En 1832, Auguste Agassiz se mudó a la ciudad suiza de Saint-Imier, situada en Courtelary, uno de los tres distritos francófonos del cantón de Berna, donde en seguida empezaría a trabajar en el Comptoir horloger Raiguel Jeune, una empresa de comercio de piezas de reloj. Un año más tarde, Agassiz se asociaba con Henri Raiguel y Florian Morel para fundar el Comptoir Raiguel Jeune & Cie. Era el preludio del nacimiento de Longines, que casi dos siglos después se ha convertido en una de las marcas más prestigiosas del mercado relojero.

Pero aún le quedaba un largo camino por recorrer a esta pequeña empresa; un camino lleno de cambios de nombre y de manos: en 1838, después de retirarse Raiguel, el que entonces pasó a llamarse Comptoir Agassiz & Cie quedó a manos de los dos socios en activo. En 1847, sin embargo, Florian Morel seguía los pasos de Raiguel, y Auguste se convertía en el único propietario del comptoir.

La empresa encontró en poco tiempo una buena salida comercial para sus productos, incluso en mercados lejanos. El salto más importante se produjo, sin embargo, en 1862, cuando Ernest Francillon, sobrino de Agassiz, que había empezado a trabajar con él cinco años antes, se puso al mando de lo que pasaría a denominarse Ancienne Maison August Agassiz, Ernest Francillon, Successeur.

Fábrica en Les Longines

Francillon fue el artífice de este gran salto. En 1866, adquirió dos parcelas de tierra en la riba derecha del rio Suze, cerca de un lugar llamado Les Longines, (en referencia a los campos largos i estrechos que había en la zona), para construir allí la primera fábrica Longines.

Esta inversión permitió integrar bajo un mismo techo todos los trabajos implicados tanto en el proceso de fabricación de las piezas como en el ensamblaje y acabado de los relojes. Para llevar a cabo esta pequeña revolución, Francillon contó con la inestimable colaboración del ingeniero Jacques David, que dotó a la manufactura de las herramientas y maquinaria necesarias para mejorar y mecanizar el proceso de producción, muchas de ellas, diseñadas por él mismo.

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Su trabajo no tardó en dar los primeros frutos, y en 1867 nacía el primer movimiento, llamado L20A. Con su primera pieza, Longines contribuyó decisivamente a la evolución de la técnica relojera, incorporando la cuerda manual por corona, de modo que rompía con la tradición de dotar a las máquinas de una cuerda por llave. Este modelo fue presentado personalmente por Francillon en la Exhibición Universal de París de ese mismo año, y le valió su primer galardón: una meritoria medalla de bronce.

Éxitos similares se sucederían a menudo durante la historia de Longines, contribuyendo a engrandecer su prestigio (cosa que obligó a Ernest Francillon a registrar tanto el nombre como el logotipo en la Oficina Federal para la Propiedad Intelectual, en 1880), tanto en Suiza como en Europa. La marca obtuvo su primer Grand Prix en la Exposición Universal de Antwerp, en 1885, y repetiría posteriormente en Bruselas, en 1897; París, en 1889, 1900 y 1925; Milán, en 1906; Génova, en 1914, Filadelfia, en 1926 y Barcelona, en 1929.

Primeros relojes de pulsera

Los primeros años del siglo XX fueron un periodo plagado de reconocimientos para la marca, y también rico en cambios. En Suiza empezaba a introducirse el reloj de pulsera en detrimento del clásico de bolsillo. En 1905, Longines fue de los primeros en lanzarse a fabricar ese tipo de piezas, lo que supuso una importante reestructuración de la manufactura de Saint-Imier, así como de sus sistemas de producción. Éste fue sólo el primero de los grandes cambios vividos por la relojería de principios de siglo.

A partir de 1910, los diseñadores empezaban a experimentar con nuevas formas, y Longines revolucionó el mercado con sus relojes de caja cuadrada y rectangular en un periodo en que la moda empezó a entrar decididamente en el mundo de la relojería. Durante la década de los años 20 y 30, el diseño y la estética de los relojes no se libró de la influencia Art Déco que impregnaba todos los ámbitos artísticos. Las formas cuadradas o rectangulares fueron las protagonistas, en 1928, de los primeros anuncios de Longines, con la elegancia como principal argumento.

Durante este periodo, la marca lanzó tres memorables modelos engastados con diamantes y zafiros que mucho más tarde reaparecerían en una edición vintage para conmemorar sus 170 años. Además, en 1931, el prestigioso aviador Charles A. Lindberg, que cuatro años antes había protagonizado uno de los eventos más importantes y recordados de la aeronáutica realizando el primer vuelo transatlántico sin escalas entre Nueva York y París (en 33 horas y 30 minutos), diseñó para Longines un nuevo instrumento de navegación que hoy se considera una pieza histórica.

