Audemars Piguet 

Royal Oak “Jumbo” Extraplano Esqueleto

A corazón abierto

Por Ernest Valls

La Manufactura de la Haute Horlogerie suiza Audemars Piguet celebra el 50º aniversario de uno de los iconos de la relojería contemporánea con una nueva generación del Royal Oak “Jumbo”, de la que destacamos la versión esqueleto.

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orría el mes de abril de 1972 y los nervios estaban a flor de piel en los pasillos de la manufactura de Audemars Piguet. La feria de Basilea estaba a punto de abrir su cita anual, en la que se presentarían las novedades del sector, y la firma de Le Brassus iba a estrenar su gran novedad: un reloj de lujo, de carácter deportivo y con caja de acero –a precio de oro–, una amalgama variopinta de adjetivos para un solo reloj. Cincuenta años más tarde, nadie pone en duda que el Royal Oak es todo un referente de la relojería contemporánea y, posiblemente, uno de los modelos que ayudó a tomar la medida a la “crisis del cuarzo”.

Audemars Piguet lo celebra con una nueva generación del Royal Oak “Jumbo”. Los nuevos modelos mantienen los 39 milímetros del original, incorporan un nuevo calibre manufactura de carga automática –y extraplano– y se presentan en una variada paleta de colores de esfera y materiales de caja. Entre ellos, encontramos una versión con caja de acero inoxidable y otra con caja de oro rosa de 18 quilates (referencia 16204) que dejan al descubierto el enorme corazón que late en su interior.

El Royal Oak «Jumbo» Extraplano Esqueleto, disponible en acero inoxidable y oro rosa de 18 quilates, festeja el
50 aniversario del Royal Oak con un nuevo movimiento automático esqueleto, el calibre 7124; una masa oscilante «50 aniversario» específica y una estética elegante con una mezcla de tradición y vanguardia. 

Esqueleto: una complicación en sí misma

El esqueletado de un movimiento consiste en extraer todo el material posible de la platina y los puentes sin incidir, en modo alguno, en su funcionalidad y prestaciones. El proceso es más complejo de lo que pueda parecer en un principio, por lo que realizar el esqueletado en un movimiento se considera una complicación en sí mismo. Para lograr un resultado impecable hay que llevar de la mano la estética y la mecánica. La estética, para conseguir un impacto visualmente atractivo que nos haga olvidar la necesidad de disponer del colorido de una esfera. La mecánica, para mantener la rigidez del conjunto y para que las fuerzas de los diferentes componentes no provoquen deterioros que menoscaben las prestaciones cronométricas. Además, debe lograrse un equilibrio tal de tonalidades que permita una fácil lectura de las agujas horarias, metálicas, por encima de la platina superior, también metálica.

En el caso de la versión de acero inoxidable, se consigue mediante el contraste de las agujas de oro rosa con el rodiado a juego de las platinas. La versión de oro rosa opta por un movimiento con acabado gris pizarra que contrasta con las agujas, también de oro rosa. La buena lectura de la posición de las agujas está garantizada por un bisel inclinado interior sobre el que se aplican, en voladizo, los índices horarios en oro rosa. Tanto las agujas como los índices incorporan, en su zona central, un revestimiento luminiscente que permite una buena lectura en condiciones de baja luminosidad ambiente.

Esfera de oro amarillo ahumada con motivo “petite tapisserie” antes de colocarla sobre el calibre 7121.

La referencia 16202 va equipada con el nuevo calibre manufactura 7121, que destaca por sus dos puentes –uno en el barrilete y otro en el volante– y por el rotor conmemorativo del 50 aniversario.

Los dos modelos incorporan el calibre extraplano de cuerda automática 7124, manufactura. Se trata de la versión esqueleto y sin indicación de la fecha del 7121 que lucen los modelos con esfera y con la referencia 16202. Ambos calibres se han desarrollado en paralelo, lo que implica que la posición y la geometría de los diferentes sistemas y componentes se han concebido meticulosamente desde su inicio. De esta forma se consigue un diseño esqueleto que cumple perfectamente con la dualidad de ofrecer una armonía visual sin renunciar a la robustez y las prestaciones cronométricas. Desarrollar el calibre desde un boceto en blanco permite una arquitectura en la que destacan los dos puentes gemelos: uno para la sujeción del conjunto volante/espiral y otro para la sujeción del barrilete. El rotor central de ambos calibres, soportado mediante un cojinete de bolas y de carga bidireccional, es inédito, ya que está troquelado con el número “50” en alusión al aniversario del modelo.

