A. LANGE & SÖHNE

El legado sigue vivo

Por Redacción

El legado de Ferdinand Adolph Lange sigue vivo, y la compañía que fundó, A. Lange & Söhne, es hoy una de las firmas más destacadas del panorama relojero internacional.

S

ituada en la región natural de Osterzgebirge, los Montes Metalíferos orientales de Sajonia, la ciudad de Glashütte es mundialmente famosa por ser el centro neurálgico de la relojería alemana y por alojar las firmas más importantes del país. Este honor se lo debe, en gran parte, a Ferdinand Adolph Lange (Dresde, 1815 – Glashütte, 1875), el hombre que trajo la relojería a la ciudad y la sacó de la terrible depresión económica que arrastraba desde hacía décadas. 

Hijo de padres separados, Ferdinand Adolph Lange se introdujo en la relojería a través del maestro relojero Johann Christian Friedrich Gutkaes, que enseguida supo reconocer su talento. Alentado por su mentor, en 1837 Lange viajó a Francia para trabajar al lado del maestro relojero austríaco Joseph Thaddeus Winnerl, que regentaba un importante taller cerca de París. En Francia, el joven relojero no solo tuvo ocasión de aprender de los más reconocidos maestros relojeros del país, sino que pudo estudiar astronomía y física en la Sorbona, lo que sin duda le ayudaría en su carrera posterior. Durante este periodo, Lange también aprovechó para viajar a Inglaterra y Suiza, los otros dos grandes centros europeos de producción relojera, e inmortalizó sus descubrimientos en su cuaderno de viajes, que llenaba de bocetos y detalladas explicaciones.

Ferdinand Adolph Lange, fundador de A. Lange & Söhne e introductor de la relojería en Glashütte.

El increíble Grand Complication No. 42500, vendido a un ciudadano austriaco en 1902 por 5.600 marcos.

Tras cuatro años en el extranjero, en 1841 F. A. Lange volvió a su Sajonia natal para casarse con Antonia Gutkaes, hija de su maestro. La boda tuvo lugar en 1842, el mismo año en el que Lange recibió el diploma de maestro artesano y se convirtió en socio de su antiguo mentor, con quien fundó la sociedad Gutkaes & Lange. Sin embargo, un proyecto aún más ambicioso empezaba a tomar forma en su mente: crear una manufactura relojera en el corazón de los Montes Metalíferos que fuera capaz de competir con los principales centros de producción europeos.

Convencido de la viabilidad de sus planes, en 1843 Lange empezó a escribir a las autoridades sajonas para promover su idea de “una nueva industria para la población empobrecida de los Montes Metalíferos”. Finalmente, en 1845, el Ministerio de Interior del Reino le concedió un crédito para contractar y formar a 15 aprendices de relojería en la ciudad de Glashütte, y otro para la compra de herramientas.

Ese mismo año, Ferdinand Adolph Lange y su socio Gustav Bernhard Gutkaes (1817–1893) se mudaron a Glashütte, y el 7 de diciembre recibían sus primeros aprendices. Había nacido la compañía Lange & Cie, que cambiaría para siempre la historia de la ciudad y de toda la región de los Montes Metalíferos orientales. Pocos días después de su fundación, nacía el primer hijo de Adolph Lange, llamado Richard. 

Inicios complicados

Como era de esperar, los inicios no fueron nada fáciles para la compañía. La escasez de medios y la falta de experiencia de los aprendices eran un lastre para la producción, de modo que Lange tuvo que invertir todos sus ahorros en el desarrollo del negocio e incluso endeudarse para evitar la quiebra. Además de realizar este esfuerzo económico, el joven relojero –y ahora empresario– introdujo importantes mejoras en la manufactura para potenciar su productividad: por una parte, fue pionero en la implementación del sistema métrico decimal en la relojería para facilitar las conversiones e incrementar la precisión de los componentes. Por otra, fomentó la especialización de sus trabajadores en las distintas fases de la producción para mejorar la calidad y reducir los errores. Además, en 1964 desarrolló la platina de tres cuartos para mejorar la estabilidad del mecanismo. Este componente acabaría convirtiéndose en un elemento distintivo de A. Lange & Söhne y de la relojería sajona en general.

Monumento erigido en honor a F. Adolph Lange en Glashütte.

