Día 20 de julio de 1969, 02:56 GTM. Ante la mirada incrédula de 450 millones de personas, apostadas ante los monitores de televisión de todo el mundo, el astronauta Neil Armstrong descendía por la escalera del Módulo Lunar Eagle para posarse suavemente sobre la superficie lunar. Un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la Humanidad. Aproximadamente 19 minutos después, otro de los astronautas de la misión, Edwin Buzz Aldrin, seguía sus pasos para acompañarle en el paseo lunar.

En ese preciso instante, su Omega Speedmaster se convertía en una pequeña leyenda: el primer reloj en ser utilizado sobre la superficie de la Luna. Curiosamente, el Speedmaster que debía lucir Armstrong se quedó en el módulo para sustituir el sistema electrónico de medición del tiempo, que no funcionaba correctamente. Todo había nacido unos años antes. Concretamente, el 12 de septiembre de 1962, cuando el presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy anunció ante el auditorio de la Universidad Rise que, antes de finalizar la década, Estados Unidos llevaría a un hombre a la Luna y lo traería de vuelta a casa sano y salvo. Era su osada respuesta a los significativos éxitos de la Unión Soviética, que con su programa Sputnik parecía haber tomado la iniciativa en la Carrera Espacial e incluso había hecho orbitar a un ser vivo (la malograda perrita Laika) alrededor de la Tierra, en 1957.

Se iniciaba entonces una auténtica carrera contra reloj para llevar a cabo lo que parecía una proeza científica. Más aún cuando la NASA, fundada en 1958, había realizado su primer –y modesto, pues duró 15 minutos y 28 segundos- vuelo suborbital tripulado, el protagonizado por el astronauta Alan Shepard, siete meses antes.

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La NASA y Omega, nacimiento de una alianza

En esta frenética carrera, la NASA contó con la colaboración de una prestigiosa manufactura suiza que por aquel entonces contaba ya con 114 años de experiencia en la fabricación de relojes de máxima precisión. Se trata, como ya habrán adivinado, de Omega.

Fue el astronauta Wally Schirra quien, el 3 de octubre de 1962, se ciñó su propio Omega Speedmaster a la muñeca en el vuelo que le llevó a dar realizar seis órbitas circunterrestres durante 9 horas, 13 minutos y 11 segundos a bordo del Sigma 7. Era la primera misión que se realizaba desde el famoso discurso de Kennedy, y el inicio de una fructífera relación entre Omega y la NASA, que se institucionalizaría poco después.

Concretamente, en marzo de 1965 se hizo público el resultado de las pruebas realizadas por la agencia espacial norteamericana que determinaba que el cronógrafo Speedmaster era el único cualificado para ser utilizado en todos los vuelos espaciales. Fue a raíz de esos resultados que el Speedmaster adquirió la denominación “Professional”. Así pues, los astronautas del programa Gemini, predecesor inmediato del Apollo que tenía como objetivo aumentar paulatinamente el tiempo de permanencia del hombre en el espacio, ya lucieron ese modelo en sus misiones espaciales, como se puede ver en una famosa foto de 1965 en la que Ed White sale flotando en el espacio, con la silueta terrestre en su espalda. Era el primer paseo de un astronauta norteamericano fuera de la nave.

La experiencia en las pruebas y en los primeros vuelos del programa Gemini sirvió para que Omega pudiera mejorar sus relojes para adaptarlos a las necesidades de la tripulación y a la dureza del medio en el que tenían que ser utilizados. El ingeniero James Ragan, responsable de probar y preparar el soporte físico de vuelo del programa Apollo y director de sistemas de apoyo del programa Space Shuttle, fue el hombre de la NASA que más trabajó junto a Omega para realizar las modificaciones pertinentes. Fue él quien se dio cuenta de que la caja de los primeros Speedmaster utilizados en los vuelos Gemini no protegían suficientemente los pulsadores, por lo que la marca suiza rediseñó el reloj para evitar que se rompieran. Los nuevos modelos, con el mismo movimiento, fueron los utilizados desde el programa Apollo en adelante. Igualmente, el diseño de los relojes se adaptó para facilitar el manejo de los pulsadores por parte de los astronautas con sus gruesos guantes.

Programa Apollo, camino de la Luna

El programa Apollo, que llevaría finalmente al hombre a la Luna, empezó con mal pie. El 27 de enero, un incendio en el módulo AS-204 (que más tarde recibiría el nombre de Apollo 1) causó la muerte de sus tres tripulantes. Pero había demasiado en juego, de modo que la tragedia no supuso que se congelara el programa. Al contrario, éste fue seguramente uno de los periodos de mayor actividad en la NASA, cuyas misiones espaciales se sucedían sin pausa. Hasta 10 misiones se realizaron entre enero de 1967 y mayo de 1969. Entre ellas, destaca la Apollo 7 (la primera tripulada del programa), que en octubre de 1968 consiguió mantenerse en órbita sin un tiempo prefijado, dependiendo sólo de los suministros alimenticios y de oxígeno. Sólo dos meses después, la Apollo 8 vencía el campo de gravitación terrestre para realizar la primera órbita circunlunar. Era la primera vez que el hombre divisaba la cara oculta de nuestro satélite.

El sueño que Kennedy había anticipado en 1961 -y que nunca pudo ver realizado, pues fue asesinado en Dallas en noviembre de 1963- se hizo realidad, como hemos dicho, el 24 de julio de 1969, cuando Armstrong, Aldrin y Collins reingresaron en la atmósfera terrestre para caer suavemente sobre las aguas del Océano Pacífico, sanos y salvos.

