pies) e introducir varias innovaciones que han acabado por convertirse en elementos distintivos de la Alta Relojería sajona.

Entre sus logros técnicos, se encuentran invenciones como la platina de tres cuartos -que incrementaba significativamente la precisión y la resistencia del movimiento- o el escape especial de Glashütte, pero también un cálculo más preciso de los componentes, para el cual fue crucial que introdujera del sistema decimal en la relojería.

Época de oro en Glashütte

Fue después de la muerte de Ferdinand A. Lange cuando su magna tarea dio sus mejores frutos y los Montes Metalíferos vivieron una época de esplendor industrial, coincidiendo con las primeras décadas de existencia del Imperio Alemán. La Escuela de Relojería Alemana (DUS), fundada en 1878 por el teórico Moritz Grossmann –amigo de Lange- supuso la independencia de la industria de Glashütte respecto a Suiza y Francia tanto en el plano formativo como en el práctico, y el asentamiento de la región como centro de la relojería alemana de precisión.

En cuanto a la manufactura –que operaba desde 1868 con el nombre “A. Lange & Söhne”-, fue asumida por los hijos del relojero, Richard y Emil. Bajo su dirección, la firma llegó a su madurez tanto en el ámbito mecánico como artesanal. Richard Lange, en particular, demostró haber heredado el gran talento técnico de su padre y empleó los últimos avances científicos en el diseño de sus calibres.

Richard, relojero y científico, hijo de del fundador de la manufactura

En las siguientes décadas, y siempre bajo la dirección de la familia Lange, la manufactura se benefició de los amplios conocimientos técnicos de sus relojeros y de su capacidad de innovación para convertirse en la firma alemana de referencia. Ello, unido a un buen instinto para los negocios, hizo que A. Lange & Söhne pudiese incluso capear las devastadoras consecuencias que la Primera Guerra Mundial tuvo para la industria de Glashütte –primero, con el éxodo de obreros hacia el frente; y más tarde, por la crisis generalizada que provocó la derrota del Imperio Alemán en el conflicto.

Es significativo que, cuando en la década de los 30 Hitler empezó a rearmar el país para sustentar su política expansionista y afrontar un inevitable nuevo conflicto, A. Lange & Söhne fuese una de las cinco marcas a las que se encargó la fabricación de los famosos “B-Uhren” –relojes de observación caracterizados por su fiabilidad y precisión- para equipar a los aviadores de la Luftwaffe.

La Segunda Guerra Mundial tendría, sin embargo, consecuencias nefastas para toda la industria alemana, y esta vez A. Lange & Söhne no fue una excepción. Con el III Reicht virtualmente derrotado, Glashütte fue víctima de los bombardeos aliados y buena parte de los complejos industriales de la ciudad resultaron destruidos. Pero ello era sólo el preludio de lo que estaba por venir: después de la capitulación alemana, el ejército soviético expropió y desmanteló buena parte de las fábricas del país.

Finalmente, en 1951 –ya con Alemania dividida en dos bloques-, el gobierno de la República Democrática unificaría toda la industria relojera de Glashütte en un único organismo, el anteriormente citado VEB Glashütter Uhrenbetriebe. Habría que esperar 43 años para volver a ver la firma “A. Lange & Söhne” luciendo en la esfera de un nuevo reloj.

El renacimiento

Tal como explicábamos al principio del artículo, fue Walter Lange quien, apenas meses después de la caída del Muro de Berlín –en el otoño de 1989- decidió volver a su Sajonia natal para devolver a la vida la compañía fundada por su bisabuelo.

Nacido el 29 de julio de 1924, Walter Lange fue, igual que la compañía familiar, víctima de la guerra. Gravemente herido en el frente, volvió a Glashütte sólo para presenciar cómo la fábrica era bombardeada el último día de guerra y, más tarde, sus instalaciones y maquinaria eran confiscadas por el ejército soviético. De hecho, él mismo tuvo que huir al Oeste para evitar pasar los siguientes años haciendo trabajos forzosos en las minas de uranio de Erzgebierge.

Así pues, Walter Lange residía en Pforzheim (Baden-Wurtenberg) cuando se produjo la caída de la República Democrática Alemana, aunque visitabaSajonia regularmente desde 1976 y había establecido contactos con los relojeros de Glashütte. A sus 66 años de edad, mantenía vivo el sueño de refundar A. Lange & Söhne y devolver a la relojería de la ciudad sajona su viejo esplendor. Y en ello tuvo a su mejor aliado posible: Günter Blümlein, una leyenda de la industria relojera que con su visión había salvado de la desaparición a dos marcas tan importantes como IWC y Jaeger-LeCoultre.