El compromiso de Lange con la ciudad de Glashütte y con su país fue mucho más allá de la fundación de una compañía que, poco a poco, contribuyó al florecimiento económico de la región y dio trabajo a muchos de sus ciudadanos. En 1848, asumió el cargo de alcalde de Glashütte, que mantendría durante 18 años, y más tarde fue incluso elegido diputado en el parlamento de Sajonia. Ferdinand Adolph Lange murió el 3 de diciembre de 1875, a la edad de 60 años. Por aquel entonces, sus hijos Richard y Emil ya se habían incorporado a la compañía, que había pasado a denominarse “A. Lange & Söhne”. A la muerte del fundador, fueron ellos los que se situaron al frente de la empresa para continuar la labor de su padre.

Prestigio internacional

Si Ferdinand Adolph había destacado tanto en el ámbito de la técnica relojera como en el de los negocios, sus hijos ofrecían cualidades complementarias: mientras Richard era un excelente diseñador de relojes y dominaba el aspecto técnico de la relojería, Emil tenía un gran talento comercial. Fue bajo la batuta de los dos hermanos que la empresa familiar se hizo internacionalmente famosa en todo el continente, especialmente por sus delicados relojes de bolsillo. Entre los modelos más destacables de este periodo se encuentran el reloj del Sultán, que lucía un retrato del emperador Guillermo II en esmalte, y el Grand Complication No. 42500, encargado por Heinrich Schäfer en 1902, que incorporaba las complicaciones de pequeña y gran sonería; repetición de minutos; cronógrafo con contador de segundos “à rattrapante”, “seconde foudroyante” y un contador de 60 minutos, y calendario perpetuo.

Además de estas piezas únicas, delicadamente decoradas y elaboradas con metales preciosos, A. Lange & Söhne también se distinguió por la fabricación de modelos extraordinariamente precisos y de fácil lectura, destinados a acompañar a expediciones científicas o a los pioneros de navegación aérea. Los cronómetros científicos de la marca, sin ir más lejos, destacaban por la regularidad de marcha que le confería el mecanismo de huso y cadena, capaz de proporcionar una fuerza constante al tren de rodaje.

Walter Lange, el hombre que en 1990 hizo renacer la compañía fundada por su bisabuelo.

Walter Lange, con Günter Blümlein, quien fuera su mano derecha en la empresa, ante el monumento dedicado al fundador de A. Lange & Söhne.

Como reconocimiento al papel crucial de A. Lange & Söhne en el desarrollo económico de la ciudad de Glashütte, en 1895 se erigió un monumento en honor a F. Adolph Lange. Siete años después, Emil Lange recibió la Cruz de Caballero de la Legión de Honor francesa por los méritos contraídos al servicio de la relojería, demostrando ser un digno sucesor de su padre. En cuanto a Richard Lange, en 1887 tuvo que abandonar sus responsabilidades al frente de la compañía debido a problemas de salud, pero cuatro años después asumió la dirección de la escuela de Relojería de Glashütte, que tenía un papel crucial en la formación de relojeros para la manufactura. Además, nunca dejó de trabajar en el desarrollo de nuevas soluciones técnicas para perfeccionar la mecánica de sus relojes. Como prueba de ello, en 1931, con 84 años, patentó la que sería seguramente su contribución más importante a la relojería: una nueva aleación, con una pequeña cantidad de berilio, que mejoraba significativamente las prestaciones de las espirales.

La compañía estaba dirigida, desde principios de siglo, por sus sobrinos Otto, Rudolf y Gerhard Lange, quienes tuvieron que hacer frente a periodos tan oscuros como la Gran Guerra, la gran crisis económica de los años 20 y 30, y, sobre todo, la Segunda Guerra Mundial, que tuvo consecuencias nefastas para la compañía. Desde los años 30, A. Lange & Söhne era una de las cinco marcas relojeras encargadas de fabricar los denominados “B-Uhren”, los relojes de observación que llevaban los pilotos de la Luftwaffe, y ello la convertía en un objetivo para las fuerzas aliadas. El 8 de mayo de 1945, justo el día en el que Alemania firmaba la capitulación, el edificio principal de la manufactura fue reducido a cenizas por un bombardeo aliado.

No era la última de las desgracias que le esperaban a la familia Lange. Tras la derrota germana, el este del país quedó bajo control soviético y el nuevo gobierno decidió nacionalizar todas las empresas. En abril de 1948, A. Lange & Söhne se convirtió en una compañía de titularidad pública, y tres años más tarde fue fusionada con otras marcas relojeras de la ciudad para formar VEB Glashütter Uhrenbetriebe.