El calibre 7124, como es lógico, es ligeramente más delgado –2,7 milímetros frente a los 3,2 del 7121–, incorpora menos rubíes –31 frente a 33– y componentes y tiene dos horas más de reserva de marcha –57 frente a 55–. El sistema regulador late a una frecuencia de 4 Hz, que equivalen a unas rápidas 28.800 alternancias por hora.

Versión de oro rosa, con esfera gris ahumado, y versión de platino, con esfera verde ahumado.

Esferas de colores

Las versiones esqueleto no son las únicas con las que Audemars Piguet celebra el 50º aniversario de la presentación del Royal Oak. La nueva referencia 16202 acoge un surtido colorido de esferas a juego con el material escogido para la realización de la singular caja del Royal Oak.

La caja es una de las señas de identidad de todo Royal Oak. Está constituida de tres cuerpos: bisel, carrura y fondo. Los tres cuerpos se sujetan entre sí mediante los ocho tornillos pasantes que los atraviesan. Cada tornillo consta de un tubo, con rosca interior y cabeza hexagonal, que es la parte que se coloca desde arriba, y un tornillo propiamente dicho, de cabeza redonda con ranura central que se coloca desde abajo. Entre bisel y carrura, y entre fondo y carrura, una junta garantiza la perfecta estanqueidad del conjunto.

Otro de los rasgos distintivos de este modelo se encuentra en el brazalete integrado a la caja. Consta de unos eslabones horizontales, cuyo largo disminuye a medida que se alejan de la caja, y de otros más pequeños y verticales que actúan como elementos de unión. Su acabado, satinado con un marcado cepillado vertical, contrasta con el biselado y pulido de los cantos.

La manufactura de Le Brassus ha presentado cuatro esferas diferentes a juego con el material constructivo de la caja. Para la versión de acero inoxidable se ha elegido una esfera “bleu nuit, nuage 50” con motivo “petite tapisserie”. La versión de oro rosa de 18 quilates incorpora una esfera gris ahumado con motivo “petite tapisserie”. La versión de oro amarillo de 18 quilates se presenta con una esfera de oro amarillo ahumado con motivo “petite tapisserie”. La versión de platino 950 se ofrece con una esfera verde ahumado, con motivo “rayos de sol”.

En el interior de todos ellos late el mismo movimiento el 7121 de cuerda automática, un calibre manufactura de Audemars Piguet que viene a substituir al tradicional 2121 que equipó el primer Royal Oak en 1971 y que ha sido el calibre de referencia para la colección.

Versión de acero inoxidable con esfera “bleu nuit, nuage 50”, y versión de oro amarillo con esfera de oro ahumado.

Hace 50 años…

Como suele pasar en el mundo de la relojería, la historia que se encuentra detrás de una marca o de un modelo da para escribir todo un libro y, en ocasiones, hasta más de uno. Además, también es habitual que el nacimiento de un nuevo modelo responda a las condiciones de la época, por lo que, a la vez que su propia historia, también contiene la historia, no sólo de la marca, sino del momento relojero que lo vio nacer. El Royal Oak no es una excepción a esta norma, y sirve a la vez para explicar la situación relojera del momento, así como de la propia manufactura.

Hacia 1970 Audemars Piguet acababa de experimentar los 20 años de mayor crecimiento en su historia de casi un siglo. En dos décadas pasó de 35 a 84 empleados, multiplicó su producción por 10 y consiguió una producción de 5.500 relojes al año, y su facturación se acercó a los 10 millones de francos suizos. La manufactura estaba en manos de la segunda y la tercera generación de la familia, y Georges Golay ocupaba el puesto de director general.

