La denominación “Pour le Mérite” que la firma de alta relojería sajona A. Lange & Söhne otorga de forma excepcional a algunos de sus modelos no es baladí. Hasta la fecha, sólo hay cuatro modelos de la marca que gocen de tal distinción. Es sinónimo del más alto refinamiento a todos los niveles, tanto de prestaciones mecánicas y cronométricas como estéticas, que pueda alcanzar un reloj de pulsera.

El origen de la denominación

Johann Heinrich Seyffert (1751-1817) quizá pueda ser considerado como el padre de la relojería sajona. Sus relojes gozaron de gran prestigio tanto entre los miembros de la corte del Príncipe Electo como entre la comunidad científica de la época. Seyffert apenas realizó un centenar de relojes. Entre sus prestigiosos clientes cabe mencionar al explorador y naturista de extraordinaria polivalencia Alexander von Humboldt (1769-1859), quien es considerado el padre de la geografía moderna.

En 1797 se desplazó especialmente hasta Dresde para recoger un cronómetro que había encargado para su expedición por América del Sur. Humboldt tenía especial interés en que Seyffert le instruyera en el uso de la cronometría para la navegación. Según los registros lle marchaba con una precisión diaria de cuatro a cinco segundos. Si el reloj no se movía, la desviación de marcha podía llegar a ser de menos de un segundo al día… ¡a finales del siglo XVIII! Alexander von Humboldt fue el primero en recibir, en 1842, la Orden del Mérito de Alemania por su contribución en el ámbito de las ciencias. A. Lange & Söhne se ha inspirado en lo que representa dicha distinción para otorgarla a aquellas piezas de singular maestría, de las que quiere enfatizar su contribución al desarrollo de la exquisitez técnica en la Alta Relojería.

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Pour le Mérite

Son cuatro las piezas que han alcanzado este sobrenombre en la manufactura de Glashütte: Tourbillon “Pour le Mérite” es el primer exponente de A. Lange & Söhne con la citada denominación. Comercializado en 1994 con la referencia 701.001, incorpora el calibre de remonte manual L902.0, dotado del sistema de cadena y caracol y tourbillon a las seis horas. Presenta indicaciones de horas, minutos, segundero horario a las nueve horas e indicación de reserva de marcha de 36 horas, situada a las tres.

La segunda pieza con esta denominación es el Turbograph “Pour le Mérite” (referencia 702.025), que A. lange & Söhne presentó en 2005, en la celebración del 15 aniversario de la reinstauración de la firma. Incorpora el calibre de remonte manual L903.0, dotado del sistema de cadena y caracol, tourbillon y función de cronógrafo ratrapante. Las indicaciones que ofrece son horas y minutos centrales, contador de minutos a las nueve horas, doble aguja segundera del cronógrafo (para la función ratrapante) e indicación de reserva de marcha de 36 horas, situada a las tres.

El Richard Lange “Pour le Mérite” fue la tercera pieza en recibir la distinción. Se trata de un reloj con funciones de horas minutos y segundero a las seis. Presentado en 2009 con la referencia 260.025, incorpora el calibre L044.1, dotado del sistema de cadena y caracol. La última pieza “Pour le Mérite” de A. Lange & Söhne ha sido presentada este 2011, en la última edición del SIHH. Se trata del Richard Lange Tourbillon “Pour le Mérite” (referencia 760.032), que incorpora el calibre L072.1 de remonte manual, dotado del sistema de cadena y caracol, tourbillon y disposición de regulador.

El denominador común

Todas las piezas que a las que A. Lange & Söhne otorga la distinción “Pour le Mérite” tienen un denominador común: el sistema de transmisión de fuerza del barrilete al tren de rodaje mediante cadena y caracol. Este sistema de transmisión toma como fundamento una de las máximas de Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo” a modo de resumen de la ley de la palanca en la que se basa el principio de la cadena y el caracol. Su invención se atribuye a Leonardo da Vinci, hacia el año 1540. Sobre este accionamiento escribió G.H. Baillie en su obra de referencia “Watchmakers and Clockmakers of the World“, que “probablemente en la mecánica ningún problema ha sido resuelto de una manera tan sencilla y tan perfecta“.

Un par de fuerza constante

La misión de esta solución técnica es suprimir la inevitable pérdida de un par constante de transmisión de la fuerza del muelle motor durante su distensión. En otras palabras: un muelle real no transmite al tren de rodaje –y, en última instancia, al conjunto volante/espiral-, una fuerza constante durante todo el tiempo que va desenrollándose. Como consecuencia de esta variación de la fuerza, la amplitud del volante (el camino que recorre éste en cada una de las alternancias) no es constante.