El renacimiento de Lange

El 31 de agosto de 1990, apenas nueve meses después de la caída del muro de Berlín, se firmó el Tratado de Unificación, por el cual los cinco estados integrantes de la extinta RDA pasaban a formar parte de la República Federal Alemana y adoptaban una economía de libre mercado. Walter Lange, hijo de Rudolf Lange, el último director que había tenido la compañía antes de su nacionalización, vio que era la oportunidad perfecta para dar un nuevo comienzo a A. Lange & Söhne en la ciudad que la había visto nacer.

Nacido en Dresde en 1924, Walter Lange estaba acabando su formación como relojero cuando estalló la guerra y fue llamado a filas. Cuando la empresa pasó a manos del Estado, huyó con parte de su familia a Pforzheim, en la República Federal Alemana, donde trabajó durante años en el sector relojero. Devolver a la vida la manufactura fundada por su bisabuelo era una vieja aspiración para Walter, quien, de hecho, había llegado a producir relojes en Alemania bajo la denominación “A. Lange Pforz-heim”, y más tarde en Biel, con la firma “Lange vorm. Glashütte” (Lange, antiguamente en Glashütte). La reunificación del país, sin embargo, suponía poder hacerlo en Sajonia y en unas condiciones mucho mejores. Por ello, el 7 de diciembre de 1990 registró en Glashütte la compañía Lange Uhren y recuperó los derechos del nombre “A. Lange & Söhne”. Poco después, el negocio empezaba a funcionar con solamente 15 empleados.

Los cuatro modelos fundacionales de la nueva era de la marca, exhibidos delante de una foto de Dresde, la capital de Sajonia.

En un mundo tan competitivo como el de la alta relojería, el reto de Walter Lange era tan grande como el que había protagonizado su bisabuelo 145 años antes, cuando había implantado la relojería en la empobrecida región de los Montes Metalíferos. Por fortuna, el veterano emprendedor contó con la colaboración de Günter Blümlein, máximo responsable de Les Manufactures Horlogères (LMH), que ya había protagonizado el resurgimiento comercial de las firmas Jaeger-LeCoultre e IWC Schaffhausen. Blümlein sería la mano derecha de Lange durante casi dos décadas, hasta su prematura muerte en 2001.

El 24 de octubre de 1994, tras cuatro años de trabajo, A. Lange & Söhne presentó su primera colección de la nueva era, compuesta por los modelos Lange 1, Saxonia, Arkade y Tourbillon “Pour le Mérite”. Estos cuatro modelos definían perfectamente el estilo que caracterizaría a la firma de Glashütte en esta nueva etapa: sobrio y moderno, pero a la vez rico en matices y deudor de la tradición relojera sajona, como demostraba el uso de la platina de tres cuartos, los puentes de alpaca o la decoración artesanal del puente del volante. El Saxonia ofrecía unas líneas puras y elegantes; el Lange 1 destacaba por su esfera asimétrica y por la impresionante indicación sobredimensionada de la fecha, inspirada en el Reloj de Cinco Minutos de la Ópera Semper de Dresde, obra maestra de Johann Christian Friedrich Gutkaes; el Arkade ofrecía un contrapunto más clásico, con su peculiar caja “tonneau”, y, finalmente, el Tourbillon “Pour le Mérite” combinaba, por primera vez en un reloj de pulsera, una regulación por tourbillon y una transmisión de huso y cadena. La primera colección de A. Lange & Söhne obtuvo una cálida recepción y, de hecho, modelos como el Lange 1 o el Saxonia siguen estando entre los más populares de la marca.

En 1997, la firma sajona introdujo el Langematik, su primer reloj automático, que combinaba el carácter sobrio y la pureza de líneas propios de la relojería germana con un movimiento de primer nivel, cuyos acabados podían admirarse a través del fondo transparente. Alimentado por un microrrotor de oro, el calibre L921.2 destacaba por el innovador sistema de parada del segundero Zero-reset, que permitía una puesta en hora más precisa. Solo dos años más tarde, la marca revolucionó el sector con el lanzamiento del Datograph, un reloj que modificaba por completo los estándares de lo que debía ser un cronógrafo manufactura de alta gama. Su esfera, de corte clásico, situaba los dos contadores a las 4 y 8 horas, formando un triángulo equilátero con la gran fecha, ubicada a las 12. Visible a través del fondo de cristal de zafiro, el calibre L951.1 era tan espectacular desde el punto de vista estético como revolucionario desde el técnico, con innovaciones como las agujas saltantes de minutos, que proporcionaban una lectura más exacta.

