Los que rompen las olas serán recordados

Daniel Nicols
www.nicols.es 

Estoy a 10.000 pies de altura y, aunque sigo soñando con pertenecer al Mile High Club, cada vez me siento más diferente. Después de leer un libro durante unas horas me he levantado a estirar las piernas. La cabina, aunque a oscuras, parece una discoteca de luces que salen de las pantallas donde la mayoría de pasajeros, como lobomotizados, ven películas. Aunque Apple Watch es el “reloj” predominante, los dos hispanoamericanos con los que comparto las filas centrales lucen relojes Cartier: un Tank y un Ballon Blue. Aún hay esperanza… 

Observo que solo una de entre unas 200 personas que van en turista está leyendo, y soy yo. Solo el 0.1% del avión está leyendo. En ese momento, escucho “¡ya me he visto dos películas!”, como si aquí ganara el que más películas ve, y pienso “yo no he visto ninguna, pero sí me he leído un libro, aunque mis padres tuvieran que ponerme clases de refuerzo de la asignatura de lengua para aprender a leer”. 

Creo que algo ha cambiado en mí en los últimos años; he tomado riesgos, he dicho mi opinión y me he equivocado muchísimas veces, pero, lo que es mejor, he aprendido a romper el silencio de los “retailers” subyugados, a criticar constructivamente lo que no me gusta y a alabar lo que creo que es un acierto; a pedir perdón y decir “me equivoqué”. Lo que es evidente es que los únicos que serán recordados son los que rompen las reglas. 

Vuelvo a casa de hacer “trabajocio” en Miami; además de visitar a familia y amigos, he estado en la presentación mundial de un reloj que creo puede ser un bombazo entre los más jóvenes: un Maurice Lacroix Aikon de cuarzo, cuya caja es de plástico reciclado de botellas recogidas del mar y me recuerda al TAG Heuer Formula Uno que se lanzó en los ochenta y que conquistó el corazón de los intrépidos corredores de coches; un reloj que me hizo amar a TAG Heuer, aunque hoy poco puedo hacer más que criticarla.  

En el avión me preguntaba, ¿volverá a cambiar la industria de la relojería un reloj de cuarzo y de plástico como Swatch en los 70? ¿O lo ha hecho ya el Apple Watch?

Nada más aterrizar, me encuentro con el lanzamiento del nuevo Omega Swatch MoonSwatch, que ya lo ha cambiado todo, nos guste o no. Por mucho que me digan que la historia se repite, la vida tiene una gran habilidad para sorprendernos y hacer que pase algo que tire por tierra todas las estimaciones y proyecciones basadas en lo que aprendimos en el pasado, y este lanzamiento es un claro ejemplo de ello.

De nuevo, Swatch ha sorprendido a todos con el lanzamiento de una colección Moonwatch, cuyas filtraciones lo han convertido en la mejor maniobra de marketing desde el nacimiento del Apple Watch. Una colección que me parece preciosa y me ha encantado, pero que al fin y al cabo es de un material amorfo llamado “bioceramic” que, según las malas lenguas, destiñe. Un reloj que no se puede arreglar, que es de cuarzo y que ha quebrado los esquemas del mercado gris, ya que cuadruplica su precio, aunque pronto lo podrá comprar en las tiendas… Swatch ha roto las reglas y ha cambiado las reglas del juego, al menos para el futuro cercano, y estoy seguro que veremos a más marcas saliendo del tiesto y copiando a Swatch, Omega y Maurice Lacroix.

Mientras tanto, aunque pueda parecer increíble, nuestra industria sigue creciendo en valor, pero también es cierto que hay dos industrias: una es la que subsiste reduciendo costes al máximo, sobretodo en Europa, por mucho que hablen maravillas los bancos de inversión como Morgan Stanley (bancos que, si te lees la letra pequeña, parece que pueden tener intereses en empresas del sector como LVMH o Breitling, y quizás por ello se meten tanto con el grupo Swatch, cuyas marcas, sin embargo, se han convertido en estandarte de la buena relación calidad-precio); la otra es la que se basa en inversiones especulativas, y ahora que va mejor que nunca, debe ser lo suficientemente humilde, más amable y menos ostentosa, ya que, aunque, como he dicho anteriormente, la historia no siempre se repite, sí nos ha enseñado en el pasado que, cuanto más corto es el plazo de venta y reventa, más cerca estás del estallido de la burbuja. Esto ha pasado anteriormente en el crack de las “puntocom” y en la crisis inmobiliaria de los Estados Unidos, donde nacieron los “flippers” y la técnica conocida como “flipping”, cuando el número de casas que se vendían en más de una ocasión en menos de un año se multiplicó por cinco. 

Por todo ello hay que pensar a qué jugamos con los relojes: al cortoplacismo “Flipper”; al muy largo plazo, donde los relojes que se mantengan fieles a su esencia serán, sin duda, una gran inversión, o a romper las reglas. El tiempo nos dirá quiénes serán los que marquen la diferencia. 

Comentarios y sugerencias: club@maquinasdeltiempo.com

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