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Despiece del calibre base.

Cuando el muelle está totalmente cargado, la amplitud del volante es máxima, mientras que a medida que el muelle se desenrolla, va disminuyendo. La consecuencia de esta disminución paulatina de la amplitud es una pérdida de precisión en el cómputo del tiempo. Aunque es cierto que el movimiento oscilatorio del conjunto volante/espiral se enmarca en los denominados armónicos simples, una de cuyas propiedades es que el tiempo que tarda en producirse una oscilación es independiente de la fuerza que se le aplique, las condiciones reales introducen imperfecciones a este principio.

Las nuevas técnicas constructivas y los materiales utilizados en la relojería actual limitan en gran parte este efecto hasta convertirlo en prácticamente despreciable.

En busca de la perfección

A. Lange & Söhne, en su colección “Pour la Mérite”, ofrece una solución precisa y elegante al problema de la diferencia de par de transmisión problema: el accionamiento mediante cadena y caracol, basado en la fuerza de palanca. Cabe señalar que el accionamiento mediante cadena y caracol no es una novedad en sí mismo. La mayoría de relojes de bolsillo de los siglos XVI y XVII estaban provistos de este dispositivo, conocido con el nombre de fusée. Inicialmente, el elemento transmisor era una cuerda construida a partir de tripa, pero a partir de 1660 se sustituyó por una cadena.

El sistema consta de dos componentes que se hacen cargo de lo que normalmente depende únicamente del barrilete: estos dos componentes son el barrilete propiamente dicho y el caracol cónico. Una fina cadena, compuesta por más de 636 piezas, une ambos componentes. Por una parte está enganchada al extremo más ancho del caracol y por la otra, a la superficie exterior del barrilete. En el cono del caracol va entallada una ranura que, al igual que el camino en espiral que conduce a la cima de una montaña, lleva hasta la parte más estrecha del mismo.

Cuando el muelle del barrilete está totalmente distendido, toda la cadena está enrollada a su alrededor. Cuando el reloj tiene toda la cuerda dada, la cadena está totalmente desenrollada por la parte exterior del barrilete y enrollada en el caracol, habiendo llegado a su cima. El radio del caracol -es decir, la palanca- es pequeño en este punto; el par de fuerzas del muelle, por el contrario, es grande, al estar completamente tensado. A medida que el muelle se destensa, más pequeña es su fuerza. Sin embargo, al desenrollarse la cadena del caracol, la palanca se va haciendo cada vez mayor, exactamente en la misma medida que la fuerza del muelle disminuye. De esta forma, el par de fuerzas en el eje del caracol permanece constante, al igual que la amplitud del volante.

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Detalles del sistema de transmisión de fuerza del barrilete al tren de rodaje mediante cadena y caracol.

Una obra de arte relojera

Este extraordinario sistema sólo puede funcionar impecablemente si se dan tres condiciones previas: se requiere un dispositivo que bloquee la cuerda del reloj justo antes de que toda la ella esté dada, para evitar que se rompa la cadena. Se utiliza el movimiento vertical de la cadena para accionar un sutil sistema de palanca que bloquea el rochete en el momento oportuno.

Se necesita, además, un dispositivo que detenga el mecanismo antes de que se haya acabado toda la cuerda. Una rueda de la reserva de marcha, que dirige una palanca de parada, se encarga de esta función. Transcurridas exactamente 36 horas, la palanca cae en una entalladura de la rueda y, debido a la fuerza del muelle, se desplaza con su largo extremo hasta el círculo de acción de un dedo especialmente conformado que se coloca en el árbol de la rueda del segundero, y la bloquea al encontrar la palanca. La aguja del segundero se queda en la posición cero.

Por último, se requiere una construcción capaz de garantizar que el accionamiento no será ́ interrumpido ni siquiera cuando se dé cuerda al reloj. Un genial engranaje planetario colocado en el interior del caracol se ocupa de que se mantenga la transmisión de fuerza del caracol al mecanismo incluso en esta situación. Los detalles técnicos más interesantes, como la cadena, el mecanismo de bloqueo y el rochete (debajo del cual se encuentra el caracol con todo el engranaje planetario), se pueden ver a través de las ranuras de la platina tres cuartos finamente decorada.

Este artículo ha sido publicado en el número 36 de la revista Máquinas del Tiempo.

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