El modelo Zeitwerk, de 2009, con su espectacular indicación de horas y minutos saltantes.

En el año 2000, el poderoso grupo Richemont adquirió la compañía LMH y, con ella, las tres marcas que poseía: Jaeger-LeCoultre, IWC Schaffhausen y A. Lange & Söhne. Ese mismo año, Lange Uhren también pudo recuperar el edificio histórico de la manufactura, expropiado en 1948, que inauguraría en diciembre de 2001.

Un reloj único  

Desde el mismo momento del lanzamiento del Lange 1 en 1994, las dos inmensas ventanas de la gran fecha, inspiradas en el Reloj de Cinco Minutos de la Semper Ópera de Dresde, se convirtieron en un icono de A. Lange & Söhne. Pero el famoso guardatiempo creado por Gutkaes en 1841 aún podía dar más de sí, y en 2009 los diseñadores de la firma volvieron a inspirarse en él para crear el espectacular Zeitwerk, un modelo que ofrecía una lectura digital de hora y minutos mediante discos saltantes, visibles en dos grandes ventanas. Un pequeño segundero y un indicador de la reserva de marcha completaban una esfera de perfecta simetría.

En 2011, la principal novedad de la marca fue el Richard Lange Tourbillon “Pour le Mérite”, que combinaba la transmisión de huso y cadena con un tourbillon dotado de un sistema patentado de parada del segundero. El elemento más destacable de este reloj era, sin duda, su esfera, inspirada en la del regulador n. 93 del relojero sajón Johann Seyffert (1751-1817). Contaba con tres subesferas descentradas (la de mayor diámetro, la relativa a los minutos) y con una generosa abertura sobre el segundero que permitía admirar la rotación del tourbillon.

El elegante Datograph Flyback y el deportivo Odysseus, que inaugura la línea más nueva de la marca.

El crescendo de la casa de Glashütte en el ámbito de las complicaciones continuó en 2013 con el lanzamiento del Grande Complication, del cual se fabricaron seis ejemplares. El reloj ofrecía las complicaciones de gran y pequeña sonería, repetición de minutos, calendario perpetuo y cronógrafo “à rattrapante” con segundero volante; sin duda, una hazaña técnica al alcance de muy pocas manufacturas.

En 2015, la firma de Glashütte volvió a apostar por la línea Zeitwerk, a la cual incorporó una complicación de repetición de minutos decimal: los martillos anunciaban las horas, las decenas de minutos desde la última hora completa y los minutos.

El 17 de enero de 2017, Walter Lange fallecía a la edad de 93 años. El hombre que había abandonado su retiro profesional para hacer realidad su sueño recibió, una vez más, el reconocimiento unánime del sector y de los amantes de la relojería. Tres años después, coincidiendo con los 175º de existencia de la manufactura, A. Lange & Söhne inauguraría el Memorial Walter Lange en Glashütte, a pocos metros del monumento erigido en honor de su bisabuelo Ferdinand Adolph Lange.

En 2020, la firma sorprendió a propios y extraños con el lanzamiento de la línea Odysseus, que ofrecía una imagen netamente deportiva. Dotado de unas líneas más angulosas que el resto de modelos de la marca, el Odysseus era también el primer reloj de A. Lange & Söhne con caja de acero, así como el primero resistente al agua. Su esfera, en cambio, no dejaba lugar a dudas sobre la procedencia sajona del reloj. En esta ocasión, la doble ventana de gran fecha se acompañaba de un indicador del día de la semana, que otorgaba una simetría perfecta al dial.

Las novedades presentadas por A. Lange & Söhne este año, entre las que destaca el Lange 1 Perpetual Calendar, demuestran que la firma de Glashütte tiene perfectamente claro su lugar en el mercado relojero, y que posee la receta para seguir ocupándolo durante décadas. 176 años después de la fundación de la marca, el sueño de Ferdinand Adolph Lange es una realidad indiscutible, y la pequeña ciudad de Glashütte, con apenas 7.000 habitantes, se ha convertido en una de las capitales indiscutibles de la alta relojería.

Más información en: www.alange-soehne.com

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