Obviamente, no fue ese el fin de la carrera espacial.

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El astronauta Thomas P. Stafford (izquierda) y el cosmonauta Aleksey A. Leonov, fotografiados juntos en el Módulo Orbital Soyuz en el Proyecto-prueba de acoplamiento conjunto de EE.UU. – URSS Apollo-Soyuz en la misión de órbita de la Tierra. Los dos son comandantes de sus respectivas tripulaciones.

Ni tan siquiera del programa Apollo, que continuaría hasta 1972, con varios alunizajes y otro momento para la historia, en 1970, cuando la tripulación del Apollo 13 mantuvo en vilo a todos los ciudadanos de los Estados Unidos después de que una explosión dañara el módulo de servicio (hecho que fue comunicado a la Tierra por el comandante James A. Lovell con el célebre “Houston, hemos tenido un problema”).

En el milagroso regreso a la Tierra a bordo del módulo de mando, aprovechando la inercia de su única órbita a la Luna, mucho tuvo que ver el Omega Speedmaster, que fue utilizado para marcar con precisión cronométrica el encendido del cohete motor. La misión Apollo 17 fue la última que se posó en la Luna, pero el programa continuó hasta julio de 1975, con el Proyecto de Prueba Apollo-Soyuz (también llamado Apollo 18), en el que una nave Apollo dirigió ejercicios de atraque en el espacio con la Soyuz 19 soviética. Al finalizar el programa, 24 astronautas habían viajado a la Luna y 12 habían paseado por su superficie.

Sin embargo, aun hoy se considera aquel lejano 20 de julio de 1969 como el momento culminante de la historia aeroespacial, y Omega ha querido homenajear la efeméride con una edición conmemorativa del Speedmaster Professional, que analizamos detenidamente en nuestra sección En Portada, en esta misma edición. Un reloj para recordar una época en que el espíritu aventurero de unos hombres se alió con una coyuntura política propicia para conseguir lo que unos pocos años antes parecía pura ciencia-ficción. El logro del Apollo 11, que fue percibido como una victoria definitiva por parte de Estados Unidos sobre la Unión Soviética, y el posterior fin de la Guerra Fría tranquilizaron la carrera espacial, y aunque hoy el lanzamiento de artefactos al espacio es continuo, un cierto pragmatismo parece haber sustituido al romanticismo de aquellos días.

Sin embargo, en silencio, el hombre continúa mirando al espacio y conspirando para conquistarlo. No se sabe cuánto tiempo habrá que esperar para que la Humanidad dé su siguiente gran salto, pero los científicos ya han posado sus ojos en nuestro vecino Marte, cuya superficie ya fue pisada por el vehículo todoterreno Sojourner. Lo que sí parece claro es que, si es un astronauta americano el primero en caminar sobre el planeta rojo, lo hará luciendo un magnífico Speedmaster en su muñeca.

Speedmaster : Moonwatch

Cuando los diseñadores de Omega crearon el cronógrafo Speedmaster, poco podían pensar que se convertiría en el primer reloj en ser llevado sobre la superficie lunar. Aunque el astronauta Wally Schirra ya se ciñó su propio Speedmaster durante una misión orbital en 1962, fue el 1 de marzo de 1965 cuando la NASA, después de someter a varios cronógrafos de diferentes marcas a duras pruebas, adoptó al Speedmaster como su único “Reloj de Pulsera Certificado Oficialmente para Todas las Misiones Tripuladas”.

A lo largo de su historia, este cronógrafo mecánico de cuerda manual (obviamente preferible a los de cuerda automática en condiciones de ingravidez) sufrió varios rediseños, tanto en su interior como en el exterior. El calibre original del Speedmaster era un Omega 321 (o, lo que es lo mismo, un Lemania 2310), que fue sustituido en 1968 por el que aún hoy calza, un Calibre 861 (Lemania 1873) ligeramente más preciso (21.600 alternancias por hora, en vez de las 18.000 del Calibre 321) y de fabricación más económica. Ambos calibres ofrecen una reserva de marcha aproximada de 50 horas.

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Versión conmemorativa de los 40 años del Moonwatch.

Sin embargo, es en el aspecto externo donde el Speedmaster ha sufrido más modificaciones a lo largo de los años. Una de las más importantes fue propuesta por el ingeniero de la NASA James Ragan, que notó que la caja no protegía suficientemente los pulsadores, que se rompían o se torcían con facilidad. Por ello, Omega la modificó, dándole la forma tonneau que aún hoy conserva. Paralelamente, la mayoría de elementos crecieron para facilitar tanto la legibilidad de las agujas como la manipulación de los pulsadores y la corona. La caja del Speedmaster, sin ir más lejos, pasó de los 39 mm originales a 40, en 1959 para llegar, ya en la versión Professional de 1965, a los 42 mm. La necesidad de utilizar el reloj con el grueso traje espacial también hizo que el diámetro de la corona y los pulsadores creciera algún milímetro respecto al modelo original.

Lo que no ha variado sustancialmente a lo largo de los años es la elegante esfera tricompax del Speedmaster, más allá del añadido de la categoría “Professional” debajo del nombre del modelo (sólo algunas ediciones especiales han incluido un dibujo evocativo del módulo Eagle en alguna de las subesferas). Las principales modificaciones se han producido en las agujas, sobre todo para aumentar su visibilidad en condiciones de poca luz.

 

Este artículo ha sido publicado en el número 22 de la revista Máquinas del Tiempo.

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