1945 vio el nacimiento del primer movimiento automático de la marca, el calibre L22A con masa oscilante bidireccional. La década de los 60 fue una época de éxitos para Longines, ya que cuatro de sus diseños recibieron premios de la Diamond Academy. Además, en 1964, la marca ganó el Prix d’Honneur de la ciudad de Lausana, celebrado en motivo de la Exposición Nacional Suiza, que se celebra cada cuarto de siglo.

Retos tecnológicos

Era el preludio de otra época de cambios, ya que los años 70 trajeron en todo el mundo la revolución del cuarzo, que cambiaría la historia de la relojería para siempre. La sensación de que cualquier cosa era posible en el diseño descolocó un poco a todo al mundo, y fue preciso que pasara un poco de tiempo para que las aguas volvieran a su cauce y las marcas retornaran a su origen: crear belleza para ser lucida en la muñeca. Longines lo consiguió con modelos como Flore Marine, Vagues (ambos, de 1970), Kleopatra (1975) o Volubilis
(1978), todos ellos, ganadores del prestigioso galardón Rosa Dorada de Baden-Baden.
La serie de relojes de plata sólida creados por el diseñador francés Serge Manzon durante años ha sido una fuente de inspiración varios fabricantes de relojes.

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Sin embargo, el gran reto de Longines en ese momento se estaba produciendo en el campo de los movimientos planos. El 1979, los modelos Feuille d’Or, equipados con un calibre de cuarzo L795 integrado a la caja, rompieron la barrera de los dos milímetros de espesor. Con 1,98 milímetros, se convirtió en el reloj más plano del mundo. En la misma línea, la marca suiza celebró su 150º aniversario en 1982 con una colección de relojes ultraplanos de oro –sólo 3 mm y resistentes al agua-, que recibieron el nombre de Agassiz.

En 1984, Longines lanzó su reloj Conquest que, con su calibre VHP de alta precisión desarrollado por la marca, era entre cinco y diez veces más exacto que un reloj de cuarzo normal. Unos años más tarde, Longines recuperó sus modelos Agassiz y lanzó la línea La Grande Classique de Longines, ahora en acero inoxidable. Asimismo, la marca volvió la mirada hacia sus relojes de los años 20 y 30 para introducir la línea “L’Elégance du temps depuis 1832”, en 1997.

El 19 de febrero de 2001, la enseña celebró su reloj 30 millones y quiso conmemorarlo con una colección de 990 piezas, equipadas con un calibre L.990. Dicha colección ganó el premio La Montre de l’Année. No era el único motivo de festejo para Longines: en 2002 cumplía su 170º aniversario, y lo celebró con el lanzamiento de Les Elégantes, una colección formada por tres relojes joya de look vintage.

Durante los últimos años, Longines ha elaborado varios modelos que recuperan la forma de sus piezas clásicas (es el caso de la colección Evidenza, de 2003, basada en un diseño tonneau de 1925). La empresa, incorporada al grupo Swatch, ha convertido la elegancia y el respeto por su rica herencia en un elemento central de todas sus creaciones, que hoy en día se comercializan a más de 130 países.

Longines y el deporte

Hay pocas marcas relojeras que puedan presumir como Longines de tener una relación de casi un siglo con el mundo del deporte. Una relación prolongada y fructífera que empezó oficialmente en 1912, cuando la manufactura ideó un sistema electromecánico (con dos cables que se rompían al inicio y al final de la carrera) para cronometrar las carreras del campeonato federal suizo, que se celebró en Basilea.

En 1952, Longines volvía a innovar con el sistema Photogines, el primer sistema para visualizar la llegada a la meta mientras se medían los tiempos de la carrera, como haría de nuevo ocho años más tarde con el sistema Contifort. Paralelamente a su participación en las competiciones atléticas y gimnásticas, Longines se ha involucrado durante décadas en la celebración de concursos hípicos.

Concretamente, desde el Concourse Hippique International de Ginebra, en 1926, la marca suiza ha patrocinado más de un centenar de competiciones tanto en Europa como en Estados Unidos y, más recientemente, también en Arabia. En 2007, además, Longines se convirtió en el cronometrador oficial del torneo de tenis Roland Garros, además de fichar al ex tenista André Agassi como Embajador de la Elegancia.

Este artículo ha sido publicado en el número 21 de la revista Máquinas del Tiempo.

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