El aumento de la producción exigió un replanteamiento de la distribución, habida cuenta de que la empresa todavía tenía un tamaño modesto y su ubicación, en un pequeño pueblo de montaña, no era propicia para un desembarco internacional. Sin embargo, Georges Golay encontró una alternativa interesante: crear un convenio con el gigante relojero del momento. Nos referimos a la “Société Suisse pour l’Industrie Horlogère”, que no era otra cosa que el embrión de lo que hoy es el Swatch Group. La SSIH (que no debe confundirse con el ya extinto Salón Internacional de la Alta Relojería de Ginebra, más conocido por sus siglas en francés SIHH), capitaneada por Tissot y Omega, tenía un modelo de distribución a partir de agentes locales. El acuerdo se firmó en febrero de 1969 y permitía a Audemars Piguet utilizar la red de agendes de la SSIH, si bien mantenía su completa independencia en términos de capital y fabricación. A las puertas de la apertura de la feria de Basilea de abril de 1970, Georges Golay conocería a tres de sus nuevos agentes, Carlo de Marchi (Italia), Charles Bauty (Suiza) y Charles Dorot (Francia), quienes, según cuenta la leyenda, lo desafiaron a que diseñara un reloj de acero “nunca antes visto”, deportivo y elegante en espíritu.

Boceto de Royal Oak, en el que se vislumbran sus principales señas de identidad: bisel octogonal con ocho tornillos de cabeza hexagonal y brazalete integrado a la caja.

Para solventar el desafío, Georges Golay telefoneó al diseñador de origen italiano Gérald Genta, que tenía 38 años. Si bien había realizado algunos diseños para Audemars Piguet y había creado el Pole Router para Universal (1954) o una revisión del Constellation para Omega (1959), todavía quedaban algunos años para la creación del Nautilus de Patek Philippe (1976), la revisión del Ingenieur de IWC (1976) o el diseño del Bulgari Bulgari (1977). Gérald Genta cuenta, en una entrevista, que Georges Golay le llamó diciendo “Sr. Genta, tenemos una empresa de distribución que nos ha pedido un reloj deportivo en acero que nunca se haya hecho antes, y necesito el boceto de diseño para mañana por la mañana”. Gérald Genta añade que entendió “un reloj cuya resistencia al agua nunca se haya hecho antes”. Este malentendido fue esencial a la hora de configurar el boceto del reloj, ya que Gérald Genta dijo inspirarse en los cascos de los buceadores profesionales, con sus pernos de sujeción. El boceto ya incluía la personalidad de lo que sería el Royal Oak: bisel con ocho tornillos de cabeza hexagonal pasantes, brazalete integrado con eslabones intermedios, esfera azul cobalto con una decoración “guilloché” e índices aplicados de tipo bastón. La forma octogonal del bisel se debió a la necesidad de incorporar los ocho tornillos de cierre. ¡Todo ello en una noche!

La personalidad del Royal Oak “Jumbo” se ha mantenido a lo largo de estos 50 años, si bien con ligeras variaciones estéticas.

Esquema constructivo de detalle de la primera referencia del Royal Oak 5402, de 1971.

El nombre de Royal Oak vino bastante después. En mayo de 1971, el nuevo reloj octogonal de Audemars Piguet recibió un nombre provisional: Safari. En septiembre de ese año no estaba claro el nombre que tendría; entre otros, se barajó “Grand Prix”, “Diane, Surfrider”, “Colorado”, “Kilimanjaro”, “Canyon”, “Ascot”, “Yale”, etc. Tenía que ser un nombre que evocara deporte, espacios abiertos o masculinidad. No fue hasta diciembre, cuando el nombre Royal Oak apareció en los archivos de la marca. Los testigos de la época aluden a que fue el agente italiano, Carlo de Marchi, quien ideó el nombre, que hacía referencia a los buques de guerra Royal Oak de la Marina Real Británica, que a su vez tomaban el nombre del roble bajo el que se cobijó el monarca inglés Carlos II de las tropas de Cromwell. En definitiva, el nombre “Royal Oak” abre la puerta a innumerables interpretaciones, con connotaciones de batallas, la conquista de los océanos, tesoros escondidos en cajas fuertes, reyes en peligro, armaduras, nobles… un nombre abierto al mundo y rebosante de historias.

El Royal Oak fue una apuesta arriesgada para una época en que no se concebía un reloj de lujo fuera de una caja de oro. También su tamaño, 39 milímetros de diámetro, se antojaba grande (de ahí la denominación de “Jumbo”) para los cánones estéticos que imperaban en el momento. Además, el mundo relojero suizo estaba a las puertas de sumirse en su mayor crisis, la del cuarzo. Sin embargo, la apuesta salió ganadora y el reloj se convirtió en todo un revulsivo para la manufactura Audemars Piguet, a quién ayudó, sin lugar a dudas, a recorrer con éxito la ardua travesía en el desierto que se avecinaba.

Más información en: www.audemarspiguet.com

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