Maqueta del famoso reloj de Cinco Minutos de la Ópera Semper, del maestro de Lange, J. C. F. Gutkaes.

Fundada el 7 de diciembre de 1990, Lange Uhren creció bajo el paraguas de LMH (Les Manufactures Horlogères), división relojera del grupo empresarial VDO (creada por Blümlein), que en el año 2000 se integraría en el consorcio Richemont. El objetivo de Blümlein y Walter Lange era claro: situarse en el sector más alto del mercado con la elaboración de guarda-tiempos de vanguardia que, al mismo tiempo, fueran depositarios de la tradición sajona, a la que tanto había contribuido la familia Lange.

Ello se tradujo, en octubre de 1994, en el lanzamiento de la primera colección de la nueva etapa de A. Lange & Söhne, formado por los modelos Saxonia, Arcade, Tourbillon “Pour Le Mérite” y, sobre todo, Lange 1, el cual, con sus líneas sobrias y clásicas, prefiguraba las particularidades estéticas de las futuras colecciones. En el aspecto técnico, el reloj ponía de manifiesto la gran herencia relojera de Glashütte, con elementos -como la platina de tres cuartos de alpaca natural laminada, el puente del volante grabado a mano, los engastes de oro atornillados con tornillos de acero pavonado para el cojinete de rubíes del engranaje, etc.- que se han acabado convirtiendo en la marca de fábrica de la manufactura.

Cabe destacar, además, su inmensa indicación defecha, innovación técnica de la marca y, a la vez, homenaje al célebre reloj digital de Cinco Minutos elaborado por Gutkaes para la Ópera Semper de Dresde en 1841. Esta primera colección estrenaba, además, la denominación “Pour le Mérite”, que A. Lange & Söhne destina a algunas de sus piezas más refinadas (hasta el día de hoy, sólo cuatro modelos la han recibido), que además tienen como denominador común el sistema de transmisión mediante cadena y caracol (ver la sección “Técnica” de nuestra anterior edición).

Producción y formación

En agosto de 1997 Lange Uhren puso en marcha su propio centro de formación profesional –ubicado hoy en la mansión familiar de Lange- para garantizar las futuras generaciones de relojeros familiarizados con las viejas tradiciones de Glashhütte. Con ello, la compañía no sólo entroncaba con la tarea formativa de Ferdinand A. Lange, sino con la Escuela de Relojería Alemana, fundada por Moritz Grossmann en 1878, de la cual la firma Lange había sido una de las principales promotoras. Dos años después, la firma marcó un hito con la presentación del modelo Datograph, que combinaba un complejo mecanismo cronográfico con la gran indicación de fecha patentada por la marca.

Durante la última década, la firma alemana ha seguido ganándose el reconocimiento general gracias a piezas como el Cabaret Tourbillon, de 2008, primer reloj de pulsera con parada de segundero en un calibre de tourbillon; o el espectacular Lange Zeitwerk, dotado de una indicación de hora y minutos saltantes, que le valió el Premio al Mejor Reloj de 2009 en el Grand Prix d’Horlogerie de Genève.

Modelos como este han hecho de A. Lange & Söhne una de las marcas más apreciadas de la Alta Relojería, 21 años después de su refundación. Sin duda, en ello ha tenido mucho que ver, además de la personalidad de sus diseños, el hecho de que sus calibres estén íntegramente diseñados y montados en la propia manufactura, como prácticamente todos sus componentes (incluso las espirales del volante, que se elaboran en el Centro de Tecnología y Desarrollo de la compañía, inaugurado en 2003).

Esta independencia productiva garantiza, también, la gran capacidad para la innovación técnica de que hace gala la firma, y que sirve de contrapunto al respeto por la herencia recibida. En palabras de los mismos responsables de A. Lange & Söhne, sus relojeros intentan, con cada nuevo modelo, “fabricar el reloj del futuro con los valores permanentes del pasado”. Algo que refleja perfectamente el lema de la empresa: “Tradicionalmente en vanguardia”.

Este artículo ha sido publicado en el número 37 de la revista Máquinas del Tiempo.

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